InspirARTE 2019
Escritor: Marcelo Lopez
Artsitas Plasticos:
Ma Laura Castro
Carlos Vidal
Tema: Una canción
Escritor: Marcelo Lopez
Artsitas Plasticos:
Ma Laura Castro
Carlos Vidal
Tema: Una canción
En la esquina, a la vuelta de casa,
había siempre un hombre parado en la puerta de una casucha destruida, eran
puros ladrillos amontonados ya, que nadie sabia como seguían juntos. El hombre,
parado ahí como estaba, miraba pasar la gente como si estuviera contando
ganado, como si estuviera contando cosas, o cosas que se cuentan, que son de
uno.
Ahí en la esquina, a la vuelta de mi casa lo podias encontrar, de 9 a 12 seguro parado firme apoyado con cuidado en los ladrillos como si supiera que se mantenían juntos, construidos, simulando una casa, una pared, un lugar. Los chicos, porque en esa época éramos chicos todavía, no como ahora que ya somos tan grandes que no sabemos lo que somos, elegiamos ir al colegio por esa calle, por esa esquina. Nos quedaba mas lejos, no tenia sentido, incluso cuando llovia hacíamos el mismo recorrido. Nos impulsaba un candido sentido del morbo, el tipo, parado ahí, era como uno de esos “locos” que uno encuentra en la vida. Para nosotros, a esa edad, era nuestro tipo raro, nuestro freak, nuestro “loco” y eso tenia la suficiente fuerza para hacer que nos desviaramos, a la ida y a la vuelta, que recorriéramos metros de mas, que escaparamos de algún perro suelto, que perdiéramos el tiempo.
- Dice mi papa que el loco esta así porque cuando era joven tuvo un accidente… parece que lo atropello un auto cuando iba en bicicleta.
Los cuatro lo miramos a Luis, siempre éramos los mismos cuatro en el camino de ida y de vuelta. Luis, Carlos, Martin y yo. Lo escuchamos teorizar sobre el loco, nuestro loco. Seguimos caminando hacia su casa en silencio.
- Yo nunca lo vi andar en bicicleta – dijo Martin que no era el mas inteligente de los cuatro.
- ¡Y si lo atropellaron! ¿Qué queres? Yo ni loco me vuelvo a subir a una bici – El de la resolución tan firme era Carlos, pura simpleza, pura ingenuidad.
Hicimos media cuadra mas y me pare en seco, como si se hubiera abierto un abismo adelante mio y no quedara mas lugar para hacer un metro, un centímetro. Me di vuelta, me acuerdo patente, me di vuelta y los encare a los cuatro.
- Nada que ver… no lo atropello ningún auto, ni siquiera se si andaba en bici, el loco quedo así después de cantar una canción.
El silencio apenas duro 3 segundos y se empezaron a reir todos.
Ahí en la esquina, a la vuelta de mi casa lo podias encontrar, de 9 a 12 seguro parado firme apoyado con cuidado en los ladrillos como si supiera que se mantenían juntos, construidos, simulando una casa, una pared, un lugar. Los chicos, porque en esa época éramos chicos todavía, no como ahora que ya somos tan grandes que no sabemos lo que somos, elegiamos ir al colegio por esa calle, por esa esquina. Nos quedaba mas lejos, no tenia sentido, incluso cuando llovia hacíamos el mismo recorrido. Nos impulsaba un candido sentido del morbo, el tipo, parado ahí, era como uno de esos “locos” que uno encuentra en la vida. Para nosotros, a esa edad, era nuestro tipo raro, nuestro freak, nuestro “loco” y eso tenia la suficiente fuerza para hacer que nos desviaramos, a la ida y a la vuelta, que recorriéramos metros de mas, que escaparamos de algún perro suelto, que perdiéramos el tiempo.
- Dice mi papa que el loco esta así porque cuando era joven tuvo un accidente… parece que lo atropello un auto cuando iba en bicicleta.
Los cuatro lo miramos a Luis, siempre éramos los mismos cuatro en el camino de ida y de vuelta. Luis, Carlos, Martin y yo. Lo escuchamos teorizar sobre el loco, nuestro loco. Seguimos caminando hacia su casa en silencio.
- Yo nunca lo vi andar en bicicleta – dijo Martin que no era el mas inteligente de los cuatro.
- ¡Y si lo atropellaron! ¿Qué queres? Yo ni loco me vuelvo a subir a una bici – El de la resolución tan firme era Carlos, pura simpleza, pura ingenuidad.
Hicimos media cuadra mas y me pare en seco, como si se hubiera abierto un abismo adelante mio y no quedara mas lugar para hacer un metro, un centímetro. Me di vuelta, me acuerdo patente, me di vuelta y los encare a los cuatro.
- Nada que ver… no lo atropello ningún auto, ni siquiera se si andaba en bici, el loco quedo así después de cantar una canción.
El silencio apenas duro 3 segundos y se empezaron a reir todos.
-¿El loco, cantar? – se rio Luis
Martin directamente no podía hablar de tanto que se reia.
