Inspirarte 2019
Feria Internacional del Libro de
Buenos Aires
Sala Cortázar - 11 de mayo
Escribe: Luis Carranza Torres
Pinta: Enrique Llorens
Tema: Sin filtro.
Lo
que también dejan los libros
Ella
es así, sin filtros. Directa, frontal. Espera que la valoren por lo que es y no
por como parece exteriormente. Sin éxito, la mayoría de las veces.
No
tener filtro es vivir en estado puro. Sin reservas, sin disimulos.
La
mayoría no la entiende, ni ella pretende que lo hagan. Vive como cree y hace lo
que siente, lo que le gusta. Lectora voraz, cada año tiene una cita en ese
lugar que aprendió a querer como suyo. Un universo de libros, de lectores ávidos.
Allí
empieza, muy concentrada a vagar entre los pasillos y mesas de libros. Como de
costumbre, no sabe muy bien por dónde empezar. Son tantos lo que le llaman la
atención.
Camina
por los distintos corredores, va y viene, se pierde en un eterno contemplar de
libros. De observar portadas y analizar contratapas.
Se
acerca con interés a muchos sitios, pero reserva un tiempo para ir al stand de
esa editorial que edita a uno de sus autores preferidos. No es la primera ni va
a ser el última de esa tarde, sola y a sus anchas, en la Feria.
Ella
no sale mucho, aunque sus amigas le insistan. Se los dice sin filtro, a pesar
de todo lo que la presionen. No le atrae demasiado y no cree que vaya a
encontrar allí algo que valga la pena. Prefiere quedarse viendo una buena peli
o, mejor aún, leyendo un buen libro.
Sí,
es rara. Así le dicen todos quienes la conocen un poco; alguna vez de frente y
muchas otras por detrás. Ella misma lo reconoce para sus adentros. Y no se
cuida de reconocerlo. Sin filtro, prefiere ser distinta a sus anchas que igual
a muchos otros en un formato de vida que no le resulta cómodo.
Parece
seria, reservada. Algunos dicen que siempre está como enojada. Nada que ver. En
realidad, busca preservarse. Ya se ha peleado con bastante gente, por carecer
de filtro. Está cansada que le recuerden cada cinco minutos que no encaja
demasiado con el mundo en el que le ha tocado en suerte vivir. Lo banal, lo
pasajero, el hedonismo siempre necesitado de cuotas mayores de placer, y el vivir
siendo ciento por ciento autorreferencial no va con ella.
Tiene
amigas, pocas. No se vincula con cualquiera y espera mucho de la amistad. Se
reúne con ellas por gusto y no por obligación. Sabe que la quieren aunque no
terminen de entenderla. Por eso, soporta estoicamente los consejos de vida que
le dan, sin que ella se los pida. Salir más o vestirse distinto, con más color
o mostrando un poco más, son algunos de ellos. Más necesidad de autocontrol
tiene cuando quieren cambiarle el “look”, cortándole el pelo, aconsejándole que
se desgaste las puntas, insistiendo para que se maquille para salir, o que use
un color de labios rojo profundo.
No
tiene los mismos gustos de los otros. Y disfruta de estar sola, con ella misma.
Porque no tiene que explicar nada sobre lo que es.
Pocas
cosas en su vida le atraen como la feria del libro en la Rural. Apenas el año
va tomando fuerza, a la vuelta de las vacaciones, también comienza para ella, a
la par de retomar sus obligaciones, a ver cuándo será este año.
Durante
los días que esté va a ir, al menos, tres y hasta cuatro veces. Si puede, la
primera es el mismo día que abre. No se pierde un lugar para ir, recorre todos
los pabellones y siempre encuentra algo nuevo para ver.
Puede
que vaya a escuchar a algún autor que le interese. Sacarse una foto con
Pérez-Reverte, conversar tres minutos con él ha sido siempre una gloria.
Atento, profundo, de buena onda. Ojalá los jóvenes de su edad fueran así.
Conversaría más y leería menos.
Vive
su belleza como una maldición. Si no fuera tan llamativa, si no tuviera los
ojos verdosos, si el cabello no tuviera ese color miel, encima brilloso, podría
pasarla mucho mejor. No repararían en ella el aluvión de lanceros, babosos y
otros desubicados que se sienten con derecho a incomodarla, en donde sea, para
que les lleve el apunte. Que vienen a interrumpirla en lo que sea que esté
haciendo con esos chistes tontos, de doble sentido e invitaciones interesadas.
Que no pueden dirigirle una mirada, decir dos palabras, sin que aparezca la
palabra sexo como un neón en el rostro.
Por
eso se esconde, detrás de un par de lentes en lugar de usar los de contacto y
lleva atado, muy firme, hacia atrás el cabello. Por lo mismo prefiere estar,
una tarde de sábados, entre libros antes que tomando algo con un ser ubicado en
las antípodas de ella. Va de tapa en tapa de libro, invariablemente tomándolos
para leer la contratapa y decidir si lo abre o no. La mayoría de las veces, lo
hace y salta de una página a otra leyendo alguna parte. O, si la engancha, el
observar las primeras líneas se transforma en haber devorado, de parada y con
el mundo a su alrededor detenido, todo un prólogo o primer capítulo.
Está
en eso, cuando una voz joven, masculina, le pregunta por el libro que leyendo,
si le gusta. Le parece raro que alguien le venga con eso, aunque no la molesta.
—Parece
interesante—le contesta sin levantar la vista del texto.
Iba
a quedar en eso la respuesta, pero agrega que creía haber leído todo de ese
autor y no conocía que hubiera escrito ese.
—Es
de los primeros que escribió, cuando todavía era reportero. Lo iba a publicar
por entregas en el diario El País, pero finalmente la editorial decidió
lanzarlo como una novela corta.
Al
levantar la vista, descubre a un joven flacucho, alto, de cabello oscuro
cayéndole en jopo sobre la frente y pequeños lentes de montura metálica
cuadrangulares. Un poco grandes para el rostro que tiene.
—A
mí también me gusta Pérez-Reverte—le dice.
Cierra
el libro y conversan un poco más. Parece que ha dado con alguien tan devoto y
entusiasta de los libros como ella. Le sonríe, sin proponérselo.
Tal
vez, solo tal vez, haya encontrado a un ser tan directo como ella. Sin filtro
para decir ciertas cosas, de buenas a primeras. Cosas que nadie diría, por el
temor de ser encasillado como alguien distinto o incomprensible.
Entonces
se descubre esperando, con creciente ansia, a que él le sugiera seguir la
charla con un café de por medio. Decide también que, si así no se diera pronto,
aguardará el momento propicio para sugerirlo, sin quedar en demasiada
evidencia.
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