Inspirarte Zebra Beach
Marcelo Lopez
Mariana Gonzalez
Tema: Bolsa de Nylon
Sabes porque se llama así esto?
No, ni idea, podes dejarte de joder y seguir con lo tuyo?
Se dio vuelta y volvió a lo que estaba haciendo. Yo seguí con lo mío.
Lo íbamos recortando como podíamos, con lo que teníamos a mano, era todo un enchastre, horrible, pegajoso, anacrónico.
Luis…
Que? – Deje de hacer lo que estaba haciendo y lo mire.
Luis…
Que? – Le pregunté de nuevo.
No, te decía… sabes porque se llama así esto?
Carlos, mi vecino, el que me lo había recomendado a Cesar me había dicho que el tipo no tenia muchas luces pero era fiel, buen tipo, bah… obediente, que era lo que yo necesitaba… pero la verdad es que resultó ser un pesado.
Podes seguir en lo tuyo? Tenemos que terminar, tenemos que irnos a la mierda!
Me miro y casi me dio lastima… en otro contexto, en otro lugar…capaz que le preguntaba o mejor dicho le daba el gusto “a ver contame, porque se llama así”, pero ahora no daba, no había forma.
Seguí con lo mío, separando, trozando, poniendo en bolsas. Mire el reloj, eran las 2 apenas pasadas, las nubes habían dejado ver la luna enorme que se colgaba del cielo, bien arriba. Podia verla desde la ventana que había quedado abierta después de que forzaramos la celosia.
Como vas con eso? – Le pregunte.
No contesto.
Lo mire, no tenia sentido pero a lo mejor se había ido, que se yo… el tipo era bueno pero también era un pelotudo. Seguía ahí, como compenetrado, sin que le importara demasiado lo que le había encargado.
Eh!, como vas con eso? – repetí.
Bien!, bien… no te decía nada para no molestarte…
Me molestas cuando me queres contar algo que no tiene nada que ver, cuando me distraes, cuando me queres contar una boludez… - Otra vez me dio lastima como lo trate pero preferí no aflojarle, teníamos que terminar rápido, irnos, Salir.
Seguimos en silencio un ratito más. Unos segundos después lo escuche carraspear, así a propósito como si pidiera permiso. Baje los brazos, levante la cabeza.
No es una boludez.. y tiene que ver… - Dijo tímido.
Ah no! ¿Me estas cargando? Concentrate en lo tuyo por favor! ¡Tenemos que irnos de aca ya!
Volví a lo mío, ya me quedaba menos. Lo mire de reojo y el se puso a terminar lo suyo.
Afuera la luna seguía enorme y por momentos me parecía que estaba espiando.
Termine con lo mío, 9 bolsas.
Lo de esa noche había terminado mal, había empezado como un encargo simple, se había ido complicando y al final terminamos de la peor forma, esa que no me gustaba a mí. Violenta, terminal, eficiente, pero por sobre todo exigente. Exigente porque no podían quedar huellas, rastros, cabos sueltos, había que pensarlo todo. La forma que me gustaba hacer mi trabajo era la expeditiva, la simple, esa que trabaja más con la lógica que con el desprecio, pero bueno, uno siempre puede elegir lo que hace y menos como lo hace.
Lo mire de costado, iba lento, pero avanzaba. Miré el reloj, 2 y 32, capicúa, pensé. Un modesto capicúa de 3 números.
Martin? – lo llame por su nombre esta vez, quizás porque me había dado lastima antes como lo había tratado, apurado por el stress y la presión.
Se dio vuelta y me miro. Tenia las manos rojas y la frente también, se debía haber pasado la mano por la cara sin darse cuenta.
SI? – pregunto.
YA estás?
Ah… - dijo como sorprendido- pensé que me ibas a preguntar, que ahora si querías saber…
Me pare y camine hasta el que seguía ahí al lado de la mesada de la cocina. NO podía creerlo, este tipo era un pelotudo, no había otra.
Me estas jodiendo? – me miro, no entendía, era un pelotudo- Tenemos que irnos campeón! Tenemos que irnos a la mierda ya!
No, ya se…solamente…
Martin!, la puta madre! Acabamos de matar un tipo, lo estamos reduciendo, digamos, y vos me pedis que te pregunte o no se que carajo… me estas cargando?
No, no, no te calentes… ya, ya termino.
Me volví a donde estaba y empecé a subir las bolsas al auto, no sabia que o como íbamos a hacer después pero teníamos que irnos. Lo mire a Martin y estaba terminando ya. Estuve tentado, lo confieso, de dejarlo ahí, a pata, en medio del quilombo ese con la bolsa de nylon que le quedaba, con una mano creo que era. Estuve tentado pero siempre fui un buen tipo en el fondo, por mas que me dedicara a esto, a apretar gente, a pegarle a señoras o abuelos con bastón o pendejos facheros, siempre fui un sentimental.
