Aquí algunas de las imágenes de la noche mas creativa de Villa Allende y en los post que siguen los relatos que se crearon.
jueves, 28 de marzo de 2019
InspirARTE en Sushi and ART de Villa Allende
El viernes 22 de Marzo estuvimos invitados en el primer evento de Sushi and Art organizado por Mariana Gonzalez. En esta ocasión los escritores fueron los creadores de InspirARTE, Daniela Kaplan y Marcelo López con la participación como invitado de Luis Carranza Torres. Esta vez la modalidad fue distinta. Cada uno de los asistentes,al llegar, escribió una palabra en una papel y cuando tuvimos todos los papeles juntos y completos los repartimos aleatoriamente entre los tres escritores participantes con la consigna de que debían escribir un relato o historia que contuviera TODAS esas palabras. El resultado fue sorprendente como siempre.
Aquí algunas de las imágenes de la noche mas creativa de Villa Allende y en los post que siguen los relatos que se crearon.
Aquí algunas de las imágenes de la noche mas creativa de Villa Allende y en los post que siguen los relatos que se crearon.
miércoles, 27 de marzo de 2019
Nudo - Improvisacion de Daniela Kaplan en Sushi and Art
PALABRAS DEL PUBLICO:
NUDO – COLIBRÍ – VIAJES – FUEGO – LUZ – SOLTAR – BÚSQUEDA – BELLEZA- VIDA
NUDO – COLIBRÍ – VIAJES – FUEGO – LUZ – SOLTAR – BÚSQUEDA – BELLEZA- VIDA
Se repartieron las palabras y…. NUDO… esa fue la primera palabra que leí. Y “ella” inmediatamente vino a mí. ¿Quién es ella? Te voy a contar. Mi auto estaba sucio, muuuy sucio. La cuestión es que aunque prefería quedarme en la pileta allá fui. Al lavadero. Dejé el auto y mientras esperaba tomé un café en el centro comercial a donde está ubicado el lavadero. Lo hice leyendo. Se estaba haciendo la hora para retirar mi auto y recordé que no tenía más líquido para limpiar mis lentes de contacto. Pagué mi café y a la farmacia me fui. Entré. Tres personas detrás del mostrador y tres éramos también las que nos dispusimos a esperar ser atendidas. Esperar… y pasó un minuto, dos, tres… estaba siendo atendida la primera de las tres. Las otras dos nos miramos. Nos entendimos, la espera era demasiada. “Ella” dijo, si mal no recuerdo, algo así como que cuando los clientes van por obra social demoran más… bueno, ¡al fin! me atendieron. Pedí el líquido que necesitaba, compré otro por que no estaba el que acostumbro a comprar y pasé a la caja. Otra espera divina. A los pocos minutos se paró a mi lado, en la fila, “ella”. El farmacéutico se acercó y en el mostrador, dentro de una especie de panera, la compra de “ella”. A mí “ella” me había parecido una joven, muy joven. Era un test de embarazo. Levanté la mirada sintiendo que “ella” me estaba mirando. Si. Me estaba mirando. Y cuando vi sus ojos vi sus lágrimas. Sus ojos estaban repletos de lágrimas. En ese momento no comprendí el motivo pero su dolor me dolió. Lo supe reconocer, no tenía dudas que era dolor. Vi y sentí el NUDO de su garganta y deseé con toda a fuerza de mi corazón que ella no sintiera ese dolor. La cuestión es que a punto de pagar sentí también que “ella” me seguía mirando como a la espera de que “algo” yo le diga. Levanté nuevamente la mirada y ella me seguía mirando, me miró y al bajar la mirada dijo “tengo mucho miedo”. En ese momento solo pude decirle: “Miedo no, la VIDA no merece sentir miedo. Vinimos a vivir, a crecer, a aprender, a evolucionar y todo, sea lo que fuere, siempre forma parte de eso”. Era realmente difícil responder a un desconocido y en un contexto también incierto. En ese momento solo desee que la cajera demore un poco más… algo más tenía que suceder. Pagué y mientras esperaba que me empaqueten mi compra le dije que siempre hay una luz. Le conté que en mi vida había sufrido mucho y que aprendí a que la divinidad siempre nos abraza, sea como fuere que cada uno conciba a esa divinidad. Le dije que sea como fuera que ella conciba a la divinidad se encomiende a ella y que le pida a esa divinidad que sea lo mejor para su evolución y que sin dudas así será. Que suelte el miedo, que lo suelte desde su corazón y que todo iba a estar bien. Tal vez omití decirle que deseaba que ella sienta la confianza suficiente de que siempre iba a poder contar con los recursos para tomar las que considere como sus mejores decisiones.
