Esta vez el tema elegido por el público para que los artistas improvisaran fue: "Bolsa de Nylon", tema dificil, inesperado pero muy divertido. Como siempre el publico elige entre seis temas propuestos, completamente diferentes, para que el mas votado se convierta en la fuente de "inspiración" de todos.
Les dejamos los textos que se crearon y las obras que se pintaron.
sábado, 26 de enero de 2019
Improvisacion de Marcelo López - Parador Zebra Beach By Caras - 4 enero 2019
Inspirarte Zebra Beach
Marcelo Lopez
Mariana Gonzalez
Tema: Bolsa de Nylon
Sabes porque se llama así esto?
No, ni idea, podes dejarte de joder y seguir con lo tuyo?
Se dio vuelta y volvió a lo que estaba haciendo. Yo seguí con lo mío.
Lo íbamos recortando como podíamos, con lo que teníamos a mano, era todo un enchastre, horrible, pegajoso, anacrónico.
Luis…
Que? – Deje de hacer lo que estaba haciendo y lo mire.
Luis…
Que? – Le pregunté de nuevo.
No, te decía… sabes porque se llama así esto?
Carlos, mi vecino, el que me lo había recomendado a Cesar me había dicho que el tipo no tenia muchas luces pero era fiel, buen tipo, bah… obediente, que era lo que yo necesitaba… pero la verdad es que resultó ser un pesado.
Podes seguir en lo tuyo? Tenemos que terminar, tenemos que irnos a la mierda!
Me miro y casi me dio lastima… en otro contexto, en otro lugar…capaz que le preguntaba o mejor dicho le daba el gusto “a ver contame, porque se llama así”, pero ahora no daba, no había forma.
Seguí con lo mío, separando, trozando, poniendo en bolsas. Mire el reloj, eran las 2 apenas pasadas, las nubes habían dejado ver la luna enorme que se colgaba del cielo, bien arriba. Podia verla desde la ventana que había quedado abierta después de que forzaramos la celosia.
Como vas con eso? – Le pregunte.
No contesto.
Lo mire, no tenia sentido pero a lo mejor se había ido, que se yo… el tipo era bueno pero también era un pelotudo. Seguía ahí, como compenetrado, sin que le importara demasiado lo que le había encargado.
Eh!, como vas con eso? – repetí.
Bien!, bien… no te decía nada para no molestarte…
Me molestas cuando me queres contar algo que no tiene nada que ver, cuando me distraes, cuando me queres contar una boludez… - Otra vez me dio lastima como lo trate pero preferí no aflojarle, teníamos que terminar rápido, irnos, Salir.
Seguimos en silencio un ratito más. Unos segundos después lo escuche carraspear, así a propósito como si pidiera permiso. Baje los brazos, levante la cabeza.
No es una boludez.. y tiene que ver… - Dijo tímido.
Ah no! ¿Me estas cargando? Concentrate en lo tuyo por favor! ¡Tenemos que irnos de aca ya!
Volví a lo mío, ya me quedaba menos. Lo mire de reojo y el se puso a terminar lo suyo.
Afuera la luna seguía enorme y por momentos me parecía que estaba espiando.
Termine con lo mío, 9 bolsas.
Lo de esa noche había terminado mal, había empezado como un encargo simple, se había ido complicando y al final terminamos de la peor forma, esa que no me gustaba a mí. Violenta, terminal, eficiente, pero por sobre todo exigente. Exigente porque no podían quedar huellas, rastros, cabos sueltos, había que pensarlo todo. La forma que me gustaba hacer mi trabajo era la expeditiva, la simple, esa que trabaja más con la lógica que con el desprecio, pero bueno, uno siempre puede elegir lo que hace y menos como lo hace.
Lo mire de costado, iba lento, pero avanzaba. Miré el reloj, 2 y 32, capicúa, pensé. Un modesto capicúa de 3 números.
Martin? – lo llame por su nombre esta vez, quizás porque me había dado lastima antes como lo había tratado, apurado por el stress y la presión.
Se dio vuelta y me miro. Tenia las manos rojas y la frente también, se debía haber pasado la mano por la cara sin darse cuenta.
SI? – pregunto.
YA estás?
Ah… - dijo como sorprendido- pensé que me ibas a preguntar, que ahora si querías saber…
Me pare y camine hasta el que seguía ahí al lado de la mesada de la cocina. NO podía creerlo, este tipo era un pelotudo, no había otra.
Me estas jodiendo? – me miro, no entendía, era un pelotudo- Tenemos que irnos campeón! Tenemos que irnos a la mierda ya!
No, ya se…solamente…
Martin!, la puta madre! Acabamos de matar un tipo, lo estamos reduciendo, digamos, y vos me pedis que te pregunte o no se que carajo… me estas cargando?
No, no, no te calentes… ya, ya termino.
Me volví a donde estaba y empecé a subir las bolsas al auto, no sabia que o como íbamos a hacer después pero teníamos que irnos. Lo mire a Martin y estaba terminando ya. Estuve tentado, lo confieso, de dejarlo ahí, a pata, en medio del quilombo ese con la bolsa de nylon que le quedaba, con una mano creo que era. Estuve tentado pero siempre fui un buen tipo en el fondo, por mas que me dedicara a esto, a apretar gente, a pegarle a señoras o abuelos con bastón o pendejos facheros, siempre fui un sentimental.
