jueves, 28 de febrero de 2019
La pequeña historia que llego al Corazón de Serrezuela
FESTIVAL DEL CUARZO – Febrero 23, 2019
Llegamos a Serrezuela pensando en jinetes, hacheros, músicos y concursos. Llegamos a Serrezuela creando en nuestros imaginarios lo que podíamos encontrar. Llegamos imaginando el espíritu del festival, el cual veníamos a sentir para describir y plasmar en letras y color… sin embargo, desde el primer paso al ingresar al predio la sorpresa nos recibió.
Nos encontramos con tantos estímulos, con tantas ideas que pensamos que lo mejor que podíamos hacer era recorrer el Festival, hablar con la gente, preguntarles, escucharlos y sobre todo recrear juntos eso que vinimos a buscar.
Antes de compartirte nuestra experiencia, te vamos a contar quiénes somos y cómo llegamos. ¡Somos una banda! Nos conocen como InspirARTE improvisación. Es una creación media loca de dos escritores cordobeses, Dani (quien les está leyendo) y Marce que es quien está a mi lado. En cada encuentro vamos acompañados de un super equipo, a veces más grande, a veces más chico pero siempre muy creativo y divertido. A cada lugar al que vamos, llegamos bien cargados:
Bastidores, pinturas, acrílicos, libros, un televisor, dos computadoras, lápices de colores, un marco para sacar fotos, cámara y un montón de ganas de inspirarnos en movimiento. Y es en movimiento porque lo hacemos recorriendo el predio e interactuando con el público que es parte de la creación.
Ahora sí, te contamos nuestra experiencia en el Festival del Cuarzo, en el que estamos contentísimos de participar.
Nos pusimos en acción, Hernán fue el encargado de encontrar las historias que nos ayudarían a inspirarnos y quien le pone voz y mucho corazón a nuestros encuentros. Fue recorriendo el festival y preguntando a quienes se encontraba, qué sentían, que los traía al festival, qué venían a buscar, qué esperaban encontrar. Y, tenemos que contarte, que las respuestas nos asombraron y superaron las expectativas. Las respuestas no solo vinieron en palabras sino en lágrimas, en emociones que traspasaron el corazón de Hernán y el de todo el equipo. Te vamos a contar para que también te emociones y hagamos de esta noche una emoción común, que quede en el recuerdo y en el corazón de todos.
La primera persona le contó, con la voz entrecortada por la emoción que su papá fue el primer ganador del concurso de hacheros y que el campeón actual es su sobrino. Que el recuerdo de su papá y la emoción de su sobrino ganador la traen con alegría al festival. Se dieron un cálido abrazo y Hernán siguió caminando.
Llegó el turno de una señora que le contó que el primero que la trajo fue acá su nono y que por eso viene todos los años para recordarlo y en homenaje a él. Dijo también que para ella el festival es el reencuentro de las familias, contó que quienes se van regresan en esta fecha para reencontrarse y todo se convierte en una gran celebración.
Hernán estaba chocho con las respuestas y quería seguir sorprendiéndose. Le tocó el turno a las artesanas. Ellas sienten que el festival es una hermosa oportunidad para exhibir y compartir sus creaciones, las que hacen con mucho amor.
Hernán preguntó y preguntó, se sorprendió, se emocionó y todo ello dio fuerza a estas líneas y a las creaciones de Laura y Carlos, los encargados de ponerle imágenes y color a las sensaciones que recogimos.
Estas líneas, esos cuadros, estas obras de arte son el reflejo de lo que encontramos en El Festival del Cuarzo, algo que no sabíamos que íbamos a encontrar, algo que la gente, el público nos quiso compartir, que antes que nada, mas allá de las empanadas, de la chanfaina y la carne en bolsa este festival es un lugar de encuentro y unión, para las familias, para los que se fueron y vuelven todos los años, para los que extrañan, para los que se siguen queriendo a pesar de la distancia.
Y todo esto hace que sea nuestro deseo volver a reencontrarnos en la próxima edición y seguir dándole color junto a este inolvidable encuentro.
