martes, 22 de octubre de 2019

30 de Mayo - Macro Selecta Rio Cuarto - Marcelo Lopez


InspirARTE 2019
Banco Macro – Rio Cuarto
30 de Mayo 2019
Escribe: Marcelo López
Pinta: Enrique Llorens
Palabras:  MAR – FAMILIA – PASION – DISFRUTAR – PATRIA

Mediodía, el sol está arriba, vertical, mirándonos fijo sin ninguna nube que le tape la vista o modere el calor que derrama. Al fondo el verde de la selva se come la playa que lucha por mantenerse viva entre el agua del mar y esa frondosa masa verde que con cada segundo y gota que cae del cielo parece crecer. No hace calor, en realidad no hace un calor sofocante como uno podría suponer si la imagen que les cuento fuera una postal, una foto o un fotograma de un video de celular. La temperatura es suficiente como para que el día sea placentero y el agua transparente del mar se transforme en una de esas cosas que te dan ganas de sentir en la piel. Hace tiempo que estamos acá, en este barco, fondeados enfrentando la costa. El barco oscila, se mueve, se hamaca como dice un amigo mío que pretende ser conocedor de lo que pasa en el mar. Anclados a 30 o 40 metros de la costa el pequeño golpe del agua en el casco se podría convertir en un murmullo adormecedor si no fuera por lo que dejamos atrás.
El mar siempre ha sido una pasión para mí, una pasión que en algún momento compartí con mi familia pero que con el paso del tiempo, con el paso de las desgracias que nos fueron siguiendo pero sobretodo a partir del momento en que murió mamá se convirtieron en un campo de batalla. Parecía que mis hermanos estuvieran empecinados en combatir, de a poco, lentamente, con mucha astucia, aquellas cosas que me hacían feliz, que disfrutaba, que eran mi pasión, de alguna forma.
Es una verdad sin remedio que el dinero saca lo peor de las personas. Mamá murió, dejó muchas propiedades, bastante dinero, pocos recuerdos felices. Mamá murió y fue como si se rompiera un dique que de alguna forma contenía la codicia de los tres, como si se rompiera la cadena que mantenía a raya una bestia asesina. Mamá murió y en un par de horas ya estábamos todos discutiendo que hacer con ella pero sobretodo que hacer con lo que quedaba. Para mi hermano mayor la única razón de existir ha sido siempre el dinero y como él dice “la única patria donde le gusta vivir”. El del medio es un despreocupado y voluntarioso abogado que corre detrás de las cosas y los clientes que se le escapan con la misma facilidad que le llegan y los decepciona en los juicios. Para el ese dinero, el que le toca, no es suficiente, nunca lo será. Yo por otro lado solamente quiero lo que es mío e irme lejos, allá, acá, donde estoy ahora, pero en otro contexto.
Salimos temprano desde el puerto, pusimos proa a la isla de gipoia, esa donde tantas veces fuimos cuando éramos todavía una familia, atados por las cadenas invisibles de mi mamá en vida. Navegamos 20 minutos aproximadamente, no había viento así que lo hicimos a motor, giramos en la punta de la bahía del retiro, doblamos a la izquierda y seguimos paralelo a la costa, cuando llegamos a la altura de la ciudad giramos a la izquierda y avanzamos hasta encontrarla. En la punta norte hay una montículo de piedras enormes que hacen de entrada a la bahía, la playa de dentista esta al fondo y entrar en ese espacio es mágico aunque lo hayas hecho mil veces. Solté el motor y deje que el barco se deslizara suave acomodándose a las olas, al movimiento suave del agua.
Convencí a mis hermanos de venir hasta aca después de aceptar silencioso un monton de objeciones, humillaciones y desplantes. El mayor llego sobre la hora, con un vuelo de último minuto directamente desde Buenos Aires donde estaba por un negocio. Se bajó en Rio pero no llamo por teléfono ni pidió que lo buscaran. Apareció asi, de la nada, como a las dos de la madrugada golpeando la puerta de la casa. Afuera llovía torrencialmente como llueve siempre que llueve acá. Yo no escuche los golpes en la puerta. Luis, mi hermano del medio, se levantó porque de alguna forma presintió algo que yo no podía sentir. Ellos dos, Jorge, el mayor, Luis el del medio, siempre fueron más cercanos, casi amigos. Yo en cambio nunca me sentí parte, ni siquiera cuando, como ya conte, éramos una familia apretados por las cadenas de mamá. Jorge llego tarde, a destiempo, sin importarle nada del resto, como siempre. Luis había llegado por la mañana, me llamo desde Rio y fui a buscarlo. 150 kilometros por la montaña de ida, 150 kilometros de vuelta. En el fondo Luis siempre me cayo mejor, incluso en algún momento cuando eramos chicos lo sentí como un amigo.
EL barco flotaba suave. No había nadie. Tal como lo imaginaba, por la hora, por el dia de la semana, por la fecha del mes. Los barcos del fin de semana, los turistas de los escuna, llegarían más tarde. Levante la vista y mire el sol hasta que me hizo doler los ojos. Pensé en mamá y en todo lo que nos había negado y en todo lo que nos había dejado. Mire a mis hermanos, los dos en el suelo, pálidos, fríos, duros. No lo había planeado así pero de alguna forma se fueron dando las cosas para que terminaramos en esta situación. Los mire de nuevo, les puse los dos bloques de cemento, atados como si fueran un carretel de hilo anudado, ajustado y los eche al mar. Los mire hundirse. Levante el ancla y gire el barco saliendo de la bahía. Pensé en mama en todo lo que los había querido, lo poco que me había amado…


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