Carlos me miro fijo mientras se reia también – me parece que mas loco que el estas vos – me dijo.
Me di vuelta de nuevo y empecé a caminar por donde siempre caminábamos, enojado , molesto, yo solamente repetía lo que le había escuchado decir a mi papa, como uno hace siempre a esa edad. Después repite lo que dicen otros, pero esa es otra historia.
Llegamos a la esquina en silencio, mis amigos ya no se reian, por piedad. Encaramos la vereda del loco y un par de pasos antes escuchamos un ruidito metálico, intenso, finito, mire al piso y vi una llave en el suelo, Martin, que la había pateado no se había dado ni siquiera cuenta. Me volvi un poquito y la levante. Era una llave vieja de esas que tienen una sola paleta como un diente huerfano, estaba negra de sucia, de vieja. Nadie pareció darse cuenta, todos siguieron derecho, camino a casa, pasando por lo del loco. Le pasamos cerca, como siempre, el apoyado en los ladrillos desnudos apenas unidos. Siempre la misma remera gris con el cuello picoteado por el tiempo, en la misma posición de parado nos observaba venir y con la cabeza seguía nuestro recorrido que inevitablemente hacíamos mirando al piso. Pasamos y cada uno se repartio en su casa.
Como a eso de las 4 de la tarde, cuando el sol de la siesta en septiembre evitaba que cualquiera de nuestros vecinos se moviera de su casa entro mi mama a mi habitación, tenia la cara como dura, inmóvil. La mire como preguntando que pasa, porque a mi mama nunca le pasaba nada y si le pasaba algo era cuestión de que no se notara.
- ¿Vos tenes algo de el señor Sosa?
- ¿Sosa? ¿Quién es Sosa?
Miro hacia atrás por encima de su hombro como si alguien la observara.
- Sosa…el que ustedes le dicen el loco…
- Ustedes también le dicen el loco – le dije, me salió de adentro.
- Bueno, si, no importa, sabes de quien te hablo… ¿Vos tenes algo de el?
Me toque los bolsillos por instinto nomas.
- ¿Yo? ¿Qué?
- No se, esta aca en la puerta diciendo que vos tenes algo de el… damelo o Sali a decirle porque sabes que no me gusta ese tipo y menos aca en mi casa…
Otra vez me toque los bolsillos, nada, obvio… pero uno de mis dedos encontró algo, la llave que había levantado del piso, la saque y se la extendi en la mano a mi mama como si fuera una ofrenda.
- ¿sera esto? Lo encontré en la calle…
- ¡No se! – me grito alterada- Sali, asómate y fíjate vos, lo único que te pido es que se vaya ya de casa.
Le hice caso, como siempre, Sali de mi cuarto y fui hasta la puerta. Ahí estaba parado como en su casa pero esta vez en la mia. Nos miramos, no dijo nada. Extendi la mano con la llave. La tomo con una velocidad que no le hubiera creído posible pero al mismo tiempo con cierta suavidad, como si fuera la mano de un mago de un ilusionista. Se la puso en el bolsillo y dio media vuelta. Lo mire irse de a poco y no pude con mi genio.
- Eh, señor…Sosa… - se dio vuelta a la mitad de la calle desierta de la siesta caliente- ¿esa llave es de donde guarda la canción?
Sosa se puso rojo, lo vi a la distancia, y corrió hacia mi como enloquecido. Se me paro al frente y con las venas hinchadas del cuello me dijo en vos baja.
- ¿y vos como sabes de eso?
Me hice hacia atrás, le tenia miedo, no como el loco nuestro, ese parado siempre en la puerta, sino como el loco este que estaba sacado.
- ¿Decime pendejo, como sabes de eso?
El miedo se me hizo una mueca deforme en la cara y alcance a escuchar los pasos de mi mama que venían por el pasillo. Me quede mudo, como antes.
- ¿Ya tiene lo que buscaba?
Sosa la miro transformado – Si, gracias.
- Entonces le pido que se vaya nomas, tenemos que hacer.
Sosa se fue.
Mama cerró. Me miro porque sabia.
- ¿Qué pasa con Sosa?
Caminamos juntos en silencio hasta la cocina.
- ¿Qué pasa con Sosa? – Insisti.
- ¡Nada Javi, nada!
- ¿Cómo nada? ¿Por qué esta así, Loco?
- Sosa no esta loco javi.
Otra vez mas silencio y nada entre nosotros. La continuación de la respuesta se hacia inevitable.
- Sosa no esta loco, javi, Sosa era cantor, escribía, cantaba hasta que un día se encerro en una pieza de esa casa asquerosa y ruinosa donde vive y no volvió a cantar jamás…
- ¿Y que tiene que ver la llave?
- La llave es de la habitación donde tiene guardaba la letra de una canción que lo hizo famoso…
- ¿La llave de una habitación? ¿Y todos saben?
- La habitación no existe Javi, como no existe la canción, como no existe Sosa.