InspirARTE en el Festival del Cuarzo - Serrezuela
El sábado 23 de Febrero tuvimos una nueva edicion de InspirARTE pero en una "version" distinta. Fuimos en un equipo reducido para dejar plasmado en nuestro escrito y en las obras de los pintores el "Espiritu" del Festival. Para eso tuvimos que ponernos a pensar, a hablar con la gente y "captar" con el corazon eso que estaba ahi oculto detras de la musica, la doma, los hacheros y las comidas regionales.
En esta ocasion los escritores fueron: Daniela Kaplan y Marcelo Lopez / Los artistas plasticos: Ma Laura Castro y Carlos Vidal Aguirrebengoa
como siempre acompañados por nuestro coordinador y conductor Luciano Ferrabone.
martes, 12 de febrero de 2019
jueves, 7 de febrero de 2019
POR CULPA DE UNA CANCION
InspirARTE
2019
Escritor: Luis Carranza Torres
Artista: Cecilia Testa
Escritor: Luis Carranza Torres
Artista: Cecilia Testa
Sale
de la pelu, después de retocarse las raíces y volver a ser una rubia completa,
prolija, sin solución de continuidad. Y, como es costumbre, él no está.
Le
manda mensaje por el celu: “dondeeee estaassss”.
Mirá que le dijo, que hasta se le recordó dos veces. Pero no hay caso, siempre
pasa lo mismo. Justo a ella le tenía que pasar. Tan puntillosa como es y ha
sido siempre con el tema de los horarios.
Encima,
el señor no contesta los mensajes. Le llegó, claro que le llegó. Están las dos
tildes. Y para peor, azules. Trata de mantener la calma. Ella, que bien podría
pasar por hija de un relojero suizo, meterse con tremendo impuntual.
Todo
por una canción. Una maldita canción que encima ni se acuerda, con la bronca
del momento, cual era. Había muchas y buenas, en los ochenta que le gustaba a
ella. La música era entonces, como lo es ahora, una parte central de su
espíritu. Hace memoria, no puede ser que no se acuerde. Le parece que era de
Belinda. El paraíso es un lugar en la Tierra o algo así. Sí, era esa.
Ella
acababa, esa noche en los ochenta, de mandar el diablo al pesado con el que
había ido al boliche. Y, con toda la bronca encima del rompimiento, iba a irse
y ya. Clausurar de una la noche. Cuando no va, no va. Mejor volverse a casa a
dormir. Entonces, escapando de la pista, alguien la agarra del brazo.
“Flaca, ¿querés bailar?”,
le preguntó, gritándole en el oído por la música estridente que los envolvía.
No
tenía mucha facha ni demasiado cuerpo como le gustaban a ella. Le dice que no,
le insiste él.
Entonces
cambia la canción y suena Belinda. Le gustó el ritmo. Un temazo, del que no
tenía noticia y que nunca la había bailado antes. Estaba buena. Aceptó más por
la canción que por él. Era como si la música pegadiza la incitara a bailarla. Estaba
realmente buena.
Aceptó.
“Dale, uno solo porque me tengo que ir”.
Con cara muy seria, como para que no se hiciera otras ilusiones. Pero no contó
con la simpatía tan particular de él. El tipo era un niño en varias cosas y
bastante grande en otras. Infantil, entrador, sinvergüenza, ocurrente.
Desestructurado a full.
Descubrió,
esa noche con esa canción, que era su talón de Aquiles en materia de tipos. Al
tema le siguió otro, y otro. Le sacó el teléfono con una maestría que la
asombró. Quedaron en verse de nuevo. Se vieron de nuevo. La segunda vez le cayó
con un CD de Belinda Carlisle. Real se llamaba. Uno que nunca había salido para
argentina. Vaya a saber cómo lo había conseguido, pero le encantó. El gesto y
el CD.