Dale Martin! – le grité- veni, vamos, tenemos que irnos.
Se levanto con las dos bolsas que tenia al lado y camino rápido hasta mí, salimos. La luna estaba gigante, más aún de lo que se veía de adentro, fuimos hasta el auto y pusimos todo en el baúl. Me subí y encendí el auto, sin prender las luces. Martin no subía, mire hacia atrás y seguía parado al lado del baúl. Confirmado, el tipo era un pelotudo, importante.
Me bajé, el auto en marcha. Lo mire como preguntándole que esperaba. Me miró y no entendía. Le hice un gesto con la cabeza como si lo invitara a bailar en los años 50. Ahí le cayo la ficha y salió apurado al lado del acompañante y se metió en el auto como si fuera un chico de 5 años.
Arranque silencioso, despacio, el camino era de tierra y estaba hecho pedazos, fuimos silenciosos hasta la ruta, subimos al asfalto y prendí las luces. Seguimos callados, los dos.
Doble en un desvió a la derecha y desde ahí bajamos una pendiente enorme hasta llegar a una curva grande que balconeaba hacia un bosque de eucaliptos. Pare, apague las luces y esperamos unos segundos en silencio por las dudas viniera alguien.
Le hice señas a Martin y bajamos, abrí el baúl y empezamos a tirar, a desparramar, las bolsas de nylon con los restos del deudor ese que no quería pagar no se que cosa. Terminamos y subimos, todo en silencio.
Volví a la ruta, prendi las luces y avanzamos un rato mas camino a la ciudad.
Martin… - ya mas distendido me afloje y quise darle pie a que terminara eso que quería contarme, hacerlo sentir bien de alguna forma- contame, que significa…
Me miro fijo, pensé que iba a pegarme pero fue solo por la oscuridad, la luz de frente de un auto me mostro que me miraba con ojos extrañados, absortos.
Contame, dale?
se hizo silencio, tome una curva grande, después una recta larga.
Lo mire de reojo, como pude. Martin miraba la ruta. Se habría ofendido?, pensé.
Martin, contame…
Que cosa queres que te cuente?
Acelere a fondo, apreté el acelerador hasta que el auto pidió por favor.
No, ni idea, podes dejarte de joder y seguir con lo tuyo?
Se dio vuelta y volvió a lo que estaba haciendo. Yo seguí con lo mío.
Lo íbamos recortando como podíamos, con lo que teníamos a mano, era todo un enchastre, horrible, pegajoso, anacrónico.
Luis…
Que? – Deje de hacer lo que estaba haciendo y lo mire.
Luis…
Que? – Le pregunté de nuevo.
No, te decía… sabes porque se llama así esto?
Carlos, mi vecino, el que me lo había recomendado a Cesar me había dicho que el tipo no tenia muchas luces pero era fiel, buen tipo, bah… obediente, que era lo que yo necesitaba… pero la verdad es que resultó ser un pesado.
Podes seguir en lo tuyo? Tenemos que terminar, tenemos que irnos a la mierda!
Me miro y casi me dio lastima… en otro contexto, en otro lugar…capaz que le preguntaba o mejor dicho le daba el gusto “a ver contame, porque se llama así”, pero ahora no daba, no había forma.
Seguí con lo mío, separando, trozando, poniendo en bolsas. Mire el reloj, eran las 2 apenas pasadas, las nubes habían dejado ver la luna enorme que se colgaba del cielo, bien arriba. Podia verla desde la ventana que había quedado abierta después de que forzaramos la celosia.
Como vas con eso? – Le pregunte.
No contesto.
Lo mire, no tenia sentido pero a lo mejor se había ido, que se yo… el tipo era bueno pero también era un pelotudo. Seguía ahí, como compenetrado, sin que le importara demasiado lo que le había encargado.
Eh!, como vas con eso? – repetí.
Bien!, bien… no te decía nada para no molestarte…
Me molestas cuando me queres contar algo que no tiene nada que ver, cuando me distraes, cuando me queres contar una boludez… - Otra vez me dio lastima como lo trate pero preferí no aflojarle, teníamos que terminar rápido, irnos, Salir.
Seguimos en silencio un ratito más. Unos segundos después lo escuche carraspear, así a propósito como si pidiera permiso. Baje los brazos, levante la cabeza.
No es una boludez.. y tiene que ver… - Dijo tímido.
Ah no! ¿Me estas cargando? Concentrate en lo tuyo por favor! ¡Tenemos que irnos de aca ya!
Volví a lo mío, ya me quedaba menos. Lo mire de reojo y el se puso a terminar lo suyo.
Afuera la luna seguía enorme y por momentos me parecía que estaba espiando.
Termine con lo mío, 9 bolsas.
Lo de esa noche había terminado mal, había empezado como un encargo simple, se había ido complicando y al final terminamos de la peor forma, esa que no me gustaba a mí. Violenta, terminal, eficiente, pero por sobre todo exigente. Exigente porque no podían quedar huellas, rastros, cabos sueltos, había que pensarlo todo. La forma que me gustaba hacer mi trabajo era la expeditiva, la simple, esa que trabaja más con la lógica que con el desprecio, pero bueno, uno siempre puede elegir lo que hace y menos como lo hace.