Me fui de la farmacia sintiéndome muy extraña. Agradecí. De veras sentí agradecimiento. Vino a mí un recuerdo, el de esa misma mañana. En mi balcón, muy frecuentemente, aparece un COLIBRÍ. Para mí siempre es el mismo, viene a visitarme en días que siempre tienen un plus, un aprendizaje, una experiencia que me nutre y trayendo BELLEZA a mi vida. Su aparición me recuerda que siempre es posible extraer el néctar dulce de la vida, que el corazón siempre puede volver a florecer, a expandirse y a disfrutar luego de fuese la que fuese la situación dolorosa que nos pueda tocar atravesar. Colibrí que vuela haciendo eso, extrayendo el néctar de las flores, como nosotros podemos extraer lo más dulce de cada instante que siempre está. El presente siempre tiene infinitas posibilidades.
Para mí salir de dificultades ha sido una búsqueda, BÚSQUEDA de las herramientas para cruzar los puentes que necesitamos cruzar y para sanar. Así reencontrarnos con el FUEGO de la vida, darle vida a nuestra existencia y reconocer que la vida es un VIAJE hermoso que hoy nos permite encontrarnos para disfrutar y celebrar.
Recuerdos Quebrados - Improvisacion de Luis Carranza Torres en Sushi and Art
PALABRAS DEL PUBLICO:
PROVIDENCIA – LUNA – BORRACHOS – SOLIDARIDAD – CERVEZA – PLACER – FELIZ – GOL – AMISTAD – AMOR – EMPAPADO – SOMBRA – MIERDA – MISTERIO – BUENAVENTURA
PROVIDENCIA – LUNA – BORRACHOS – SOLIDARIDAD – CERVEZA – PLACER – FELIZ – GOL – AMISTAD – AMOR – EMPAPADO – SOMBRA – MIERDA – MISTERIO – BUENAVENTURA
Ella sale al escenario con paso
seguro, aplomado, de vestido largo azul Francia. Los aplausos discretos de la
sala la escoltan. Se para delante del micrófono de pie, estilo clásico, vintage, onda retro de los cincuenta.
Lleva el cabello color avellana peinado impecablemente, recogido, con rizos
voluminosos que enmarcan el rostro, de maquillaje discreto. Apenas una sombra
mínima en los ojos y los labios pintados muy rojos.
Sonríe al público
sentado en las mesas más allá del escenario. Hombres de traje y mujeres de
largo. Tras un gesto mínimo de agradecimiento, ante los aplausos que no cesan,
rompe a cantar.
Se trata de una
canción romántica, clásica. De esas que gustan a todos. De aquellas que no
incomodan a nadie. Una ejecución tan perfecta como vanal.
La observo desde
una de las mesas más alejadas, sin terminar de convencerme de lo que veo. Es y
no es ella. Demasiados recuerdos desordenados en mi mente. Vuelvo a estar EMPAPADO
del pasado.
Es difícil verla
así e imaginar que dos décadas antes vestía campera de cuero negro con tachas,
llevaba grandes collares al cuello hechos con eslabones de cadenas y su cabello
era estilo punk, con mechones de colores como el fucsia y el azul.
Parece FELIZ.
Como siempre que canta. Como cuando lo hacía conmigo.
Todo con ella empezó
como AMISTAD. Nos unía el AMOR por una música distinta y el desprecio por la MIERDA
de nuestra existencia diaria. SOLIDARIDAD del uno por el otro, reconociéndonos
iguales: nuestras vidas sonaban igual. Con los mismos tonos de expectativa y
similares ruidos respecto de nuestras insatisfacciones.