Pegaban
onda y le siguieron pegando. Ella que se preocupaba por todo, que se la pasaba
haciendo planes, al lado de otro que iba viendo como hacía sobre la marcha. El
Ying que equilibraba a su Yang.
Probaron
de vivir juntos. Nada muy formal. Como para probar. Las familias de los dos
pusieron el grito en el cielo. Aunque ya empezaran los noventa. El niño
interior de él conjugó bien con el instinto maternal de ella.
Y
así seguían, al día de hoy. Varios años después. Todo por una canción. Una
primera causa que había detonado a muchas otras. Ella adoró esa canción y
terminó adorándolo a él. Le sigue gustando, pero cada vez que se tardaba cuando
quedaban en encontrarse, la odia. Y a él más. Y el paraíso no es un lugar en la
tierra, sino un purgatorio por la espera.
Detesta
que la hagan esperar. Y más todavía a los culpables de eso.
Al
final, el señor llega. Con la sonrisa de siempre, como si no la hubiera hecho
esperar media hora parada ahí. Y ella trata de mantener la cara de molesta,
pero tiene el impuntual, ese don de cambiarle el humor. Aun contra su voluntad.
“Que te hiciste. Estás re-linda. Igualita
a esa cantante que te regalé el CD cuando nos conocimos. Se llamaba… ¿cómo se
llamaba Gordi?”
Le
tira dos o tres alabanzas más y ella se rinde como una adolescente inexperta.
Tiene llegue, tiene chispa. Mal que le pese.
Todo
por esa canción. Y, mientras se va con él, diciéndole el nombre de Belinda
Carlisle por decimo séptima vez, se promete que es la última vez que va a
perdonarle el dejarla esperando. Que la próxima, se va de una y se pudre todo.
Se
lo promete como las otras veces. Sabiendo, de antemano, que probablemente va a
cambiar de opinión como ahora, cuando él te tire dos o tres ocurrencias con esa
sonrisita a prueba de defectos.
NO EXISTIS
InspirARTE 2019
Escritor: Marcelo Lopez
Artsitas Plasticos:
Ma Laura Castro
Carlos Vidal
Tema: Una canción
Escritor: Marcelo Lopez
Artsitas Plasticos:
Ma Laura Castro
Carlos Vidal
Tema: Una canción
En la esquina, a la vuelta de casa,
había siempre un hombre parado en la puerta de una casucha destruida, eran
puros ladrillos amontonados ya, que nadie sabia como seguían juntos. El hombre,
parado ahí como estaba, miraba pasar la gente como si estuviera contando
ganado, como si estuviera contando cosas, o cosas que se cuentan, que son de
uno.
Ahí en la esquina, a la vuelta de mi casa lo podias encontrar, de 9 a 12 seguro parado firme apoyado con cuidado en los ladrillos como si supiera que se mantenían juntos, construidos, simulando una casa, una pared, un lugar. Los chicos, porque en esa época éramos chicos todavía, no como ahora que ya somos tan grandes que no sabemos lo que somos, elegiamos ir al colegio por esa calle, por esa esquina. Nos quedaba mas lejos, no tenia sentido, incluso cuando llovia hacíamos el mismo recorrido. Nos impulsaba un candido sentido del morbo, el tipo, parado ahí, era como uno de esos “locos” que uno encuentra en la vida. Para nosotros, a esa edad, era nuestro tipo raro, nuestro freak, nuestro “loco” y eso tenia la suficiente fuerza para hacer que nos desviaramos, a la ida y a la vuelta, que recorriéramos metros de mas, que escaparamos de algún perro suelto, que perdiéramos el tiempo.
- Dice mi papa que el loco esta así porque cuando era joven tuvo un accidente… parece que lo atropello un auto cuando iba en bicicleta.
Los cuatro lo miramos a Luis, siempre éramos los mismos cuatro en el camino de ida y de vuelta. Luis, Carlos, Martin y yo. Lo escuchamos teorizar sobre el loco, nuestro loco. Seguimos caminando hacia su casa en silencio.
