InspiradosEnCasa 2da. Edición
10/04/20
de abril de 2020
Escribe: Luisa
María Ahumada
Pinta: Cecilia
Testa
Tema: Una copa
vacía
Vacíos
Te miré por encima de la copa vacía.
Yo quería que me sirvieras un poco más para seguir ahí, para que no se nos
agotara la oportunidad de una próxima palabra. Pero tus ojos estaban puestos en
el papelito que manipulaban tus dedos. De esos como irrompibles que traen las
botellas, que se pueden doblar y volver a abrir y doblarse otra vez. Vos
jugabas así como a veces lo hacés conmigo.
Inhalé fuerte, como queriendo meter en
mi suspiro hasta tu aire.
Te miré por encima de la copa vacía.
Quería seguir hablando de lo que nos pasa o de lo que ya no. Ese silencio de
ese último momento es el que antecede a las decisiones importantes y yo quería
saber más, pensar más, hablar más. Pero vos estabas empeñado en darle otra
forma a ese papel diminuto entre tus manos que podías manejar a tu antojo. Vos
seguías jugando como siempre para acomodar todo a tu medida.
Exhalé fuerte, como queriendo soltar
todos los secretos de mi pulmón.
Te miré por encima de la copa vacía.
Pero se nos habían agotado los temas y las maneras de narrarlos. Alguno de los
dos ya lo había dicho todo y otro ya no quería escuchar nada. Ninguno de los
dos sabía ya si lo importante había sido dicho. Y el silencio nos ardía con el
peso de lo desechable, de lo que sobra, de lo que no alcanza. Vos jugabas con
el esfuerzo de acomodarlo todo para el bien de los dos.
Suspiré. Se quebró el aire.
Te miré por encima de la copa vacía.
Yo quería que me sirvieras un poco más para seguir ahí. Quería continuar hablando
de lo que nos pasa o ya no. Pero se nos habían agotado los temas. Te miré. Y
moviste el brazo derecho hasta la botella. Tu gesto era mi salvación pero el
final ineludible: te diste con la sorpresa de que la botella estaba vacía. O
no. Quizás vos ya lo sabías y fue tu forma de terminar. Ahora se nos habían
terminado los temas y el vino. Suspiré. Y tu mano siguió un poco más allá hasta
alcanzarme. Se nos habían acabado las palabras y algo para rellenar las copas
pero no las caricias. Tenía una esperanza. Te miré por encima de la copa vacía
pero vos no me miraste y al ritmo de tu mano sobre la mía se movió tu cabeza
como negándolo todo. Corriste la silla y te fuiste sin mirarme. Sobre la mesa
quedó una pregunta, la que yo no había podido responder. Y así, quedaron retumbando
en una copa vacía las palabras que callé.
No hay comentarios:
Publicar un comentario