Tomo un trago mi CERVEZA
y siga recordando. MISTERIOS de la vida, como había podido darse la BUENAVENTURA
de esos años, de esa banda de a dos, tocando bajo la LUNA, BORRACHOS de
nuestros propios sonidos, en que nada nos daba más PLACER que llamar a la PROVIDENCIA
rectora de los ritmos y sonidos. Mucho mejor, todavía más satisfactoria que
cualquier GOL que pudiera meter en un arco.
Sigo a su SOMBRA
sobre el escenario para no mirarla a ella. Me descubro incapaz de hacerlo. A lo
mejor porque sigo en la mía, en la música de pocos, fiel al metal. Ella, se fue
de mi lado y también emigró de ese estilo para adoptar otro más comercial.
Yo me mantengo siendo
un rebelde en todo, especialmente respecto de la música. Toco lo que me gusta
cuando tengo ganas. A ella las disqueras, las promesas de éxito la terminaron
por domesticar. La hace cantar lo que quieren, que es lo mismo que decir que
canta aquello que está de moda.
Entonces me ve,
desde arriba del escenario y la voz le tiembla por un instante mínimo. Cuando
el tema acaba, se interrumpe y les dice a todos quien soy. La gente me aplaude,
más por compromiso que por convicción. Porque lo hace el de al lado que porque
me conozca. Mi pasado de rebelde en la música, creando, no es tan público como
haber pateado por necesidad una pelota para un club famoso. Con algo tenía que
vivir. Y lo dejé apenas pude. No era lo mío. Uno debe ser fiel, en lo que hace,
a lo que siente.
Ella sigue interpretando
la canción. Un bodrio sobre dos fulanos que se quieren pero no pueden estar juntos.
Igual a otras veinte mil. La música es igual de predecible, una colección de
lugares comunes.
No me saca la
vista de encima. Canta para mí. Y yo, a estas alturas, no pienso sino en
descubrir dónde queda la salida.
Uno de los mozos se
acerca a donde estoy, llevando un espumante de su parte y me dice que ella me
quiere ver. Que si la puedo pasar por el camerino que tiene asignado, cuando
termine de cantar.
Le digo que sí y
apenas se va, me encamino exactamente en la dirección contraria. Me dirijo hacia
la salida, hacia fuera de todo eso, que nada significa para mí. En cada paso,
me insulto a mi mismo por haber venido, por haber cedido a la tentación de ir
allí para verla.
No la he visto,
aunque esté ahí. La que canta no es ella. Es otra, vendida a la música
comercial. Alguien que lo hace con técnica, pero no con el alma como cuando
estaba conmigo.
No tendría que
haber venido, me reprocho una vez más, al salir del selecto local. Los recuerdos
quebrados, rotos en pedazos son aun peores de llevar que aquellos que
atesoramos, nostálgicos, aunque sepamos que se trata de algo que fue pero ya no
es. Volver a toparnos con quien los ha engendrado tiene el riesgo de lo que
precisamente me ha ocurrido: caer en el doloroso pozo sin fondo de comprender
que lo que ha sido ya nunca podrá volver a ser.
Perezoso - Improvisacion de Marcelo Lopez en Sushi and Art
PALABRAS DEL PUBLICO:
PASION-AMIGOS-GRITO-FELICIDAD-ARBOLES-SALUD-PEREZOSO-SUSPICACIA-SEXO-PERDON-IDIOTEZ-GENEROSA-AMISTAD-POLENTA-LIBRE-LIBELULA
PASION-AMIGOS-GRITO-FELICIDAD-ARBOLES-SALUD-PEREZOSO-SUSPICACIA-SEXO-PERDON-IDIOTEZ-GENEROSA-AMISTAD-POLENTA-LIBRE-LIBELULA
Ayer me
levante PEREZOSO, no por nada en especial, simplemente me levante sin ganas de
hacer nada, me levante por obligación, porque tenia que hacerlo, porque tenia
un compromiso con mi “yo” productivo que decía que tenia que levantarme de esa
cama. Era domingo, realmente no tenia nada importante que hacer, pero no podía
quedarme en esa cama. En mi cabeza formateada de preconceptos e ideas que ya no
sabia si eran mias, una especie de IDIOTEZ comunitaria, la cama era para los
enfermos o para el SEXO y ese domingo, ayer, no tenia ningún tipo de dolencia
ni compañía que hiciera posible nada.