Lo mire de costado, iba lento, pero avanzaba. Miré el reloj, 2 y 32, capicúa, pensé. Un modesto capicúa de 3 números.
Martin? – lo llame por su nombre esta vez, quizás porque me había dado lastima antes como lo había tratado, apurado por el stress y la presión.
Se dio vuelta y me miro. Tenia las manos rojas y la frente también, se debía haber pasado la mano por la cara sin darse cuenta.
SI? – pregunto.
YA estás?
Ah… - dijo como sorprendido- pensé que me ibas a preguntar, que ahora si querías saber…
Me pare y camine hasta el que seguía ahí al lado de la mesada de la cocina. NO podía creerlo, este tipo era un pelotudo, no había otra.
Me estas jodiendo? – me miro, no entendía, era un pelotudo- Tenemos que irnos campeón! Tenemos que irnos a la mierda ya!
No, ya se…solamente…
Martin!, la puta madre! Acabamos de matar un tipo, lo estamos reduciendo, digamos, y vos me pedis que te pregunte o no se que carajo… me estas cargando?
No, no, no te calentes… ya, ya termino.
Me volví a donde estaba y empecé a subir las bolsas al auto, no sabia que o como íbamos a hacer después pero teníamos que irnos. Lo mire a Martin y estaba terminando ya. Estuve tentado, lo confieso, de dejarlo ahí, a pata, en medio del quilombo ese con la bolsa de nylon que le quedaba, con una mano creo que era. Estuve tentado pero siempre fui un buen tipo en el fondo, por mas que me dedicara a esto, a apretar gente, a pegarle a señoras o abuelos con bastón o pendejos facheros, siempre fui un sentimental.
Dale Martin! – le grité- veni, vamos, tenemos que irnos.
Se levanto con las dos bolsas que tenia al lado y camino rápido hasta mí, salimos. La luna estaba gigante, más aún de lo que se veía de adentro, fuimos hasta el auto y pusimos todo en el baúl. Me subí y encendí el auto, sin prender las luces. Martin no subía, mire hacia atrás y seguía parado al lado del baúl. Confirmado, el tipo era un pelotudo, importante.
Me bajé, el auto en marcha. Lo mire como preguntándole que esperaba. Me miró y no entendía. Le hice un gesto con la cabeza como si lo invitara a bailar en los años 50. Ahí le cayo la ficha y salió apurado al lado del acompañante y se metió en el auto como si fuera un chico de 5 años.
Arranque silencioso, despacio, el camino era de tierra y estaba hecho pedazos, fuimos silenciosos hasta la ruta, subimos al asfalto y prendí las luces. Seguimos callados, los dos.
Doble en un desvió a la derecha y desde ahí bajamos una pendiente enorme hasta llegar a una curva grande que balconeaba hacia un bosque de eucaliptos. Pare, apague las luces y esperamos unos segundos en silencio por las dudas viniera alguien.
Le hice señas a Martin y bajamos, abrí el baúl y empezamos a tirar, a desparramar, las bolsas de nylon con los restos del deudor ese que no quería pagar no se que cosa. Terminamos y subimos, todo en silencio.
Volví a la ruta, prendi las luces y avanzamos un rato mas camino a la ciudad.
Martin… - ya mas distendido me afloje y quise darle pie a que terminara eso que quería contarme, hacerlo sentir bien de alguna forma- contame, que significa…
Me miro fijo, pensé que iba a pegarme pero fue solo por la oscuridad, la luz de frente de un auto me mostro que me miraba con ojos extrañados, absortos.
Contame, dale?
se hizo silencio, tome una curva grande, después una recta larga.
Lo mire de reojo, como pude. Martin miraba la ruta. Se habría ofendido?, pensé.
Martin, contame…
Que cosa queres que te cuente?
Acelere a fondo, apreté el acelerador hasta que el auto pidió por favor.
El tipo era un pelotudo…
N del A: Nylon – New York – London.
Improvisacion de Luis Carranza Torres - Parador Zebra Beach by Caras 4 enero 2019
Una
bolsa de Nylon para no dejar rastros
Escritor: Luis Carranza Torres
Artista: Carlos Vidal Aguirrebengoa
Artista: Carlos Vidal Aguirrebengoa
Parpadea,
un par de veces, hasta finalmente ajustar la mirada. Sin volver a la total
conciencia, cae en la cuenta que ya está en el ese tiempo en que pelean la
noche y el día, a fin de dirimir predominios. Son las primeras horas de luz de
una mañana en una primavera que se resiste a concluir, perfectamente a tono con
lo animado de su espíritu horas antes, cuando no había sol.
Le
cuesta despertar, salir de su letargo. Supone que por el alcohol que todavía
permanece en él. El lado alegre de la bebida ha pasado, pero los pesares que se
acarrean luego, hijos del exceso, permanecen firmemente intactos.
A
la primera luz del día, la realidad circundante toma forma. Por el ventanal de
cortinas entreabiertas, más allá de donde se halla acostado, se cuela,
triunfante, casi exhausta por la lid contra las sombras, la primera luz de la
mañana.
Se
sienta en la cama, con la cabeza martillándole y un gusto muy ácido en la boca.