- Yo nunca lo vi andar en bicicleta – dijo Martin que no era el mas inteligente de los cuatro.
- ¡Y si lo atropellaron! ¿Qué queres? Yo ni loco me vuelvo a subir a una bici – El de la resolución tan firme era Carlos, pura simpleza, pura ingenuidad.
Hicimos media cuadra mas y me pare en seco, como si se hubiera abierto un abismo adelante mio y no quedara mas lugar para hacer un metro, un centímetro. Me di vuelta, me acuerdo patente, me di vuelta y los encare a los cuatro.
- Nada que ver… no lo atropello ningún auto, ni siquiera se si andaba en bici, el loco quedo así después de cantar una canción.
El silencio apenas duro 3 segundos y se empezaron a reir todos.
Ahí en la esquina, a la vuelta de mi casa lo podias encontrar, de 9 a 12 seguro parado firme apoyado con cuidado en los ladrillos como si supiera que se mantenían juntos, construidos, simulando una casa, una pared, un lugar. Los chicos, porque en esa época éramos chicos todavía, no como ahora que ya somos tan grandes que no sabemos lo que somos, elegiamos ir al colegio por esa calle, por esa esquina. Nos quedaba mas lejos, no tenia sentido, incluso cuando llovia hacíamos el mismo recorrido. Nos impulsaba un candido sentido del morbo, el tipo, parado ahí, era como uno de esos “locos” que uno encuentra en la vida. Para nosotros, a esa edad, era nuestro tipo raro, nuestro freak, nuestro “loco” y eso tenia la suficiente fuerza para hacer que nos desviaramos, a la ida y a la vuelta, que recorriéramos metros de mas, que escaparamos de algún perro suelto, que perdiéramos el tiempo.
- Dice mi papa que el loco esta así porque cuando era joven tuvo un accidente… parece que lo atropello un auto cuando iba en bicicleta.
Los cuatro lo miramos a Luis, siempre éramos los mismos cuatro en el camino de ida y de vuelta. Luis, Carlos, Martin y yo. Lo escuchamos teorizar sobre el loco, nuestro loco. Seguimos caminando hacia su casa en silencio.
- Yo nunca lo vi andar en bicicleta – dijo Martin que no era el mas inteligente de los cuatro.
- ¡Y si lo atropellaron! ¿Qué queres? Yo ni loco me vuelvo a subir a una bici – El de la resolución tan firme era Carlos, pura simpleza, pura ingenuidad.
Hicimos media cuadra mas y me pare en seco, como si se hubiera abierto un abismo adelante mio y no quedara mas lugar para hacer un metro, un centímetro. Me di vuelta, me acuerdo patente, me di vuelta y los encare a los cuatro.
- Nada que ver… no lo atropello ningún auto, ni siquiera se si andaba en bici, el loco quedo así después de cantar una canción.
El silencio apenas duro 3 segundos y se empezaron a reir todos.
-¿El loco, cantar? – se rio Luis
Martin directamente no podía hablar de tanto que se reia.
Carlos me miro fijo mientras se reia también – me parece que mas loco que el estas vos – me dijo.
Me di vuelta de nuevo y empecé a caminar por donde siempre caminábamos, enojado , molesto, yo solamente repetía lo que le había escuchado decir a mi papa, como uno hace siempre a esa edad. Después repite lo que dicen otros, pero esa es otra historia.
Llegamos a la esquina en silencio, mis amigos ya no se reian, por piedad. Encaramos la vereda del loco y un par de pasos antes escuchamos un ruidito metálico, intenso, finito, mire al piso y vi una llave en el suelo, Martin, que la había pateado no se había dado ni siquiera cuenta. Me volvi un poquito y la levante. Era una llave vieja de esas que tienen una sola paleta como un diente huerfano, estaba negra de sucia, de vieja. Nadie pareció darse cuenta, todos siguieron derecho, camino a casa, pasando por lo del loco. Le pasamos cerca, como siempre, el apoyado en los ladrillos desnudos apenas unidos. Siempre la misma remera gris con el cuello picoteado por el tiempo, en la misma posición de parado nos observaba venir y con la cabeza seguía nuestro recorrido que inevitablemente hacíamos mirando al piso. Pasamos y cada uno se repartio en su casa.