Camine despacio por el pasillo del departamento arrastrando los pies
como en una especie de éxtasis absurdo de sentir que mientras mas lento
caminaba mas desafía esa “cosa” que me obligaba a hacer “algo”. Por la ventana
se veían a lo lejos los ARBOLES del parque, se movían despacio apenas empujados
por una brisa que adivinaba cálida, al menos el sol así me lo hacia suponer.
Llegue a la cocina y abrí la heladera esperando encontrar algo que desayunar.
Mire el reloj, eran las 10.30 de la mañana, pensé en un desayuno GENEROSO pero
lo único que encontré fue una manzana, mordisqueada. No tenia nadie a quien
culpar.Mas abajo dos huevos, media manteca, un tomate que se estaba arrugando
de viejo y un poco de POLENTA de la ultima vez que vino Sergio a casa. Sergio
es mi primo, vive en Carlos Paz o por ahí cerca, en realidad el sabe donde vivo
yo porque es infaltable todos los principios de mes en casa, yo no se donde
vive el porque trato de esquivarlo, aunque sea inevitable, no tenemos lo que se
dice una “AMISTAD” somos mas bien dos conjuntos de ADN unidos por un apellido
atado a un registro civil. Sergio es un tipo complicado, un espíritu libre dice
la madre, mi tía, en realidad todos, y me incluyo, sabemos que Sergio es un
tipo complicado. Un buscavidas de alguna forma, un tipo sin pasiones para mi.
Una vez me dijo “ ¿Cual es tu pasión?” estábamos ahí tirados en el living de mi
departamento, porque en el suyo no hubiéramos estado jamas juntos y se despacho
con la pregunta mientras abría la undécima cajita de galletas Rex de queso. “
¿Cuál es tu pasión”. Lo mire y lo pensé un rato. No sabia que contestarle,
imagine que esa pregunta de alguna forma era una suspicacia para sacarme plata,
porque todo, absolutamente todo con Sergio se resumía a plata. La de los otros
claro. “los amigos” le dije. Así como salio. “los amigos”. Una vez que lo
verbalice, que salio de mi boca, que la palabra hizo el camino de mi cerebro,
de las conexiones eléctricas de mis neuronas y recorrió el tejido nervioso como
un rayo y llego a mi boca sentí que lo que había dicho tenia sentido. Mi pasión
son los amigos, repetí. Ahí quedo todo. El siguió mirando el partido como si la
felicidad fuera un sofá, un paquete de rex y una pelota corriendo el césped. En
eso no podía perdonarlo, no lo de sentir que la felicidad es eso. NO tenia
perdón que fuera de Belgrano. Tenia defectos, muchos, pero ese me ponía de la
cabeza. En el silencio de su masticar partió el cuarto con un grito. Gol pensé,
no. Lo mire retorcerse en el suelo, tomarse el estomago, gemir y balbucear
cosas inentendibles. Lo mire un par de segundos y comprendí que su problema no
era el partido sino su salud. Estaba en el piso, Busque el teléfono y marque a
emergencias, Tardaron segundos eternos, les explique la urgencia mientras
seguía en el piso cada vez mas retorcido, como si fuera un pedazo de plástico
al fuego. Lo internaron. Ahí sigue, en terapia.
Saque la vista de la heladera y la cerré, volví por el pasillo mirando afuera, una libélula me miro, juro que me miro. Seguí camino al dormitorio. Me acosté de nuevo, hoy me levante perezoso. Hoy estoy perezoso y no me levante. Corrijo.
Saque la vista de la heladera y la cerré, volví por el pasillo mirando afuera, una libélula me miro, juro que me miro. Seguí camino al dormitorio. Me acosté de nuevo, hoy me levante perezoso. Hoy estoy perezoso y no me levante. Corrijo.
lunes, 25 de marzo de 2019
Improvisacion de Magda Tagtachian en el Festival de la Palabra
InspirARTE, se larga en nueva edición
en FESTIVAL DE LA PALABRA
magda tagtachian
hoy escribimos
y pintamos
con Ceci Testa
Tema: Todo en una sola palabra
Pensó cómo podía declararle su amor
en una sola palabra.
còmo hacer para convencerla.
