Inspirados en Casa
8 al 11 de abril 2020
Escribe: Roberto Lapid
Pinta: Mariana
Gonzales
Tema: Una Copa Vacía
La Magia y la Copa
Es sol desaparecía
tras el quebrado horizonte de montañas. Ese era el momento; Daniel comenzó a
limpiar su único par de zapatos con un trapo húmedo, luego ayudó a Lili, su
hermana pequeña, con la misma tarea.
Corrieron juntos hasta
la sala, dejaron ambos pares de zapatitos relucientes sobre el piso, al lado
del ventanal que daba al jardín. Era noche de Reyes, noche de ilusiones, noche
de magia.
Con esmero Daniel preparó
algo de pasto seco en un plato de loza blanca, también una jarra de agua de
boca ancha, para los camellos; quizás además de hambre tuviesen sed, aunque eso
era algo bastante improbable; su padre le había dicho que los camellos
almacenaban el agua en sus jorobas y podían estar días enteros sin beber.
Con los Reyes el tema
era diferente; en un plato de porcelana colocó galletas, y a su lado una copa
grande con vino, para que la compartieran. Había que recibirlos bien, eran
reyes, y venían repartiendo regalos…
Tras la frugal cena
todos fueron a acostarse, pero Daniel no pegaría un ojo, estaba decidido,
quería ver pasar a esos señores tan arreglados montando sus enormes camellos,
un animal que jamás había visto.
Esperó a sentir los
ronquidos de su padre, se aseguró de que Lili dormía profundo y fue entonces a
apoyarse sobre la pared de la sala, puso una manta en el piso y permaneció mirando
directo hacia el ventanal abierto.
La brisa de verano lo
acariciaba, por momentos sentía que le ganaba el sueño, pero entonces abría los
ojos con fuerza y se desperezaba, luego continuaba con su vigilancia
detectivesca.
Los primeros rayos de
sol dieron directo en su rostro, reaccionó levantándose con un salto. Nada
había al lado de los lustrosos zapatitos. Sintió ruidos y vio entrar a sus
padres, que cargaban dos paquetes.
-
¿Qué
sucede? - preguntó Daniel.
Los papás se miraban
sorprendidos, no esperaban encontrarlo allí al momento de dejar los regalos
junto a los zapatos.
-
Ehhh,
parece que los reyes confundidos dejaron estos paquetes bajo el ventanal del
dormitorio…
Daniel desenvolvió el
que tenía su nombre rasgando el papel madera; se dio con el auto rojo que había
admirado en la juguetería, aquel que pensaba que nunca tendría. A su lado Lili
descubría una muñeca dentro de su paquete.
El entusiasmo le había
hecho olvidar por un instante la misión que se había impuesto. Había estado
despierto la noche entera, era imposible que no hubiera visto pasar a esos
Reyes.
Comenzó una
inspección, debía saber lo sucedido. Encontró el manojo de pasto seco en su
lugar, quizás no les había gustado a los camellos. El agua estaba en la jarra. Poco
quedaba de las galletas, solo un trozo mordisqueado y unas pocas migajas. Que
desprolijos esos Reyes.
Al observar la copa
que les había dejado, notó que estaba vacía, ni una gota del vino.
-
Parece que
los Reyes Magos comieron las galletas y bebieron el vino… aunque no he podido verlos. Es que debe ser
muy fuerte su magia… - dijo Daniel con énfasis – y habrán quedado agradecidos,
además, quizás por eso es que me dejaron el auto rojo…
Ambos padres se
miraban asombrados, ellos no habían tocado nada, no habían bebido nada, pero la copa estaba vacía.
Era un enigma, no
había vino derramado en el suelo, la copa estaba limpia y muy brillante.
El misterio duró poco,
dentro del comedor y un tanto alejado de ellos, Tobi el cachorro de la familia,
caminaba a los tumbos embistiendo patas de mesas y sillas, tropezando con
cuanto obstáculo hubiese frente a él, y además… olía a vino.
Los padres observaban
a Lili, quien montaba una obra de teatro con su muñeca nueva, Tobi dormía una
siesta imprescindible. Daniel parecía estar jugando, con su auto rojo, pero en
realidad fantaseaba pensando en la magia, la magia de los poderosos Reyes
Magos, la magia de la copa vacía, aunque sabía que la verdadera magia era estar
allí con ellos, compartiendo esos días de verano con sus padres y hermana.
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