Como a eso de las 4 de la tarde, cuando el sol de la siesta en septiembre evitaba que cualquiera de nuestros vecinos se moviera de su casa entro mi mama a mi habitación, tenia la cara como dura, inmóvil. La mire como preguntando que pasa, porque a mi mama nunca le pasaba nada y si le pasaba algo era cuestión de que no se notara.
- ¿Vos tenes algo de el señor Sosa?
- ¿Sosa? ¿Quién es Sosa?
Miro hacia atrás por encima de su hombro como si alguien la observara.
- Sosa…el que ustedes le dicen el loco…
- Ustedes también le dicen el loco – le dije, me salió de adentro.
- Bueno, si, no importa, sabes de quien te hablo… ¿Vos tenes algo de el?
Me toque los bolsillos por instinto nomas.
- ¿Yo? ¿Qué?
- No se, esta aca en la puerta diciendo que vos tenes algo de el… damelo o Sali a decirle porque sabes que no me gusta ese tipo y menos aca en mi casa…
Otra vez me toque los bolsillos, nada, obvio… pero uno de mis dedos encontró algo, la llave que había levantado del piso, la saque y se la extendi en la mano a mi mama como si fuera una ofrenda.
- ¿sera esto? Lo encontré en la calle…
- ¡No se! – me grito alterada- Sali, asómate y fíjate vos, lo único que te pido es que se vaya ya de casa.
Le hice caso, como siempre, Sali de mi cuarto y fui hasta la puerta. Ahí estaba parado como en su casa pero esta vez en la mia. Nos miramos, no dijo nada. Extendi la mano con la llave. La tomo con una velocidad que no le hubiera creído posible pero al mismo tiempo con cierta suavidad, como si fuera la mano de un mago de un ilusionista. Se la puso en el bolsillo y dio media vuelta. Lo mire irse de a poco y no pude con mi genio.
- Eh, señor…Sosa… - se dio vuelta a la mitad de la calle desierta de la siesta caliente- ¿esa llave es de donde guarda la canción?
Sosa se puso rojo, lo vi a la distancia, y corrió hacia mi como enloquecido. Se me paro al frente y con las venas hinchadas del cuello me dijo en vos baja.
- ¿y vos como sabes de eso?
Me hice hacia atrás, le tenia miedo, no como el loco nuestro, ese parado siempre en la puerta, sino como el loco este que estaba sacado.
- ¿Decime pendejo, como sabes de eso?
El miedo se me hizo una mueca deforme en la cara y alcance a escuchar los pasos de mi mama que venían por el pasillo. Me quede mudo, como antes.
- ¿Ya tiene lo que buscaba?
Sosa la miro transformado – Si, gracias.
- Entonces le pido que se vaya nomas, tenemos que hacer.
Sosa se fue.
Mama cerró. Me miro porque sabia.
- ¿Qué pasa con Sosa?
Caminamos juntos en silencio hasta la cocina.
- ¿Qué pasa con Sosa? – Insisti.
- ¡Nada Javi, nada!
- ¿Cómo nada? ¿Por qué esta así, Loco?
- Sosa no esta loco javi.
Otra vez mas silencio y nada entre nosotros. La continuación de la respuesta se hacia inevitable.
- Sosa no esta loco, javi, Sosa era cantor, escribía, cantaba hasta que un día se encerro en una pieza de esa casa asquerosa y ruinosa donde vive y no volvió a cantar jamás…
- ¿Y que tiene que ver la llave?
- La llave es de la habitación donde tiene guardaba la letra de una canción que lo hizo famoso…
- ¿La llave de una habitación? ¿Y todos saben?
- La habitación no existe Javi, como no existe la canción, como no existe Sosa.
Martin directamente no podía hablar de tanto que se reia.