A un lado suyo, contra la luz que entra cada vez más firme desde el muro hecho
en vidrio, se recorta contra el amanecer, la figura de una mujer desnuda, duerme,
pétrea, de lado y espaldas. Con el cabello entre cobrizo y color fuego,
bajándole, despeinados, en largos
tirabuzones como una cascada. Un contorno de cuerpo y espíritu que se le antoja
conocido. Un territorio de ansia y un ardor que reposa finalmente, exhausto,
luego de haberlo dado y obtenido todo.
En
derredor de la cama, a lo largo y ancho de todo el departamento, cuyas formas
sin cada vez más claras, se hallan desparramados los restos de los elementos
que integraron el contexto de esa dicha nocturna. Una variada colección de
ropa, botellas, envases de comida, bebida, perfumes, velas e inciensos.
Como
puede, se levanta. Sin el paso demasiado firme, saca del cajón de la mesa de
luz donde la ha dejado a resguardo, la bolsa de nylon del súper que siempre
trae consigo en este tipo de acontecimientos nocturnos. Y comienza a juntar,
una a una, los restos de esa noche.
Desde
la gran ventana comienzan a llegarle los ruidos de una ciudad que trata, espasmódicamente
como él, de terminar de despertarse y comenzar el día.
Para
cuando la despierte a ella y le diga que tienen que irse, todos los restos de
la diversión nocturna estarán dentro de esa bolsa. Pulcro y metódico, pese al
dolor de cabeza y la acidez que no mengua, nada revela ahora lo que han llevado
a cabo de a dos, en la noche profunda que ya es un recuerdo.
Todo
en el departamento vuelve a ser como antes que entraran allí.
El
último paso, antes de ocuparse de ella, es tirar la bolsa por el montante de
residuos. Ahora no quedan restos de nada. Como si nunca hubieran estado ahí. Y
la Colo va a quedarse, otra vez, con su pregunta de siempre sin respuesta
alguna, sin saber por qué es que él siempre viene a esos encuentros con una
bolsa de nylon.
No
va a contestársela, tampoco esta vez. Son explicaciones que necesariamente
conducen a tener que dar otras que no quiere.
Aunque
nunca vaya a decírselo, uno debe borrar por entero, irrevocable y
completamente, las pruebas de su felicidad en ese sitio.
Sobre
todo si quiere volver a poder tenerla allí.
Más
aun si es el departamento de la hermana que usa sin que la susodicha tenga
noticia alguna. Y, peor todavía, si la Colo piensa que es suyo.
Por
eso, el por qué siempre anda o tiene una bolsa de nylon seguirá siendo, respecto
de ambas, Colo y hermana, el más cuidado de sus secretos.
Improvisacion de Fernando Medeot - Parador Zebra Beach By Caras 4 enero 2019
Parador
Zebra Beach
Fernando
Medeot
Cecilia
Testa
----------------------------------------
EL
SUEÑO Y LA BOLSA
Esa
mañana, Mariana se levantó con un ligero malestar. No había podido dormir bien,
a pesar de que había tomado su dosis habitual de Rivotril. Algo había alterado
su sueño, provocando una ruptura en el silencio tan sepulcral que caracteriza
ese momento de la vida. Muchas sombras revoloteaban dispersas, formas difusas
que al despertarse no logró identificar.
Despaciosamente,
se acercó a la cocina para preparar su frugal desayuno de cada mañana. Un
saquito de té verde, dos galletas de agua, un chorro de agua hirviendo en el
pocillo que la acompañaba desde cuando estudiaba Bellas Artes en la Figueroa
Alcorta. Lo hacía con la misma pereza con la que el sol asomaba tras la ventana
del patio.
Un
ligero mareo le daba vueltas la cabeza, no lo dejaba pensar con la frescura que
solía tener durante sus mañanas. La muestra de pintura que debía presentar en
el Buen Pastor estaba cada vez más próxima y la inspiración tardaba en llegar,
pero en ese momento no era su principal preocupación. Solo quería recordar el
mal sueño, esas formas tan anacrónicas que le costaba recordar.
Entonces
hizo lo que siempre solía hacer en casos similares, donde las dudas superaban a
las certezas: buscó su ajada bolsa de nailon que tenía en el atelier y la llevó
consigo hasta el desayunador. La abrazaba de la misma manera que un niño se
pega a su muñeco de peluche o como si fuese una mascota que emitiría algún sonido
amistoso.
Esa
bolsa tenía una larga historia. Había sido de su madre y vino con la herencia,
en el listado de cosas superfluas que siguen al momento del reparto. Ella, su
madre, tenía la costumbre de guardar allí objetos que tardaban en salir, o
directamente nunca aparecían. La bolsa contenía misterios que nadie se animaba
a develar, secretos de familia, pasiones cruzadas, tensiones acumuladas,
cuestiones personales.
Mariana
se recostó en el viejo sillón del living, sosteniendo con más vigor la bolsa de
nailon. Vaya a saber por qué designio la bolsa se mantenía intacta, siendo de
un material tan frágil. Tal vez eso mismo formaba parte del misterio de su
contenido. Ella introdujo su mano suavemente y comenzó a palpar las cosas que
estaban en su interior. No quería mirar hacia adentro, no lo había hecho nunca,
no sabía que elementos estaban allí dentro. Esta vez tampoco miró, pero cuando
alcanzó ese objeto, comprendió todo.