Su princesa dudaba.
Lo miraba con ojos de caramelo.
Podía sentir los pensamientos
de ese chico que le abrumaba el
corazón.
Princesa suspiró.
Caballero tomó todo el aire que había
en el planeta.Quiso regalárselo.
Meditó en qué forma Princesa querría
que se lo regalara.
Calculó una gota de cielo.
Buscó una azucena en el mar.
Quería contarle en qué color latía
su corazón cuando extrañaba.
Le propuso un brindis.
No cualquiera.
La invitó al campo.
La invitó a correr.
Respirar un campo de menta y amapolas.
Princesa tuvo una intuición.
Caballero era capaz
de descubrir todo lo que habitaba en
su pecho pequeño y su alma inquieta.
¿Qué pasaba si lo dejaba entrar en su
mundo?
¿Perderían el misterio del deseo?
Hicieron un trato. Estarían toda la
noche despiertos, cada uno en su cosmos,
y en el amanecer, justo cuando el sol
se atrevía a interpelar el las horas,
entrarían en sintonía.
se verían cara a cara.
se mirarían siete segundos a los ojos.
Y después...
qué pasaría después?
Todo y Nada era posible.
Todo en una sola palabra.
La palabra aún no escrita
que contiene el Universo.
Irían en busca de ella.
El viaje incluía un pasaje en globo.
Caballero preparó el fuego.
Tendió una alfombra para su Dama.
Princesa tuvo un segundo de duda y de
eternidad,
Si se animba al vuelo aerostático,
la perspectiva de su hombre cambiaría?
Y la del campo de mentas y amapolas?
¿Qué pasa cuando movemos nuestros
objetos vivientes de lugar?
Somos nuevos.
Somos recién nacidos.
Y ahí estaba el secreto.
Princesa accedió.
Caballero le tendió la mano y la
invitó a dar un paso en el vacío de ese aire que los completaba.
Princesa se paró en puntas de pie.
Caballero se acercó para rodearla.
La abrazó.
Ella se sintió segura.
El, que podía bajarle la luna -de día-
a sus pies.
Y todavía faltaba todo el viaje,
de todo un mundo que quería
presentarle.
Y entendió.
Entendió que el viaje aparecía cuando
estaba con ella. Y que las palabras también podían inventarse, como los caminos
que andamos.
Como esa ruta que comenzaba ya.
En esa atmósfera que navegaban.
El aire se tiñó de violeta.
Las nubes de azul.
Y los ojos de los amantes ya eran uno.
Caramelo y Cristal.
Para Princesa y Caballero,
Acordaron seguir la vida de viaje.
Las palabras que los definían
aún estaban por nacer.
Estarían vivos mientras buscasen.
El firmamento en cada mañana.
En una taza de café recién hecho.
En un mordisco de pan fresco.
Apostaron por ese Paraíso sin
principio ni final.
viernes, 22 de marzo de 2019
Marcelo López y un relato corto en InspirARTE Festival de la Palabra
InspirARTE
Festival de la Palabra 21/03/19
Marcelo
López
Carlos Vidal Aguirrebengoa
Carlos Vidal Aguirrebengoa
Tema: Todo
en una sola palabra
“Hay un
pueblo, no se dónde, me contaron una vez, que cuando quieren penalizar a
alguien de esa tribu, cuando quieren hacerlo sentir mal o mostrarle que ya no
lo quieren ahí no piensan en desterrarlo, en ponerlo en una prisión o ni
siquiera en matarlo. Solo dejan de nombrarlo.
Porque de eso se trata la palabra, aquello que se nombra existe, lo que
no se menciona, aquello que no tiene palabras para ser descripto, simplemente
ya no es.”
