InspirARTE
MACRO SELECTA
Escribe: Marcelo López
Pinta: Cecilia Testa
Escribe: Marcelo López
Pinta: Cecilia Testa
Palabras: NOCHE-PAZ-DIFERENTE-TRAVESIA-SEDUCCION-CREAR-
La de ayer
fue una noche diferente, empezó como todas las del pueblo en los últimos 20
años o los últimos de los que tengo memoria. Aburridas, vagas, secas, sin nada
que las distinga una de otra como en una consecución de noches oscuras, de
finales de días que terminan inexorables y que resultan uno tras otros en pasar
el tiempo o dejar que se vaya pasando incontenible como un rio, una catarata.
Aca, en el pueblo este, el tiempo no pasa, el tiempo te arrolla, te pasa por
encima sin que te des cuenta y te seca por dentro, te va matando como un
veneno, sin que lo sientas, como un veneno que de una u otra forma te va a
matar.
La de ayer fue una noche diferente, salí decidido a ir a algún lado, a otro lugar aunque sea para poder escaparme de eso que sentía que me ahogaba. Fui hasta la casa de Raúl, golpee, rápido salieron los perros a ladrarme, los espante con un grito y un par de golpes al piso. No escuche sonido alguno, volvi a gritar su nombre. ¡Raúl! . Nada, los perros me volvieron a ladrar pero mas timidos ahora, desconfiados, mirándome de reojo. No salio nadie, no se prendio ni una luz, no se movio mas que la tierra, el polvo y alguna planta. Segui camino hasta lo de Pedro. Lo mismo ahí, un par de gritos, el nombre de mi amigo. ¡Pedro!... ¡Pedro! Nada, podrían haber salido los perros pero no se donde habrían quedado, una luz tenue se movia despacio adentro y eso me dio la esperanza de que Pedro saliera. Fue solo una casualidad mezclada con el viento y vaya a saber que cosa. Pedro no estaba, tampoco Lorena la mujer y ninguno de sus 3 hijos. Grité el nombre de todos, desde el otro lado del alambrado. Me rendi después de un tiempo. Por un instante no supe que hacer a donde ir. Levante la vista y la noche estaba cerrada, no había luna, no la merecíamos seguramente. EL viento era apenas una brisa pero se movia constante, traía el sonido de otras cosas, el ladrido de los perros, algún pájaro y esa cosa extraña que se forma en la travesía por el aire de los sonidos distorsionados que se juntan como en un embudo y producen un murmullo inteligible que se convierte en un fondo sostenido. Pensé que no me había dado cuenta de eso y de otras cosas, también. Camine un poco mas por la calle, la única calle del pueblo, la única por donde entramos, por donde salimos, por donde pasan y pasamos todos, por donde, al mismo tiempo, nunca sucede nada. Hablando con mis amigos, con la gente que me rodeo desde siempre me di cuenta de que había una poderosa seducción en la idea de salirme de esa historia, de alejarme de todo eso, de tratar de que el tiempo no me pasara sino de ir juntos, de correr una carrera, que sabía que iba a perder antes de empezar, pero que corriéndola al menos por un rato me daría la ilusión de vencerla. A veces la idea de competir, aunque sepamos que no ganaremos nunca, es suficiente para creernos por un momento a la altura de la circunstancia.