No
es éste el momento para develar qué había descubierto. Solo Mariana lo
identificó porque estaba ligado con su infancia, cuando ella se escondía bajo
la pollera de su madre, cuando sus miedos afloraban y le modificaban sus
hábitos de niña. Ese objeto le generaba un temor inexplicable, un miedo que la
había perseguido durante toda su vida. Por algo su madre nunca lo mostraba.
Mariana
deconstruyó su sueño y encontró en él, ese objeto bailoteando en medio de
aquellas formas temerosas. Había vuelto el terror. Y ella sabía que su mañana
no había comenzado de la mejor manera.
Inspirarte en Parador Zebra Beach Carlos Paz - 4 Enero 2019
En una tarde con todos los climas, del calor extremo a la lluvia torrencial hicimos realidad el tercer encuentro de InspirARTE, el clima de diversión, improvisación y compañerismo hizo que adentro no nos afectara nada mas que la buena onda. Gracias a todos por acompañar como siempre, gracias a la gente del Parador Zebra Beach by Caras por poner todo y mas a nuestra disposición. Gracias a los artistas que suman y aceptan el desafio:
Veronica FerroMariana Gonzalez
Cecilia Testa
Carlos Vidal Aguirrebengoa
Luis Carranza Torres
Fernando Medeot

domingo, 13 de enero de 2019
InspirARTE Derqui 44 en accion
Un pequeño video de lo que fue la edición del 4 de enero en Derqui 44, llena de vida, llena de improvisacion y repleta de gente. Un encuentro espectacular entre los artistas (Daniela Kaplan, Marcelo Lopez, Graciela Ramos, Fernanda Perez, Cecilia Testa, Laura Sosa Loyola, Mariana Gonzalez y Laura Brizzo) y todo el público que nos acompaño.
El tema elegido por el PUBLICO "Algo así como flotar" fue el puntapie inicial para soñar y crear.
Te invitamos a verlo aqui:
Improvisación Graciela Ramos - Algo así como flotar
Escritora
Invitada: Graciela Ramos
Artista Plastica: Laura Sosa Loyola
Algo así
como flotar
Camino, ¿realmente camino? No lo sé.
Siento que tengo que correr, fuerte, mucho. ¿Acaso me persiguen?
—Quién está
ahí —pregunto. Tengo miedo, mucho.
Corro, corro fuerte.
La oscuridad
me estremece, no me gusta, me siento descubierta, desnuda. ¿La luz, qué pasó
con la luz? ¿Dónde estoy?
Pienso,
tendría que repasar mi día para saber cómo llegué hasta aquí. Me levanté,
temprano, como siempre, el mate, si, recuerdo el mate. Eran las seis de la
mañana. Pero por qué tan temprano si los chicos no van al colegio, están de
vacaciones. Ah, recuerdos, cocinar, tengo que cocinar, vienen todos a casa y yo
tengo que cocinar, me levanto. Me visto. Short, hace calor. Salgo, tengo que
comprar los ingredientes. Y, después, ¿qué hice después? ¿Por qué no puedo
recordar. Hacía calor, eso sí lo recuerdo, mucho calor. Tenía sed, mucha sed…
—Quién anda
ahí, pregunto. Me siento cansada. ¿Qué
me pasa? Acaso me drogaron. Y si me drogaron y ahora no sé dónde estoy… Mis
hijos, mi esposo… Que está pasando… Dios, Virgencita, ayúdame.
Camino, me
tropiezo con algo, siento que mi corazón va a escapar de mi pecho. Nunca en mi
vida había sentido tanto miedo. Mis piernas tiemblan, mis brazos no responden,
me embriaga una sensación oscura. Quiero hablar pero mis palabras no salen,
¿habré muerto? Si estoy muerta esto no es el cielo, ¿estaré en el infierno? Tan
mala he sido en vida… Yo que siempre pensé que era una buena persona, simpática, agradable, linda… Parece
que no. Parece que solo yo pensaba así. Pero si siempre recé, es más a cada uno
de mis libros los encomendé al Sagrado Corazón de Jesús.
-¿Dónde
mierda estás ahora Sagrado? Qué te necesito,
que quiero salir de este infierno que no entiendo…
Por momentos
siento como si estuviera flotando, drogada, estoy drogada, me drogaron. Tengo
que salir. ¿Qué hice después de las compras…? No recuerdo haber regresado a
casa…
Siento voces, se acercan. Dios, estoy aterrada… Estoy muerta, estoy
viva. Bueno si estoy muerta, listo, pero si estoy viva, tengo que seguir viva.
Me siento en
el piso, envuelvo mis rodillas con mis brazos y meto mi cabeza en el medio.
Hago fuerza. Siento nauseas, tengo que levantar la cabeza…
La luz, ¡una luz!
-Aquí grito, estoy aquí, auxilio. No
sé si las palabras salen de mi boca, no las siento.
-Aquí está, dice alguien… Levanto la
vista. La luz no me deja distinguir.
-Te dije papá que mamá está
borracha…
Mi hijo, era
mi hijo. Ah, estoy borracha, entonces ya
no voy a estar asustada, cierro los ojos
y me dejo caer. Algo así como si flotar…
Mi marido me mira, mira a mis hijos.