Lo escuche al profesor explicar de lejos esa teoría, esa historia. Yo estaba ahí arriba en esa aula horrible que nos tocaba cada vez que llovía y en el resto del colegio el agua insistía en colarse. El colegio era horrible, como todos los colegios, no me jodan…no hay colegios lindos, a lo sumo puede estar bueno el edificio, algún pasillo, un árbol intrépido para treparse, alguna profesora joven… ¿pero un colegio que este bueno? Sinceramente no conozco. Bueno, la cuestión es que mi colegio era igual de feo y además tenia espíritu y cuerpo de colador invertido. EL aula donde el profesor Gustavo se puso a disertar sobre la palabra era la más fea, pero también la única que se mantenía seca y por privilegio de estar en el ultimo año nos tocaba en momentos de lluvia ser los únicos beneficiados. Yo lo miraba desde atrás, al costado de una ventana que daba a una pared altísima, adelante estaban todos mis compañeros quizás igual de desinteresados con el tema, mas preocupados en pensar que hacer para no mojarse cuando salieran que interesarse en la “palabra”. No puedo decir que yo no tuviera la misma preocupación pero a mi había algo que me mantenía despierto. Siempre tuve curiosidad por la cuestión esa de las palabras, las letras y cosas por el estilo. Por ejemplo saber que “filosofía” es filo (amante) sofia (conocimiento) o por lo menos es lo que me habían dicho y me había dejado fascinado. Hay cosas a las que uno quiere creerlas, porque le quedan cómodas, porque le sirven, porque si. Entonces el origen etimológico de “filosofía” era suficiente para mi.
El profe hablaba adelante, el resto hacia que escuchaba, yo podría decirse, que escuchaba.
“Una vez me invitaron a un campo – siguió diciendo el profesor Gustavo- y estábamos ahí dando vueltas por la casa, después por afuera, por los corrales y el galpón. En eso estábamos cuando el dueño de casa me señalo un par de conejos, blancos, medianos todos, moviéndose como por impulsos eléctricos intermitentes. ¿mascotas? Pregunte – dijo el profesor- me dijeron que no terminantemente, siguió contando. Ahí estábamos en el campo mirando los conejos cuando tome uno con las manos y lo levante, el dueño de los conejos me miro sospechoso, lo acerque a mi cara, lo acaricie y le dije este se llama “pompón”. EL tipo me miró mal, feo, enojado. Baje el conejo y me quede mirándolo, sin saber que había pasado pero sintiendo que algo estaba rotundamente mal. Nada, ni una palabra, solo la mirada dura del dueño del conejo. Seguimos inmóviles en el pulso de las pupilas enojadas suyas, incrédulas mias. “Me cago en vos Gustavo” me dijo el tipo. Lo mire sorprendido, seguía sin entender. ¿Yo? Pregunté. ¿Por qué? El dueño de la granja me miro de nuevo, creyendo sin lugar a dudas que yo me hacia el estúpido. Se hizo unos pasos para atrás como si no se decidiera a tomar envión para pegarme o simplemente dejarme ahí solo como el pelotudo que era. Lo medito seguramente y en vez de golpearme se acerco de nuevo. “Me jodiste Gustavo, me jodiste, sos un pelotudo, ahora le pusiste nombre al conejo y ya no puedo matarlo” Se alejo enojadísimo, me dejo solo, sintiéndome un pelotudo aunque por otro lado me puse contento. Le salvé la vida al conejo y me hice de un enemigo, todo en una sola palabra.”
Lo escuche al profesor explicar de lejos esa teoría, esa historia. Yo estaba ahí arriba en esa aula horrible que nos tocaba cada vez que llovía y en el resto del colegio el agua insistía en colarse. El colegio era horrible, como todos los colegios, no me jodan…no hay colegios lindos, a lo sumo puede estar bueno el edificio, algún pasillo, un árbol intrépido para treparse, alguna profesora joven… ¿pero un colegio que este bueno? Sinceramente no conozco. Bueno, la cuestión es que mi colegio era igual de feo y además tenia espíritu y cuerpo de colador invertido. EL aula donde el profesor Gustavo se puso a disertar sobre la palabra era la más fea, pero también la única que se mantenía seca y por privilegio de estar en el ultimo año nos tocaba en momentos de lluvia ser los únicos beneficiados. Yo lo miraba desde atrás, al costado de una ventana que daba a una pared altísima, adelante estaban todos mis compañeros quizás igual de desinteresados con el tema, mas preocupados en pensar que hacer para no mojarse cuando salieran que interesarse en la “palabra”. No puedo decir que yo no tuviera la misma preocupación pero a mi había algo que me mantenía despierto. Siempre tuve curiosidad por la cuestión esa de las palabras, las letras y cosas por el estilo. Por ejemplo saber que “filosofía” es filo (amante) sofia (conocimiento) o por lo menos es lo que me habían dicho y me había dejado fascinado. Hay cosas a las que uno quiere creerlas, porque le quedan cómodas, porque le sirven, porque si. Entonces el origen etimológico de “filosofía” era suficiente para mi.