Carlos me miro fijo mientras se reia también – me parece que mas loco que el estas vos – me dijo.
Me di vuelta de nuevo y empecé a caminar por donde siempre caminábamos, enojado , molesto, yo solamente repetía lo que le había escuchado decir a mi papa, como uno hace siempre a esa edad. Después repite lo que dicen otros, pero esa es otra historia.
Llegamos a la esquina en silencio, mis amigos ya no se reian, por piedad. Encaramos la vereda del loco y un par de pasos antes escuchamos un ruidito metálico, intenso, finito, mire al piso y vi una llave en el suelo, Martin, que la había pateado no se había dado ni siquiera cuenta. Me volvi un poquito y la levante. Era una llave vieja de esas que tienen una sola paleta como un diente huerfano, estaba negra de sucia, de vieja. Nadie pareció darse cuenta, todos siguieron derecho, camino a casa, pasando por lo del loco. Le pasamos cerca, como siempre, el apoyado en los ladrillos desnudos apenas unidos. Siempre la misma remera gris con el cuello picoteado por el tiempo, en la misma posición de parado nos observaba venir y con la cabeza seguía nuestro recorrido que inevitablemente hacíamos mirando al piso. Pasamos y cada uno se repartio en su casa.
Como a eso de las 4 de la tarde, cuando el sol de la siesta en septiembre evitaba que cualquiera de nuestros vecinos se moviera de su casa entro mi mama a mi habitación, tenia la cara como dura, inmóvil. La mire como preguntando que pasa, porque a mi mama nunca le pasaba nada y si le pasaba algo era cuestión de que no se notara.
- ¿Vos tenes algo de el señor Sosa?
- ¿Sosa? ¿Quién es Sosa?
Miro hacia atrás por encima de su hombro como si alguien la observara.
- Sosa…el que ustedes le dicen el loco…
- Ustedes también le dicen el loco – le dije, me salió de adentro.
- Bueno, si, no importa, sabes de quien te hablo… ¿Vos tenes algo de el?
Me toque los bolsillos por instinto nomas.
- ¿Yo? ¿Qué?
- No se, esta aca en la puerta diciendo que vos tenes algo de el… damelo o Sali a decirle porque sabes que no me gusta ese tipo y menos aca en mi casa…
Otra vez me toque los bolsillos, nada, obvio… pero uno de mis dedos encontró algo, la llave que había levantado del piso, la saque y se la extendi en la mano a mi mama como si fuera una ofrenda.
- ¿sera esto? Lo encontré en la calle…
- ¡No se! – me grito alterada- Sali, asómate y fíjate vos, lo único que te pido es que se vaya ya de casa.
Le hice caso, como siempre, Sali de mi cuarto y fui hasta la puerta. Ahí estaba parado como en su casa pero esta vez en la mia. Nos miramos, no dijo nada. Extendi la mano con la llave. La tomo con una velocidad que no le hubiera creído posible pero al mismo tiempo con cierta suavidad, como si fuera la mano de un mago de un ilusionista. Se la puso en el bolsillo y dio media vuelta. Lo mire irse de a poco y no pude con mi genio.
- Eh, señor…Sosa… - se dio vuelta a la mitad de la calle desierta de la siesta caliente- ¿esa llave es de donde guarda la canción?
Sosa se puso rojo, lo vi a la distancia, y corrió hacia mi como enloquecido. Se me paro al frente y con las venas hinchadas del cuello me dijo en vos baja.
- ¿y vos como sabes de eso?
Me hice hacia atrás, le tenia miedo, no como el loco nuestro, ese parado siempre en la puerta, sino como el loco este que estaba sacado.
- ¿Decime pendejo, como sabes de eso?
El miedo se me hizo una mueca deforme en la cara y alcance a escuchar los pasos de mi mama que venían por el pasillo. Me quede mudo, como antes.
- ¿Ya tiene lo que buscaba?
Sosa la miro transformado – Si, gracias.
- Entonces le pido que se vaya nomas, tenemos que hacer.