–Y sí, mamita se tomó un vinito…
Improvisación Fernanda Perez - Algo así como fotar
Inspirarte
Derqui 44
Escritora
invitada: Fernanda Perez
Artista:
Laura Brizzo
Algo así como flotar
Algo así como flotar
Lo supe.
Claro que lo supe. Fue sencillo. Fue como
el rayo de la certeza. Como si se tratara de una verdad que me había sido
confiada hace tiempo pero que no tenía la menor idea que habitaba en mí.
… Extraño
sentirse de esa manera. Extraño vislumbrar por el minúsculo ojal de lo cierto y
de lo incierto.
Fue una
mañana (casi todas las cosas importantes me han sucedido de mañana). No puedo
recordar si hacía frío o estaba cálido. Era agosto. El sol se colaba por la
ventana y yo desperté como si hubiera estado dormida por años. Era algo así
como el despertar de la “bella durmiente”, aunque sin príncipes ni brujas, ni
hadas…
No me
pregunten cómo pero una voz sutil, de las que salen vaya a saber uno de dónde,
me dijo. “Es hora”… Pensarán que estoy loca… A decir verdad siempre lo estuve.
Pero esto era distinto, no había arrojo ni inconciencia. Ni siquiera coraje….
Me levanté
despacio, sin hacer ruido. No quería que él se despertara y rompiera el
hechizo. Se sentía tan bien ese instante.
Caminé hasta
la cocina. Me serví un jugo de frutas y me quedé largo rato mirando la nada, que
en realidad era como mirarme a mí.
Mirarse por
dentro es sentirse al borde del mayor de los abismos…. Y allí estaba yo:
mirando hacía un sitio en el que hacía tiempo no miraba. Podría haber entrado
en un laberinto de preguntas y respuestas, tal vez absurdas, tal vez profundas,
tal vez sinceras, tal vez mentirosas... Pero tantos años de terapia me habían
demostrado que no siempre se llegaba a buen puerto con esa manía de analizarlo
todo. ¡Lacerante razón!
Se acabó el
jugo, el sol se escondió tras una compacta nube blanca y yo dejé de mirar la
nada. Sin embargo seguía atenta a aquello pequeño que yacía dentro. Tan pequeño
que ni siquiera tenía una voz definida.
Volví al
cuarto y como una autómata saqué el bolso, guardé algo de ropa… Él -a medio
dormir- preguntó: ¿qué estás haciendo? Nada, respondí (por dentro me dije que
esa nada lo era todo).
Y en un
tiempo indefinido, fui preparando con tranquilidad mis cosas. Miré de reojo el
stand de los libros y solo tomé uno, poesías de Alejandra Pizarnik. Luego fui
hasta la zona de los CD y me llevé otro. Al pasar por la heladera tomé el anotador
y escribí: “Los tiempos compartidos no han sido del todo buenos. Gracias por lo
poco, no te reprocho lo mucho… Es hora de irme. Sandra”.
Salí casi en
puntas de pie. Cerré la puerta y caminé apresurada hasta el ascensor. Quizás tenía miedo de arrepentirme. Quizás
tenía miedo que la voz tirana que indica lo que se debe y lo que no, acallara a
ese susurro diminuto que me crecía dentro.
Traspasé la
puerta del edificio y lo supe. Ya no regresaría.
Afuera el
sol volvía a salir y yo flotaba. El susurro era un grito que recitaba el verso
de aquel libro de poemas que llevaba como único tesoro… “¡Pero arremete
viajera!”.
Improvisación Daniela Kaplan - Algo asi como flotar
Inspirarte Derqui 44
Escritora: Daniela Kaplan
Artista: Mariana Gonzalez
ALGO ASI COMO FLOTAR
Escritora: Daniela Kaplan
Artista: Mariana Gonzalez
ALGO ASI COMO FLOTAR
Son los caminos, los de la vida… esos que transitamos a
veces elegidos y otras veces sin querer. Son viajes y son transformaciones y… a
veces… ¡nos toca flotar!
Hay viajes seguros. Hay viajes que nos llevan y que
sabemos que nos traen de regreso. Hay viajes inciertos que nos sorprenden y que
nos regalan experiencias para sorprendernos, para descubrir, para descubrirnos
y encontrar terrenos desconocidos. Hay
viajes llenos de ilusión y hay otros en los que la ilusión nos encuentra. ¿Sera
que de eso se trata flotar? No saber, no comprender, no percibir y sin embargo
seguir… seguir caminando, seguir andando, confiando, con entusiasmo y con
convicción por que sabemos que nuestra búsqueda siempre nos llevará a terrenos
que aún no conociendo nos permitirá nutrirnos y hacernos un poquito más sabios.
Sigamos flotando…
Y quizás asì fue el inicio de mi viaje de transformación…
con incertidumbre, desconociendo el destino pero confiando – con fe- que el
puerto iba a ser próspero.
¿Certezas? No las hay. ¡Y que bueno que así sea! La
posibilidad de elegir los caminos, la posibilidad de darnos cuenta que flotar
es genial y que solo cuando nos soltamos a que suceda lo que deba suceder eso
ocurre. En los tiempos precisos pero siempre, siempre ocurre.