El profe hablaba adelante, el resto hacia que escuchaba, yo podría decirse, que escuchaba.
“Una vez me invitaron a un campo – siguió diciendo el profesor Gustavo- y estábamos ahí dando vueltas por la casa, después por afuera, por los corrales y el galpón. En eso estábamos cuando el dueño de casa me señalo un par de conejos, blancos, medianos todos, moviéndose como por impulsos eléctricos intermitentes. ¿mascotas? Pregunte – dijo el profesor- me dijeron que no terminantemente, siguió contando. Ahí estábamos en el campo mirando los conejos cuando tome uno con las manos y lo levante, el dueño de los conejos me miro sospechoso, lo acerque a mi cara, lo acaricie y le dije este se llama “pompón”. EL tipo me miró mal, feo, enojado. Baje el conejo y me quede mirándolo, sin saber que había pasado pero sintiendo que algo estaba rotundamente mal. Nada, ni una palabra, solo la mirada dura del dueño del conejo. Seguimos inmóviles en el pulso de las pupilas enojadas suyas, incrédulas mias. “Me cago en vos Gustavo” me dijo el tipo. Lo mire sorprendido, seguía sin entender. ¿Yo? Pregunté. ¿Por qué? El dueño de la granja me miro de nuevo, creyendo sin lugar a dudas que yo me hacia el estúpido. Se hizo unos pasos para atrás como si no se decidiera a tomar envión para pegarme o simplemente dejarme ahí solo como el pelotudo que era. Lo medito seguramente y en vez de golpearme se acerco de nuevo. “Me jodiste Gustavo, me jodiste, sos un pelotudo, ahora le pusiste nombre al conejo y ya no puedo matarlo” Se alejo enojadísimo, me dejo solo, sintiéndome un pelotudo aunque por otro lado me puse contento. Le salvé la vida al conejo y me hice de un enemigo, todo en una sola palabra.”
El profesor
Gustavo termino de contar la historia y en ese instante paro de llover. Ya a
nadie le importo mas nada, solamente salir de esa aula horrible, de ese colegio
horrible. Como a los “apartados” de la tribu del comienzo preferí no decir no
nombrar eso que no quería que existiera.
Luis Carranza Torres y su HIstoria con "Todo en una sola palabra"
InspirarARTE Festival de la Palabra 21/02/19
Luis Carranza Torres
María Laura Castro
La magia de un estacionamiento
Salís afuera. De la luz a la
oscuridad. Lucas te saluda en la puerta; vagás, errante, por el parque
convertido en playa de estacionamiento. Atrás tuyo, las luces y la música de Le Freak se extinguen. Todavía llevas el
olor a madera quemada en la nariz. En el boliche sigue la música. Con toda la onda, ese sábado por la noche. Suena The Bangles y
el hit del momento, «Walk Like an
Egyptian». Te encantaría estar haciéndote la discípula de cleopatra con el pasito ese
que todos hacen cuando empieza a sonar la canción. El que imita la pose rígida
representada en los relieves del antiguo Egipto y que has visto en el manual de
historia del colegio. Ese de monjas que acabás, a Dios gracias, de terminar.
Y sí, querrías. Bailar y
divertirte. Todo se daba para salir a festejar esa noche. Se acabó el secu y en
el futuro la facu. Hasta el pibe con el que saliste, con el que estás de novia
hace una semana, es un sol para todas. Guille. No hay amiga que no te lo
envidie. Bueno, respetuoso, atento, siempre puntual. Te tiene allá arriba, como
una reina. Está visto que se muere por vos. El tema es que a vos, a diferencia
de tus amigas, no se te mueve un pelo por él.