Sosa se fue.
Mama cerró. Me miro porque sabia.
- ¿Qué pasa con Sosa?
Caminamos juntos en silencio hasta la cocina.
- ¿Qué pasa con Sosa? – Insisti.
- ¡Nada Javi, nada!
- ¿Cómo nada? ¿Por qué esta así, Loco?
- Sosa no esta loco javi.
Otra vez mas silencio y nada entre nosotros. La continuación de la respuesta se hacia inevitable.
- Sosa no esta loco, javi, Sosa era cantor, escribía, cantaba hasta que un día se encerro en una pieza de esa casa asquerosa y ruinosa donde vive y no volvió a cantar jamás…
- ¿Y que tiene que ver la llave?
- La llave es de la habitación donde tiene guardaba la letra de una canción que lo hizo famoso…
- ¿La llave de una habitación? ¿Y todos saben?
- La habitación no existe Javi, como no existe la canción, como no existe Sosa.
UNA CANCION
A veces somos eso mismo, una
canción. Otras veces somos otra canción pero siempre tenemos melodía. Y es que
la vida misma tiene siempre su melodía.
A veces oímos la melodía de la
vida, otras veces nos cuesta más. A veces es el silencio, el que también tiene
su melodía.
Una canción para agradecer, una
canción para recordar, una canción para volar, una canción que nos llene de
alegría y otra canción que nos lleve a viajar… siempre hay una canción y, si no
la hay, la creamos… y es tan magnífica la creación que nos renueva y nos llena
de vitalidad.
Y con la música viajamos, como
viajamos entre las nubes al subir a un avión, como danzamos en nuestro espíritu
al oír el canto de un pájaro o el sonido del río… Y a través de la música los viajes más hermosos
y remotos que podemos hacer. La música nos lleva y nos trae y nos devuelve a la
vida más plenos y resignificándola. La música sana, limpia, mueve adentro y
mueve afuera. La música transforma.
Una canción nos permite llegar a
sitios impensados, nos expande, nos ayuda a ir eligiendo lo que deseamos
cultivar en nuestra vida. Nos brinda esperanza y nos hace conocer nuevos
mundos. Una canción para transportarnos, una canción para permitirnos sentir
paz, otra canción para ser libres. Una
canción para decir la verdad, para soñar, para sentir libertad y una canción
para crecer. Siempre hay una canción escrita para nuestro presente, para cada
momento, para cada emoción. Y si no hay canción, ¿la escribimos?
Hoy quiero cantar. Y quiero
cantar una canción a este lindo momento que nos encuentra. Porque el
encontrarnos es en sí mismo una sincronía perfecta, porque este encuentro nos
nutre y así juntos estamos también haciendo sonidos, creando melodías y
haciendo trascender nuestra canción. Porque juntos reconocemos que todos
podemos crear y dejar una huella. Le canto a este momento presente que, como
presente mismo, nos muestra que siempre podemos expresarnos a través de la
música y encontranos en ella.
Y pienso que una canción también
es un puente. Que nos hace cruzar a través de la voz y su melodía hacia un
decir que aliviana. Es el eco que devuelve el sonido de lo que siento, de lo
que atraviesa mi alma y que se manifiesta en mi existencia. Ese puente que une y que nos acerca.
Una canción es como el respirar,
que oxigena, que oxigena la vida y llena cada fibra de nuestro ser de pureza. Y
es mi deseo que estas pocas líneas sean un motor que inspire a todos a seguir
encontrándonos y ayudándonos a crecer a través de una canción. Que nos
comuniquemos a través de ella y que tengamos el respeto suficiente para
escucharnos y para aceptar y valorar la
melodía que el otro nos ofrece, aun cuando no sea igual a la nuestra, aun
cuando deseemos escuchar otra melodía. Así podremos convivir cantando en un
mundo más amoroso y más generoso. Que nuestras canciones se respeten y que
nuestras vidas se enriquezcan en las similitudes y en las diferencias.