A veces nos aferramos a lo que tenemos, creyendo que es
lo único que hay, que es nuestro destino y el miedo nos frena, nos paraliza y
no nos permite ver que el bosque es mucho más vasto que lo que anclados en nuestro árbol vemos y
sentimos. Flotar posiblemente se trate
de soltar el control, de desligarnos de la certeza y de fluir al son del tiempo
y de lo que la vida nos presenta a cada instante. Y es en un instante cuando todo, absolutamente todo, puede transformarse. Es un
click y son varios clicks lo que nos van moldeando y haciéndonos nuestras
versiones. Trabajar por la mejor, me parece, la mejor inversión.
Y seguimos viajando y seguimos flotando y seguimos
encontrándonos con muchos que flotan como nosotros y es que todos vivimos
flotando aunque muchas veces pareciese que nuestra vida está quietita en una
impecabilidad que no existe. Que la impecabilidad implique fluir, que la
impecabilidad implique la coherencia con lo que somos y con lo que sentimos y
que la impecabilidad nos permita seguir flotando..
Y
flotamos como el lotus. Los sedimentos se limpian; florece la vida, florece el amor y florece la
pasión. Florecemos nosotros. Nuestra
existencia y nuestro entorno vibra en otra sintonía y todo cambia de color.
Y en los vínculos también aprendemos a flotar. Porque a
todos nos atraviesan emociones permanentemente, porque un día nunca es igual a
otro y porque encontrándonos también nos vamos moldeando. Y es el otro el que
se convierte en nuestro espejo y viendo a ese otro mejoro en mí lo que hay que
mejorar.
Y flotando no
estamos arriba ni abajo, ¿dónde estamos?
Y no saber dónde estamos a veces es genial. Es un presente que viene
como regalo a mostrarnos las infinitas posibilidades que tiene la vida, las
infinitas posibilidades que tiene cada instante y que todo, absolutamente todo,
es un motivo de gratitud.
Y es nuestro cuerpo el que da señales. Y a veces son
señales que no oímos o que hacemos de cuenta no laten. Darle crédito a los
llamados de nuestra intuición, darle lugar a las incomodidades de nuestro
cuerpo es flotar llegando al puerto de la aceptación y permitirnos trascender
la incomodidad hacia un sitio en el que si decidamos y deseemos habitar.
Flotar, ni bueno ni malo. Es. Existe. Te pasa a vos, me
pasa a mí y nos pasa a todos y está buenísimo que podamos coincidir
compartiendo estas experiencias para nutrirnos entre todos. Y de esto también
se trata la inspiración. Estar en nuestro espíritu y flotar en su
magnificencia.
Que sigamos sintiendo entonces que la vida… ¡es algo así
como flotar!
viernes, 11 de enero de 2019
Improvisacion Marcelo Lopez - Algo asi como flotar
Inspirarte Derqui 44
Marcelo Lopez – Escritor
Cecilia Testa – Artista Plastica
Marcelo Lopez – Escritor
Cecilia Testa – Artista Plastica
Tema: Algo asi como flotar
Morirse debe ser algo así como flotar. Digo… si es posible sentir estando muerto, si es posible pensar cuando estás muerto.
La verdad no sé porque o como llegue a buscar esas ideas, a pensar esas cosas. Pero más que nada me llamo la atención eso de “sentir”.
Hace rato que estoy seguro, casi diría recontraseguro de que a todos nos preocupan, en el fondo las mismas cosas. No la plata, no el amor, no el éxito, ni siquiera el fracaso o la miseria. A todos, en definitiva, nos preocupa lo mismo. Irnos sin poder volver, irnos sin poder sentir, irnos sin poder contarle a nadie.
Morirse debe ser algo así como flotar.
Lo estuve pensado y la verdad es que preferí quedarme con esa idea. Flotar, como se flota en el mar, apenas movido, apenas acunado por el movimiento leve del agua. Flotar como se flota, aunque sea cayendo, desde un avión antes de abrir el paracaídas. No se si es la idea correcta, probablemente no sea asi, en realidad, morirse, pero no importa lo que yo piense… ahora lo que necesito es creerlo. Creer cualquier cosa, lo que me convenga, lo que me anime, lo que me impulse, lo que, paradójicamente, me mantenga vivo en ese camino a tomar una decisión.
Morirse debe ser algo asi como flotar.
-Te parece?
La miré. Me había olvidado que estaba ahí. Yo pensando en lo mio, en como seria morirse, en como se sentiría si eso es posible. No dije nada.
-Te parece? – repitió.
-Si, no se… supongo – Tuve que decir algo o me seguiría preguntando para siempre.
-Para mi morirse es nada.
-Nada? – Pregunte- Como nada?
-y si… nada, te moris y listo, nada, de vos nada, no sentís nada, no sigue nada. Es como apagar el tele dándole un tirón al cable.
Me gusto la idea y me quede pensando. “Morirse es nada”… me gusto la idea de tirar del cable, de apagar la tele, pero no puedo hacerle caso, no me alcanza, no me completa… para mi morirse es como flotar.
- Lo que decis no tiene sentido… - me dijo- cuando te moris se acaba todo, ya no hay nada, al menos para vos.
Siempre era tan racional, siempre tan ubicada en sus pensamientos, con tan poco espacio para ideas absurdas de esas que te ayudan a seguir viviendo.
- No se… no puedo hacerme a esa idea tan cerrada.
