Estaba oscuro. El lugar era oscuro. Obviamente no podía
prender una luz, una linterna, ni siquiera un celular, el celular que había
dejado en el auto. Me arrastre como pude por ese túnel pegajoso, sucio,
asfixiante. Antes de venir, cuando lo estábamos planeando ese había sido uno de
los temas que me tenía preocupado. Meterme por ese túnel, que no conocía, pero
imaginaba, desagradable, sucio, pegajoso, con basura, ratas y cuarachas. La
realidad ahora me daba la derecha. El tunwl era eso y también mas. Me arrastre
como pude, decía. Atrás mio venia Anibal cumpliendo a rajatabla lo que habíamos
pactado, siguiéndome, sin hacer cuerstionamientos, sin quedarse atrás. Todo iba
como estaba planeado. Entramos al túnel por una de las bocas de ventilación mas
grandeas, la que estaba en el pasillo que dba a la calle Corrientes. A esa hora
había mucha gente, los que volvían a sus casas, y eso me preocupaba en un
principio pero Anibal, tan pragmático como siempre me lo dijo claro “los que
vuelven a esa hora de laburar están quemados, no nos van a ver y si nos ven les
va a importar un carajo”, tal cual. Nos metimos, presentamos la sube, bajamos
la escalera y en uno de los momentos en que pasaba el tren del “A” nos metimos
en la ventilación. Nos miraron dos viejitos, los mire rápido, a los ojos como
desafiándolos y los dos giraron la vista para otro lado.
Nos segiuamos arrastrando por el túnel. Era desagradable
apoyar las manos en el hollín, los papeles pegados, la grasa de la ciudad que
se había juntado toda en esa alcantarilla, pero no quedaba otra, había que
seguir avanzando. Teníamos la indicación precisa de hasta donde debíamos llegar
y hacia alla íbamos. El plan era bastante simple, como todos los que veníamos
ejecutando hasta ese momento con Anibal en esta sociedad tan… especial.
La reunión previa fue en el bar de Cordoba y Florida, en una
de las mesas de abajo, cerca de la ventana, como a las 7 de la tarde, una hora
en la que ya no queda nadie en Buenos Aires, una hora en la que los que quedan
o no tienen donde ir o no quieren llegar a ningún lado. En la mesa ya nos
estaban esperando. Un gordo enorme, pero de verdad enorme, con un pullover de
cuello alto, verde intenso, que lo hacia aparecer como una madeja de lana
gigante o un planeta nuevo por descubrirse. Lo acompañaba una mujer, normal, ni
linda ni fea, normal. De a ratos, según la miraras o según le diera el reflejo
de la luz de los colectivos, se ponía bonita. Igual lo que mas me llamo la
atención de esa reunión fue que estuviera ella, no “ella” precisamente, sino
una mujer. Nunca en estos años me había pasado que una mujer estuviera
encargándome un trabajo, no porque por ser mujer no tuviera necesidad de
nuestros servicios sino porque en la mayoría de los casos preferían “preservar”
su imagen. La cuestión es que nos reunimos ahí . nos invitaron un par de cafes
que preferimos dejar pasar para irnos lo antes posible, no queremos hacer
amigos, queremos hacer plata y para eso necesitamos clientes. Nos plantearon la
“necesidad”, le pusimos un precio que aceptaron , nos dijeron quien era, nunca
preguntamos porque. Nos pasaron por debajo de la mesa la mitad en efectivo y
nos fuimos asi como habíamos llegado, rápido.
Esa reunión termino en hoy, arrastrándonos por el túnel
inmundo este, oscuro, sin ventilación. Para llegar aca al túnel, a hoy, tuvimos
que seguirlo al objetivo un par de días, analizar patrones, definir
trayectorias y cosas por el estilo. Anibal me toco el pie desde atrás, me
detuve.
¿Qué pasa?
Es aca.
¿Estas seguro? Para mi era un poquito mas alla, como dos metros.
No. Es aca – Reafirmo.
Es aca.
¿Estas seguro? Para mi era un poquito mas alla, como dos metros.
No. Es aca – Reafirmo.
Si Anibal decía que era “ahí”, era ahí. Tenia defectos pero
la capacidad de ubicarse no era uno de ellos. Le hice caso y me detuve, empece
a mirar, sin luz, como estábamos. 50 o 60 centimetros mas alla teníamos una
rejilla pequeña del tamaño de una baldosa. Me acerque y con el filo de una
cuchilla que llevaba la saque. En ese momento paso el tren “A” que iba a la
Plaza de Mayo, el ruido fue terrible, atronador y la estructura del túnel
comenzó a moverse y temblar. Cuando volvió la calma le dije a Anibal que me
alcanzara la pistola.
- Te falto el silenciador…
- Disculpa – me dijo y le devolví el arma para que la completara.
En ese instante llego el tren que iba a Congreso e inundo el lugar con un ruido terrible. Me tape los oídos, cerre un poco los ojos y de pronto vi que el objetivo aparecia en el momento justo, en el lugar que teníamos previsto, un poquito mas a la derecha de la ventilación en la que estábamos espiando, me desespere, teníamos un segundo, apenas.