Todas te dicen que estás loca,
pero es así. No hay magia, no hay nada. Y eso que él le pone toda la onda. Pero
vos, ni modo. No va. Y se lo decís. Lo cortás, se acabó. Él parece desconsolado
y eso te hace sentir peor. Una bruja hecha y derecha.
Necesitas aire, por eso te vas.
Encima, el pibe te pone la campera sobre los hombros por el fresco. Buenazo
hasta cuando lo has cortado en seco. Eso no mejora en nada las cosas. Ni como
te sentís por dentro.
Ya podes escuchar a tus amigas,
diciéndote de todo por tratarlo así. Pero preferís seguir tus sentimientos. En
este caso, no seguir con lo que no sentís.
¿Qué te pasa, nena? Te lo
preguntás a vos mismo sin obtener respuesta.
Aspiras la campera y la tocás
como buscando algo. Algún aroma, alguna textura que te despierte un mínimo
afecto. Y no conseguís nada. Ni un momento lindo, ni un momento feo. Nada.
Perdida, sin saber qué querés.
Así te sentís. Hay muchas emociones por dentro que no entendés. Eso te
martiriza, te saca de eje. Sos una desconocida por vos misma.
Seguis vagando como alma en pena
por ese espacio de tierra, entre árboles, convertido en estacionamiento. Te
apoyas contra un Renault 12 y mirás a la luna. Redonda, inmensa, brillosa,
áurea. Pero a veces las nubes la esconden y parece una medialuna tostada. Juega
a cambiar de forma, delante de vos. Dicen que ese tipo de lunas tienen magia,
que podes pedirle lo que quieras. Y entonces le pides que te entiendas a vos
misma.
A lo mejor, deberías volver y
hablar con Guille. Es lo que te dirían tus amigas. Él siempre entiende. O no,
pero es comprensivo. Cero rencoroso. Se olvida fácil de cualquier cosa que ella
le haya dicho. Cuando intenta hablar de ciertas cosas, de lo que ella siente,
de lo que quiere ser o, especialmente, de aquello en que no quiere convertirse,
él la escucha con atención. Pero siempre, invariablemente, sabés que no te
comprende. Que es como hablarle en chino. Se esfuerza por captarla, pero nunca
lo logra.
Entonces, una mano áspera te
roza. Se te ha acercado sin que lo notaras. El pibe es rubión, de barbita. Te
lleva un par de años y una cabeza en altura. Lo conoces de vistas y oídas. Francisco,
Fran para algunos, alias Pachi como nombre de noche y de guerra. Algo así como
un barman, dentro del boliche. Y el lancero más agitado de las inmediaciones. Ya
se le tiró a tres en la noche, dos de esas amigas tuyas, mientras estabas
adentro decidiendo por qué Mauro no te provocaba nada.
Encima, Pachi es medio primo
tuyo. El te tapa la luna y acerca el rostro al tuyo. Lo esquivás. Tener algo
con él es, desde el vamos, un error. El tipo es un pasional, pero se le termina
rápido el sentimiento. Todo lo contrario de ese que acabás de plantar. Se te
cruzan mil temores por la cabeza. Y él, entonces, te dice: “Olvidate”.
Solo eso. Todo en una palabra.
Como si pudiera verte por dentro y saber lo que pensabas. Y vos, sentís que la
sangre te entra en ebullición. Entonces, lo entendés todo. Los chicos traqui,
los pibes “buenos” no son para vos. Te gustan los terribles, capaces de hacerte
sentir a pura adrenalina. Esos que te sacan canas verdes. Como tu vieja, que
siempre se mete con el tipo equivocado y ya se separó dos veces.
Los labios de él se lanzan en
busca de los tuyos y vos, lejos de oponer resistencia, vas a su encuentro. Parece
que tiene garras en lugar de manos por cómo te abraza. El pibe te mueve todo
pero es un desastre total. Es peor entre los peores. Un diablo super simpático
y atractivo, pero al que hasta podés verle la cola y el tridente.
No es, para nada, ni de lejos, un
buen prospecto. Sabés que te estás equivocando, que no va a durar mucho y que
te va a hacer sufrir.
Pero ni tenés veinte años y te
sentís con el derecho, incluso con la obligación, de equivocarte. Sobre todo,
para no errarle más adelante.
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