- Bueno, también podes creer en otra vida, en despertarte con años en el cuerpo de niño hindu, o ser una flor en el Sahara o una abeja en el jardín de tu vieja… - Se empezó a reir con fuerza, con ganas, sabia cuanto me molestaba eso de hacerme sentir estúpido.
No le conteste. Cuando se ponía asi, lógica, razonable, concreta, me alteraba.
- A lo mejor encontras un lugar en el cielo, o en el infierno…
- Ya sabes que no creo en esas cosas. Que cielo? Que infierno? Yo te hablo de morirse de verdad no de morirse mas o menos, no de morirse ilusionado en algo que no existe…morirse debe ser algo asi como flotar, de eso no me quedan dudas…bah…eso creo.
- Eso queres creer.
Acepte resignado, tenia razón, una vez mas.
- Si, eso quiero creer… Sabes que me dijo Gonzalo hace unos días? – no espere que respondiera, pase a contarle directamente – me dijo que el tiene miedo de morirse y no darse cuenta…
- No darse cuenta?- Me interrumpio.
La miré. Ahora yo tenía la “manija” de la situación y aproveche para hacer un silencio de esos que hacen que se note.
- Si… de morirse y no darse cuenta, de morirse y no poder despedirse de nadie, de no poder mirar, tocar, pensar en nadie, en su gente…
- Eso que te dijo Gonzalo, es como lo que decías recién, la cuestión esa de que todos tenemos miedo de lo mismo…
La miré. Así era, a eso me refería con lo que había dicho. La miré, estaba parada y el viento del acantilado le llevaba los cabellos tan para atrás que podías verle las orejas y la base del cráneo, la nuca. El día se había puesto gris. La altura era enorme, el mar estaba abajo rompiendo pero era casi sordo, apenas un murmullo.
- German -
La mire.
- No se, para mi morirse es nada…
- Para mi morirse es algo asi como flotar…
Me miro, sonriendo, le gustaba hacerme enojar, molestarme, crearme problemas donde no había.
La miré, le apoye la mano en la espalda y le frote muy suave los hombros, le acaricie el pelo y mientras le decía “nada” la empuje al abismo.
Al principio la escuche gritar pero les juro que la vi flotar.
sábado, 5 de enero de 2019
Y llego la segunda edicion!!
EL 4 de Enero se realizo la segunda edición de InspirARTE en Derqui 44, Villa Allende, Córdoba. Un lugar con toda la onda que recibió a nuestro evento con muchísima energía. Un éxito de gente, de participación, de artistas y de momentos vividos.
Esta vez nos acompañaron, como escritoras invitadas:
Graciela Ramos y Fernanda Perez
Las artistas plásticas fueron:
Cecilia Testa, Laura Sosa Loyola, Mariana Gonzalez y Laura Brizzio.
Como siempre la participación de los escritores "residentes" Daniela Kaplan y Marcelo Lopez.
Un agradecimiento muy especial a Tebi, Manager de Derqui 44, por tomar el riesgo y sacarlo adelante.
A Mariana Gonzalez por ponerse la parte artistica al "hombro"
A la gente de Trazzo Lab por poner toda la tecnica al alcance de nuestras manos y expectativas.
A Gauchezco y Cavas del Golf por convidarle a los asistentes con vinos y espumantes riquisimos!!
A Haus Mobel, al Dr., Roberto Martínez Rinaldi y su Clinica Gallia por acompañar la cultura.
Vamos con algunas de las imágenes para empezar
:
Esta vez nos acompañaron, como escritoras invitadas:
Graciela Ramos y Fernanda Perez
Las artistas plásticas fueron:
Cecilia Testa, Laura Sosa Loyola, Mariana Gonzalez y Laura Brizzio.
Como siempre la participación de los escritores "residentes" Daniela Kaplan y Marcelo Lopez.
Un agradecimiento muy especial a Tebi, Manager de Derqui 44, por tomar el riesgo y sacarlo adelante.
A Mariana Gonzalez por ponerse la parte artistica al "hombro"
A la gente de Trazzo Lab por poner toda la tecnica al alcance de nuestras manos y expectativas.
A Gauchezco y Cavas del Golf por convidarle a los asistentes con vinos y espumantes riquisimos!!
A Haus Mobel, al Dr., Roberto Martínez Rinaldi y su Clinica Gallia por acompañar la cultura.
Vamos con algunas de las imágenes para empezar
:
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
#InspiradosEnCasa 2da Edición - Daniela Kaplan - 10 de Abril 2020
#InspiradosEnCasa Tema: Una Copa Vacía Escribe: Daniela Kaplan Pinta: Carlos Vidal Aguirrebengoa UNA COPA VACÍA Estaba desesperado del ...
-
#InspiradosEnCasa Tema: Una Copa Vacía Escribe: Daniela Kaplan Pinta: Carlos Vidal Aguirrebengoa UNA COPA VACÍA Estaba desesperado del ...
-
InspiradosEnCasa 2da. Edición 10/04/20 de abril de 2020 Escribe : Luisa María Ahumada Pinta : Cecilia Testa Tema: Una copa vacía ...
-
Inspirados en Casa 8 al 11 de abril 2020 Escribe: Roberto Lapid Pinta: Mariana Gonzales Tema: Una Copa Vacía La Magia ...






