La de ayer fue una noche diferente, salí decidido a ir a algún lado, a otro lugar aunque sea para poder escaparme de eso que sentía que me ahogaba. Fui hasta la casa de Raúl, golpee, rápido salieron los perros a ladrarme, los espante con un grito y un par de golpes al piso. No escuche sonido alguno, volvi a gritar su nombre. ¡Raúl! . Nada, los perros me volvieron a ladrar pero mas timidos ahora, desconfiados, mirándome de reojo. No salio nadie, no se prendio ni una luz, no se movio mas que la tierra, el polvo y alguna planta. Segui camino hasta lo de Pedro. Lo mismo ahí, un par de gritos, el nombre de mi amigo. ¡Pedro!... ¡Pedro! Nada, podrían haber salido los perros pero no se donde habrían quedado, una luz tenue se movia despacio adentro y eso me dio la esperanza de que Pedro saliera. Fue solo una casualidad mezclada con el viento y vaya a saber que cosa. Pedro no estaba, tampoco Lorena la mujer y ninguno de sus 3 hijos. Grité el nombre de todos, desde el otro lado del alambrado. Me rendi después de un tiempo. Por un instante no supe que hacer a donde ir. Levante la vista y la noche estaba cerrada, no había luna, no la merecíamos seguramente. EL viento era apenas una brisa pero se movia constante, traía el sonido de otras cosas, el ladrido de los perros, algún pájaro y esa cosa extraña que se forma en la travesía por el aire de los sonidos distorsionados que se juntan como en un embudo y producen un murmullo inteligible que se convierte en un fondo sostenido. Pensé que no me había dado cuenta de eso y de otras cosas, también. Camine un poco mas por la calle, la única calle del pueblo, la única por donde entramos, por donde salimos, por donde pasan y pasamos todos, por donde, al mismo tiempo, nunca sucede nada. Hablando con mis amigos, con la gente que me rodeo desde siempre me di cuenta de que había una poderosa seducción en la idea de salirme de esa historia, de alejarme de todo eso, de tratar de que el tiempo no me pasara sino de ir juntos, de correr una carrera, que sabía que iba a perder antes de empezar, pero que corriéndola al menos por un rato me daría la ilusión de vencerla. A veces la idea de competir, aunque sepamos que no ganaremos nunca, es suficiente para creernos por un momento a la altura de la circunstancia.
Camine la
calle oscura y vacia con la idea de que un poco de paz me vendría bien, no la
paz de los cementerios, no la paz de la meditación, del tibet, de la madre
teresa de Calcuta ni de Ghandi. Una paz mas simple y mundana, una paz berreta
quizás pero una paz que solo se gana alejándose.
Camine la
calle oscuro, el viento suave y firme, la tierra suelta de tanta sequia y me
acerque hasta otra casa, era la de Ernestina. Me pare en la puerta mirando
hacia la casa, esperando
algo que no
podía precisar. No dije su nombre, no la llame, no tenia sentido, estaba seguro
de que tampoco estaría ahí. Podria haber pensado en crear alguna otra forma de
explicarme alguna otra forma de sacar afuera eso que sentía durante tanto
tiempo. Esa necesidad de salirme de lo de siempre.
La de ayer fue una noche diferente. Desde que Sali de casa con la pistola cargada supe que iba a ser distinta, fui pasando por cada uno de mis vecinos, llamándolos por su nombre, esperando que salieran y encargándome de que las balas fueran lo mas precisas posibles. Los perros ladraban, inexorablemente, jamas podría hacerle daño a un perro, a una abeja, a una flor, no soy un asesino. Fui recorriendo la calle principal hasta llegar aca, al final. Mario, Cesar, Lucas, Vidon, Nestor, Yanina, Maria, Paula… no eran muchos, afortunadamente. Fui cumpliendo uno a uno. Los últimos parece que escucharon los ruidos, los gritos de algunos (muy pocos), los lamentos de otros (varios pero apenas audibles) porque huyeron. Fue en vano llamarlos, gritarles, ya habían huido. De todas formas la misión se había cumplido.
La de ayer fue una noche diferente. Desde que Sali de casa con la pistola cargada supe que iba a ser distinta, fui pasando por cada uno de mis vecinos, llamándolos por su nombre, esperando que salieran y encargándome de que las balas fueran lo mas precisas posibles. Los perros ladraban, inexorablemente, jamas podría hacerle daño a un perro, a una abeja, a una flor, no soy un asesino. Fui recorriendo la calle principal hasta llegar aca, al final. Mario, Cesar, Lucas, Vidon, Nestor, Yanina, Maria, Paula… no eran muchos, afortunadamente. Fui cumpliendo uno a uno. Los últimos parece que escucharon los ruidos, los gritos de algunos (muy pocos), los lamentos de otros (varios pero apenas audibles) porque huyeron. Fue en vano llamarlos, gritarles, ya habían huido. De todas formas la misión se había cumplido.
La de ayer
fue una noche diferente. La primera en mucho tiempo que disfrute
verdaderamente.