Dale Martin! – le grité- veni, vamos, tenemos que irnos.
Se levanto con las dos bolsas que tenia al lado y camino rápido hasta mí, salimos. La luna estaba gigante, más aún de lo que se veía de adentro, fuimos hasta el auto y pusimos todo en el baúl. Me subí y encendí el auto, sin prender las luces. Martin no subía, mire hacia atrás y seguía parado al lado del baúl. Confirmado, el tipo era un pelotudo, importante.
Me bajé, el auto en marcha. Lo mire como preguntándole que esperaba. Me miró y no entendía. Le hice un gesto con la cabeza como si lo invitara a bailar en los años 50. Ahí le cayo la ficha y salió apurado al lado del acompañante y se metió en el auto como si fuera un chico de 5 años.
Arranque silencioso, despacio, el camino era de tierra y estaba hecho pedazos, fuimos silenciosos hasta la ruta, subimos al asfalto y prendí las luces. Seguimos callados, los dos.
Doble en un desvió a la derecha y desde ahí bajamos una pendiente enorme hasta llegar a una curva grande que balconeaba hacia un bosque de eucaliptos. Pare, apague las luces y esperamos unos segundos en silencio por las dudas viniera alguien.
Le hice señas a Martin y bajamos, abrí el baúl y empezamos a tirar, a desparramar, las bolsas de nylon con los restos del deudor ese que no quería pagar no se que cosa. Terminamos y subimos, todo en silencio.
Volví a la ruta, prendi las luces y avanzamos un rato mas camino a la ciudad.
Martin… - ya mas distendido me afloje y quise darle pie a que terminara eso que quería contarme, hacerlo sentir bien de alguna forma- contame, que significa…
Me miro fijo, pensé que iba a pegarme pero fue solo por la oscuridad, la luz de frente de un auto me mostro que me miraba con ojos extrañados, absortos.
Contame, dale?
se hizo silencio, tome una curva grande, después una recta larga.
Lo mire de reojo, como pude. Martin miraba la ruta. Se habría ofendido?, pensé.
Martin, contame…
Que cosa queres que te cuente?
Acelere a fondo, apreté el acelerador hasta que el auto pidió por favor.
No, ni idea, podes dejarte de joder y seguir con lo tuyo?
Se dio vuelta y volvió a lo que estaba haciendo. Yo seguí con lo mío.
Lo íbamos recortando como podíamos, con lo que teníamos a mano, era todo un enchastre, horrible, pegajoso, anacrónico.
Luis…
Que? – Deje de hacer lo que estaba haciendo y lo mire.
Luis…
Que? – Le pregunté de nuevo.
No, te decía… sabes porque se llama así esto?
Carlos, mi vecino, el que me lo había recomendado a Cesar me había dicho que el tipo no tenia muchas luces pero era fiel, buen tipo, bah… obediente, que era lo que yo necesitaba… pero la verdad es que resultó ser un pesado.
Podes seguir en lo tuyo? Tenemos que terminar, tenemos que irnos a la mierda!
Me miro y casi me dio lastima… en otro contexto, en otro lugar…capaz que le preguntaba o mejor dicho le daba el gusto “a ver contame, porque se llama así”, pero ahora no daba, no había forma.
Seguí con lo mío, separando, trozando, poniendo en bolsas. Mire el reloj, eran las 2 apenas pasadas, las nubes habían dejado ver la luna enorme que se colgaba del cielo, bien arriba. Podia verla desde la ventana que había quedado abierta después de que forzaramos la celosia.
Como vas con eso? – Le pregunte.
No contesto.
Lo mire, no tenia sentido pero a lo mejor se había ido, que se yo… el tipo era bueno pero también era un pelotudo. Seguía ahí, como compenetrado, sin que le importara demasiado lo que le había encargado.
Eh!, como vas con eso? – repetí.
Bien!, bien… no te decía nada para no molestarte…
Me molestas cuando me queres contar algo que no tiene nada que ver, cuando me distraes, cuando me queres contar una boludez… - Otra vez me dio lastima como lo trate pero preferí no aflojarle, teníamos que terminar rápido, irnos, Salir.
Seguimos en silencio un ratito más. Unos segundos después lo escuche carraspear, así a propósito como si pidiera permiso. Baje los brazos, levante la cabeza.
No es una boludez.. y tiene que ver… - Dijo tímido.
Ah no! ¿Me estas cargando? Concentrate en lo tuyo por favor! ¡Tenemos que irnos de aca ya!
