A veces somos eso mismo, una
canción. Otras veces somos otra canción pero siempre tenemos melodía. Y es que
la vida misma tiene siempre su melodía.
A veces oímos la melodía de la
vida, otras veces nos cuesta más. A veces es el silencio, el que también tiene
su melodía.
Una canción para agradecer, una
canción para recordar, una canción para volar, una canción que nos llene de
alegría y otra canción que nos lleve a viajar… siempre hay una canción y, si no
la hay, la creamos… y es tan magnífica la creación que nos renueva y nos llena
de vitalidad.
Y con la música viajamos, como
viajamos entre las nubes al subir a un avión, como danzamos en nuestro espíritu
al oír el canto de un pájaro o el sonido del río… Y a través de la música los viajes más hermosos
y remotos que podemos hacer. La música nos lleva y nos trae y nos devuelve a la
vida más plenos y resignificándola. La música sana, limpia, mueve adentro y
mueve afuera. La música transforma.
Una canción nos permite llegar a
sitios impensados, nos expande, nos ayuda a ir eligiendo lo que deseamos
cultivar en nuestra vida. Nos brinda esperanza y nos hace conocer nuevos
mundos. Una canción para transportarnos, una canción para permitirnos sentir
paz, otra canción para ser libres. Una
canción para decir la verdad, para soñar, para sentir libertad y una canción
para crecer. Siempre hay una canción escrita para nuestro presente, para cada
momento, para cada emoción. Y si no hay canción, ¿la escribimos?
Hoy quiero cantar. Y quiero
cantar una canción a este lindo momento que nos encuentra. Porque el
encontrarnos es en sí mismo una sincronía perfecta, porque este encuentro nos
nutre y así juntos estamos también haciendo sonidos, creando melodías y
haciendo trascender nuestra canción. Porque juntos reconocemos que todos
podemos crear y dejar una huella. Le canto a este momento presente que, como
presente mismo, nos muestra que siempre podemos expresarnos a través de la
música y encontranos en ella.
Y pienso que una canción también
es un puente. Que nos hace cruzar a través de la voz y su melodía hacia un
decir que aliviana. Es el eco que devuelve el sonido de lo que siento, de lo
que atraviesa mi alma y que se manifiesta en mi existencia. Ese puente que une y que nos acerca.
Una canción es como el respirar,
que oxigena, que oxigena la vida y llena cada fibra de nuestro ser de pureza. Y
es mi deseo que estas pocas líneas sean un motor que inspire a todos a seguir
encontrándonos y ayudándonos a crecer a través de una canción. Que nos
comuniquemos a través de ella y que tengamos el respeto suficiente para
escucharnos y para aceptar y valorar la
melodía que el otro nos ofrece, aun cuando no sea igual a la nuestra, aun
cuando deseemos escuchar otra melodía. Así podremos convivir cantando en un
mundo más amoroso y más generoso. Que nuestras canciones se respeten y que
nuestras vidas se enriquezcan en las similitudes y en las diferencias.


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