Martin directamente no podía hablar de tanto que se reia.
Carlos me miro fijo mientras se reia también – me parece que mas loco que el estas vos – me dijo.
Me di vuelta de nuevo y empecé a caminar por donde siempre caminábamos, enojado , molesto, yo solamente repetía lo que le había escuchado decir a mi papa, como uno hace siempre a esa edad. Después repite lo que dicen otros, pero esa es otra historia.
Llegamos a la esquina en silencio, mis amigos ya no se reian, por piedad. Encaramos la vereda del loco y un par de pasos antes escuchamos un ruidito metálico, intenso, finito, mire al piso y vi una llave en el suelo, Martin, que la había pateado no se había dado ni siquiera cuenta. Me volvi un poquito y la levante. Era una llave vieja de esas que tienen una sola paleta como un diente huerfano, estaba negra de sucia, de vieja. Nadie pareció darse cuenta, todos siguieron derecho, camino a casa, pasando por lo del loco. Le pasamos cerca, como siempre, el apoyado en los ladrillos desnudos apenas unidos. Siempre la misma remera gris con el cuello picoteado por el tiempo, en la misma posición de parado nos observaba venir y con la cabeza seguía nuestro recorrido que inevitablemente hacíamos mirando al piso. Pasamos y cada uno se repartio en su casa.
Como a eso de las 4 de la tarde, cuando el sol de la siesta en septiembre evitaba que cualquiera de nuestros vecinos se moviera de su casa entro mi mama a mi habitación, tenia la cara como dura, inmóvil. La mire como preguntando que pasa, porque a mi mama nunca le pasaba nada y si le pasaba algo era cuestión de que no se notara.
- ¿Vos tenes algo de el señor Sosa?
- ¿Sosa? ¿Quién es Sosa?
Miro hacia atrás por encima de su hombro como si alguien la observara.
- Sosa…el que ustedes le dicen el loco…
- Ustedes también le dicen el loco – le dije, me salió de adentro.
- Bueno, si, no importa, sabes de quien te hablo… ¿Vos tenes algo de el?
Me toque los bolsillos por instinto nomas.
- ¿Yo? ¿Qué?
- No se, esta aca en la puerta diciendo que vos tenes algo de el… damelo o Sali a decirle porque sabes que no me gusta ese tipo y menos aca en mi casa…
Otra vez me toque los bolsillos, nada, obvio… pero uno de mis dedos encontró algo, la llave que había levantado del piso, la saque y se la extendi en la mano a mi mama como si fuera una ofrenda.
- ¿sera esto? Lo encontré en la calle…
- ¡No se! – me grito alterada- Sali, asómate y fíjate vos, lo único que te pido es que se vaya ya de casa.
Le hice caso, como siempre, Sali de mi cuarto y fui hasta la puerta. Ahí estaba parado como en su casa pero esta vez en la mia. Nos miramos, no dijo nada. Extendi la mano con la llave. La tomo con una velocidad que no le hubiera creído posible pero al mismo tiempo con cierta suavidad, como si fuera la mano de un mago de un ilusionista. Se la puso en el bolsillo y dio media vuelta. Lo mire irse de a poco y no pude con mi genio.
- Eh, señor…Sosa… - se dio vuelta a la mitad de la calle desierta de la siesta caliente- ¿esa llave es de donde guarda la canción?
Sosa se puso rojo, lo vi a la distancia, y corrió hacia mi como enloquecido. Se me paro al frente y con las venas hinchadas del cuello me dijo en vos baja.
- ¿y vos como sabes de eso?
Me hice hacia atrás, le tenia miedo, no como el loco nuestro, ese parado siempre en la puerta, sino como el loco este que estaba sacado.
- ¿Decime pendejo, como sabes de eso?
El miedo se me hizo una mueca deforme en la cara y alcance a escuchar los pasos de mi mama que venían por el pasillo. Me quede mudo, como antes.
- ¿Ya tiene lo que buscaba?
Sosa la miro transformado – Si, gracias.
- Entonces le pido que se vaya nomas, tenemos que hacer.
Sosa se fue.
Mama cerró. Me miro porque sabia.
- ¿Qué pasa con Sosa?
Caminamos juntos en silencio hasta la cocina.
- ¿Qué pasa con Sosa? – Insisti.
- ¡Nada Javi, nada!
- ¿Cómo nada? ¿Por qué esta así, Loco?
- Sosa no esta loco javi.
Otra vez mas silencio y nada entre nosotros. La continuación de la respuesta se hacia inevitable.
- Sosa no esta loco, javi, Sosa era cantor, escribía, cantaba hasta que un día se encerro en una pieza de esa casa asquerosa y ruinosa donde vive y no volvió a cantar jamás…
- ¿Y que tiene que ver la llave?
- La llave es de la habitación donde tiene guardaba la letra de una canción que lo hizo famoso…
- ¿La llave de una habitación? ¿Y todos saben?
- La habitación no existe Javi, como no existe la canción, como no existe Sosa.


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