InspirARTE
2019
Banco Macro – Rio Cuarto
Banco Macro – Rio Cuarto
30 de Mayo
2019
Escribe: Daniela Kaplan
Pinta: Pam Fir
Escribe: Daniela Kaplan
Pinta: Pam Fir
Palabras:
ALAS – AMOR – BIENVENIDOS – ARMONÍA – ÁRBOL
“Abogada”.
“¿Quién me mando a ser abogada?” Eso fue lo que me pregunté después que Julieta
saliera de mi despacho. Después de unas tres horas -de reloj- en los que tuve que
escucharla hablar de su ex marido, padre de su único hijo Benjamín. Habló y
habló y habló de todo menos de AMOR. Me contó que tenía el record guiness en
cuernos y estaba dispuesta a ir “con todo” contra su ex marido. “Con todo”: Así
dijo con toda su ira y con toda la fuerza que, me pareció, salió de sus tripas.
Y yo quedé…. ¡para clase de yoga!
Esto fue un
viernes, divina manera de comenzar un fin de semana. Después de algunos años de
ejercicio de la profesión fui aprendiendo a percibir a mis clientes y a
reconocer a “los intensos” y, con todo el respeto que la señora merecía, me di
cuenta que éste iba a ser un caso “intenso”. Me conmovió parte de su historia
pero el caso iba a requerir de mucha paciencia. La señora estaba llena de
bronca y con ella iba a ser muy complejo avanzar. Me fui pensando si tomar o no
el caso. Cuando Julieta se estaba yendo me pidió mi número de celular y… se lo
di. No alcancé a llegar a la cochera a donde debía retirar mi auto que mi
celular estaba sonando. Era Julieta, se había olvidado de contarme la séptima
mujer con la que había descubierto a su ex marido. En fin. Debía tomar la
decisión. Acordamos que al próximo lunes nos volvíamos a contactar. Me costó desconectarme del caso. No por ella
ni por su ex marido, “el infiel” sino por ese niño, hijo de ambos, que estaba
de algún modo sufriendo esta guerra que relataba Julieta. Para mí todo
niño merece un hogar en el que se
respire ARMONÍA y, sin dudar, este niño lejos de respirar este aire.
Sábado. Sol
radiante. Desayuné y me fui al parque dispuesta a caminar. Auriculares, música
y empecé a dar la primera vuelta. A los pocos metros vi una sombra. Era un
hombre frente a un ÁRBOL. Si, ya se lo que estas pensando pero… no no no.. .él
señor estaba haciendo otra cosa a la que vos imaginás. El señor jugaba. Jugaba
a las escondidas con un niño. Morí de ternura. El niño en su mano tenía un juguete.
Era un pájaro, un pájaro de tela y sin
ALAS. Me enterneció la imagen que vi, me llevó de viaje, un viaje hacia mi
infancia. Tal vez, mi corazón pedía regresar a mi niñez, a esos momentos en los
que no tomamos decisiones importantes y en los que solo nos disponemos a jugar.
Miré su pájaro y me pregunté a dónde habrán volado sus alas. Y volé. Caminé
soñando despierta y me encantó mi sueño. Mi energía cambió por completo. Me
olvidé de Julieta y me olvidé de toda la semana. Así pasó un fin de semana
precioso. Me desconecté del celular absolutamente hasta el domingo. Cuando lo encendí
tenía ocho mensajes de texto, dos mails, quince notificaciones de whatsapp y….
¡todos de Julieta!
Lunes 10 am.
Mi secretaria me avisa que Julieta espera en la sala. No tenía cita pero ella
“cayó”. Yo tenía una audiencia a las 11 y no tenía mucho tiempo para recibirla.
Sin pensarlo prácticamente le pedí a mi secretaria que le informe que el caso
era aceptado. Le pedí también que le explique a Julieta que íbamos a pedir una
audiencia con la asesora de familia y los pasos a dar.
Todo fluyó y
el día de la audiencia se aproximaba. La audiencia había sido fijada para un 10
de marzo a las 10 de la mañana. Pensé si el ex marido comparecería o no. Pensé
en cómo Julieta iba a comportarse con tantas demandas que llevaba. Eran muchas:
cuota alimentaria, régimen de visita, tenencia. Reclamaba daños y perjuicios y
un montón de cuestiones más. Imaginé que
la audiencia, de realizarse, iba a llevar un montón de horas de turbulencias y
desencuentros para que, posiblemente, no lleguemos a un acuerdo. Reservé ese
día de audiencia para no hacer mucho más. Perdón, para la audiencia y para
tomar mi clase de yoga al final del día y con ella apagar la mente.
10 de marzo,
9:50 am. Nos encontramos en la sala de audiencia. Julieta, miembros de la
asesoría y yo. Esperábamos “al infiel” y apareció él. Me quedé muda,
paralizada, sin poder emitir sonido alguno. Julieta no comprendía. Me miró.
Solo pedí retirarme unos minutos al baño. Era él. El señor del parque, el que
se escondía atrás de un árbol para que el niño no lo vea. Para jugar. Era el
papá del niñito que jugaba con un pájaro sin alas y el que me había llevado a
volar. Al salir me encontré con la asesora de familia. Por algún motivo,
impensado e improbable, Julieta y su ex marido quedaron solos en la sala de
audiencia. Cuando advertí esta situación me preocupé. Me imaginé a Julieta
agarrar de los pelos a su ex marido, de los pelos de veras. Alcancé a
explicarle esta situación a la asesora: “vamos doctora, vamos rápido” me dijo
la asesora. Entramos con la asesora diciendo “BIENVE…” pero no alcanzó a
terminar la palabra, no alcanzó a decir “BIENVENIDOS”…. Ellos estaban ahí,
lejos de estar agarrándose de los pelos estaban abrazados, besándose cual
quinceañeros y… no te cuento mucho más…. Con la asesora nos retiramos de la
sala y…. al final… ¡Te lo dejo a tu imaginación!
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