TE REGALO LA MÚSICA, ME DEJO LA LETRA.
INSPIRARTE
2019
Festival
de las colectividades – Alta Gracia
Escribe:
Fernando Medeot
Artista
Plástica: Mariana González
----------------------------------------
Lo
confieso, no soy un amante de la música. La escucho, la percibo, me moviliza,
pero nunca le di demasiada importancia. Jamás podría diferenciar un Mi Bemol de
un Re Sostenido. Carezco de oído musical y siempre me sorprende la gente que
realmente vive con y para los sonidos combinados, incluso más allá del sentido
comercial que asume la mayoría de las veces.
Insisto,
valoro la existencia de la música, admiro a quienes la hacen y a quienes la
disfrutan, pero en ninguna etapa de mi vida generó en mí una pasión desbordada.
Tal vez me he perdido algo, pero a esta altura...
Sin
embargo, amo las letras de las canciones. Un tema bien escrito es capaz de
producirme sensaciones que cuesta explicarlas. Por lo general, me gustan al
margen de la música misma, me encanta leerlas escritas en papel o en la
pantalla luminosa de una computadora. Si adhiero a la propuesta, si realmente
me devora el contenido, las convierto en algo muy mío que protejo del paso del
tiempo, con el único recurso de guardarlas en mi mente. Es como si fuese un
astrónomo que en lugar de analizar los planetas, solo me dedicara a investigar
sus lunas. Tienen el encanto, la magia, la frescura que necesito para
inspirarme cada vez que enfrento un día.
Y
en ese tren de enamoramiento de las letras de las canciones, pienso en el
talento de quien escribe esos temas que perduran por encima de los viajes
temporales, de esos poetas que entregan a la humanidad sus generosas vertientes.
Por eso, con sus versos y sus coplas, con su alma de juglar a cuestas, Serrat
siempre vuelve a mi vida. Este afectuoso catalán, que ya superó la cima de los
setenta, me genera una empatía inmediata hacia sus letras. Con todas ellas. Conozco
algo de su historia y sé que es consecuente con las cosas que escribe. Defensor
de la savia vital, del amor, de la libertad, de la amistad por encima de todo.
A
partir de fragmentos de una canción escrita por él, encontré sentido a muchas
cosas que tenía girando en mi cabeza. Logré acomodar ideas, perfilar
sentimientos y disfrutar lo que la vida me estaba entregando. “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene
es remedio”, dice en una de sus bellísimas creaciones. Como dije antes, yo
prescindo de la música, me quedo con la luna de su letra.
Esa
frase es tan profunda en lo que enuncia, como en el universo que deja abierto para
que los sentidos bailen. Aunque suene simplista, ella me ayudó a eclipsar muchos
miedos que vagaban por mi mente y encontrar una vía de escape donde la libertad
y el amor iban de la mano. Tomando la veracidad por encima de las excusas, de
los titubeos, de las dudas, aprendí a ser libre de la cabeza, viviendo con
intensidad mis secretos y perdonando los errores sin memoria.
Me
ayudó a encontrar al amor de mi vida, hurgando entre los recuerdos, luchando
para que el remedio que clama esa verdad me permitiese redescubrir a esa
persona de la que, por el devenir caótico y desordenado de la vida, me había
alejado. Superando las distancias de las diferencias y con la franqueza como
estandarte, pude derribar muros y achicar los espacios que me separaban. Esa parte
de una canción, esa frase minimalista fue un estímulo para que la imaginación
hiciera el resto. Encontré el amor para siempre y por fin me sentí libre, de
libertad absoluta.
A
veces la realidad puede ser más simple de lo que uno imagina. La simplicidad puede
estar agazapada tras la letra de una melodía. Basta encontrar el disparador que
active su ritmo y, con música o sin ella, las cosas se acomodan. Como los
melones en el carro.
Escrito en la edición
de “Inspirarte” / 04/02/19 / Espacio Cultural Encuentro de Colectividades Alta
Gracia / Artista plástica: Mariana González
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