- ¡Anibal! – grité y no me escucho.
Silencio y estruendo del tren.
- ¡Anibal, escúchame aunque haya ruido! – imploré desesperado como si eso tuviera sentido. Anibal no me escucho pero igualmente me paso la pistola, ahora con el silenciador puesto. Rápido la cargue y asome el caño por la ventilación y no encontré el objetivo, el tipo se había ido… por un segundo me desespere y el alma me volvió al cuerpo cuando lo vi cerca de un cesto de basura tirando un papel, algo sin sentido. Triste ultimo acto ese, pensé. Apunte y dispare. Lo vi caerse y en un segundomas note que no se movia. Nadie reacciono, todavía no habian tenido tiempo. El tren se fue.
- ¡Dale Anibal, vamos! – dije sin mirar.
me di vuelta y no estaba Anibal, no había luz, estaba oscuro, no había sonidos, no estaba Anibal. Me di vuelta como pude en el túnel mugriento, re rasgue el pantalón, con un borde de chapa, me puse a retornar como podía con esa asquerosidad, seguro de que había cumplido con mi objetivo, que el disparo había sido limpio, que la muerte había sido instantánea. Avance por el túnel sin encontrar a Anibal, no estaba en ninguna parte, no podía pensar que se hubiera asustado, habíamos hecho esto un monton de veces, se habría sentido mal, pensé, hasta llegue incluso a pensar que había salido desesperado al baño. Segiu avanzando por el túnel hasta que sentí como si la piel del cuello me quemara con una brasa caliente. Fue instantáneo, me lleva la mano al cuello y sentí el liquido caliente que brotaba y sin ver reconoci como mi sangre. Intente avanzar un poco mas y apenas pude seguir unos metros. Cai sobre la mugre detestable de ese túnel cerca de otra rendija de ventilación. Juro que lo via Anibal abrazarlo amistosamente al gordo de pullover verde mientras miraban a la policía llegar hasta el cuerpo inmóvil. Me horrorice, sentía las fuerzas escaparse de mi cuerpo y al mismo tiempo imaginaba el complot, la traición que no había sabiado ver. Yo que todo creía saberlo, yo que todo podía esperarlo estaba ahora muriendo, en ese túnel, sucio, mugriento, que había imaginado un tiempo atrás, que había temido un tiempo atrás.
- Te falto el silenciador…
- Disculpa – me dijo y le devolví el arma para que la completara.
En ese instante llego el tren que iba a Congreso e inundo el lugar con un ruido terrible. Me tape los oídos, cerre un poco los ojos y de pronto vi que el objetivo aparecia en el momento justo, en el lugar que teníamos previsto, un poquito mas a la derecha de la ventilación en la que estábamos espiando, me desespere, teníamos un segundo, apenas.
- ¡Anibal! – grité y no me escucho.
Silencio y estruendo del tren.
- ¡Anibal, escúchame aunque haya ruido! – imploré desesperado como si eso tuviera sentido. Anibal no me escucho pero igualmente me paso la pistola, ahora con el silenciador puesto. Rápido la cargue y asome el caño por la ventilación y no encontré el objetivo, el tipo se había ido… por un segundo me desespere y el alma me volvió al cuerpo cuando lo vi cerca de un cesto de basura tirando un papel, algo sin sentido. Triste ultimo acto ese, pensé. Apunte y dispare. Lo vi caerse y en un segundomas note que no se movia. Nadie reacciono, todavía no habian tenido tiempo. El tren se fue.
- ¡Dale Anibal, vamos! – dije sin mirar.
me di vuelta y no estaba Anibal, no había luz, estaba oscuro, no había sonidos, no estaba Anibal. Me di vuelta como pude en el túnel mugriento, re rasgue el pantalón, con un borde de chapa, me puse a retornar como podía con esa asquerosidad, seguro de que había cumplido con mi objetivo, que el disparo había sido limpio, que la muerte había sido instantánea. Avance por el túnel sin encontrar a Anibal, no estaba en ninguna parte, no podía pensar que se hubiera asustado, habíamos hecho esto un monton de veces, se habría sentido mal, pensé, hasta llegue incluso a pensar que había salido desesperado al baño. Segiu avanzando por el túnel hasta que sentí como si la piel del cuello me quemara con una brasa caliente. Fue instantáneo, me lleva la mano al cuello y sentí el liquido caliente que brotaba y sin ver reconoci como mi sangre. Intente avanzar un poco mas y apenas pude seguir unos metros. Cai sobre la mugre detestable de ese túnel cerca de otra rendija de ventilación. Juro que lo via Anibal abrazarlo amistosamente al gordo de pullover verde mientras miraban a la policía llegar hasta el cuerpo inmóvil. Me horrorice, sentía las fuerzas escaparse de mi cuerpo y al mismo tiempo imaginaba el complot, la traición que no había sabiado ver. Yo que todo creía saberlo, yo que todo podía esperarlo estaba ahora muriendo, en ese túnel, sucio, mugriento, que había imaginado un tiempo atrás, que había temido un tiempo atrás.
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