Volví a lo mío, ya me quedaba menos. Lo mire de reojo y el se puso a terminar lo suyo.
Afuera la luna seguía enorme y por momentos me parecía que estaba espiando.
Termine con lo mío, 9 bolsas.
Lo de esa noche había terminado mal, había empezado como un encargo simple, se había ido complicando y al final terminamos de la peor forma, esa que no me gustaba a mí. Violenta, terminal, eficiente, pero por sobre todo exigente. Exigente porque no podían quedar huellas, rastros, cabos sueltos, había que pensarlo todo. La forma que me gustaba hacer mi trabajo era la expeditiva, la simple, esa que trabaja más con la lógica que con el desprecio, pero bueno, uno siempre puede elegir lo que hace y menos como lo hace.
Lo mire de costado, iba lento, pero avanzaba. Miré el reloj, 2 y 32, capicúa, pensé. Un modesto capicúa de 3 números.
Martin? – lo llame por su nombre esta vez, quizás porque me había dado lastima antes como lo había tratado, apurado por el stress y la presión.
Se dio vuelta y me miro. Tenia las manos rojas y la frente también, se debía haber pasado la mano por la cara sin darse cuenta.
SI? – pregunto.
YA estás?
Ah… - dijo como sorprendido- pensé que me ibas a preguntar, que ahora si querías saber…
Me pare y camine hasta el que seguía ahí al lado de la mesada de la cocina. NO podía creerlo, este tipo era un pelotudo, no había otra.
Me estas jodiendo? – me miro, no entendía, era un pelotudo- Tenemos que irnos campeón! Tenemos que irnos a la mierda ya!
No, ya se…solamente…
Martin!, la puta madre! Acabamos de matar un tipo, lo estamos reduciendo, digamos, y vos me pedis que te pregunte o no se que carajo… me estas cargando?
No, no, no te calentes… ya, ya termino.
Me volví a donde estaba y empecé a subir las bolsas al auto, no sabia que o como íbamos a hacer después pero teníamos que irnos. Lo mire a Martin y estaba terminando ya. Estuve tentado, lo confieso, de dejarlo ahí, a pata, en medio del quilombo ese con la bolsa de nylon que le quedaba, con una mano creo que era. Estuve tentado pero siempre fui un buen tipo en el fondo, por mas que me dedicara a esto, a apretar gente, a pegarle a señoras o abuelos con bastón o pendejos facheros, siempre fui un sentimental.
Dale Martin! – le grité- veni, vamos, tenemos que irnos.
Se levanto con las dos bolsas que tenia al lado y camino rápido hasta mí, salimos. La luna estaba gigante, más aún de lo que se veía de adentro, fuimos hasta el auto y pusimos todo en el baúl. Me subí y encendí el auto, sin prender las luces. Martin no subía, mire hacia atrás y seguía parado al lado del baúl. Confirmado, el tipo era un pelotudo, importante.
Me bajé, el auto en marcha. Lo mire como preguntándole que esperaba. Me miró y no entendía. Le hice un gesto con la cabeza como si lo invitara a bailar en los años 50. Ahí le cayo la ficha y salió apurado al lado del acompañante y se metió en el auto como si fuera un chico de 5 años.
Arranque silencioso, despacio, el camino era de tierra y estaba hecho pedazos, fuimos silenciosos hasta la ruta, subimos al asfalto y prendí las luces. Seguimos callados, los dos.
Doble en un desvió a la derecha y desde ahí bajamos una pendiente enorme hasta llegar a una curva grande que balconeaba hacia un bosque de eucaliptos. Pare, apague las luces y esperamos unos segundos en silencio por las dudas viniera alguien.
Le hice señas a Martin y bajamos, abrí el baúl y empezamos a tirar, a desparramar, las bolsas de nylon con los restos del deudor ese que no quería pagar no se que cosa. Terminamos y subimos, todo en silencio.
Volví a la ruta, prendi las luces y avanzamos un rato mas camino a la ciudad.
Martin… - ya mas distendido me afloje y quise darle pie a que terminara eso que quería contarme, hacerlo sentir bien de alguna forma- contame, que significa…
Me miro fijo, pensé que iba a pegarme pero fue solo por la oscuridad, la luz de frente de un auto me mostro que me miraba con ojos extrañados, absortos.
Contame, dale?
se hizo silencio, tome una curva grande, después una recta larga.
Lo mire de reojo, como pude. Martin miraba la ruta. Se habría ofendido?, pensé.
Martin, contame…
Que cosa queres que te cuente?
Acelere a fondo, apreté el acelerador hasta que el auto pidió por favor.
El tipo era un pelotudo…
N del A: Nylon – New York – London.



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