jueves, 7 de febrero de 2019

TE REGALO LA MÚSICA, ME DEJO LA LETRA.


INSPIRARTE 2019
Festival de las colectividades – Alta Gracia
Escribe: Fernando Medeot
Artista Plástica: Mariana González
----------------------------------------


Lo confieso, no soy un amante de la música. La escucho, la percibo, me moviliza, pero nunca le di demasiada importancia. Jamás podría diferenciar un Mi Bemol de un Re Sostenido. Carezco de oído musical y siempre me sorprende la gente que realmente vive con y para los sonidos combinados, incluso más allá del sentido comercial que asume la mayoría de las veces.
Insisto, valoro la existencia de la música, admiro a quienes la hacen y a quienes la disfrutan, pero en ninguna etapa de mi vida generó en mí una pasión desbordada. Tal vez me he perdido algo, pero a esta altura...
Sin embargo, amo las letras de las canciones. Un tema bien escrito es capaz de producirme sensaciones que cuesta explicarlas. Por lo general, me gustan al margen de la música misma, me encanta leerlas escritas en papel o en la pantalla luminosa de una computadora. Si adhiero a la propuesta, si realmente me devora el contenido, las convierto en algo muy mío que protejo del paso del tiempo, con el único recurso de guardarlas en mi mente. Es como si fuese un astrónomo que en lugar de analizar los planetas, solo me dedicara a investigar sus lunas. Tienen el encanto, la magia, la frescura que necesito para inspirarme cada vez que enfrento un día.
Y en ese tren de enamoramiento de las letras de las canciones, pienso en el talento de quien escribe esos temas que perduran por encima de los viajes temporales, de esos poetas que entregan a la humanidad sus generosas vertientes. Por eso, con sus versos y sus coplas, con su alma de juglar a cuestas, Serrat siempre vuelve a mi vida. Este afectuoso catalán, que ya superó la cima de los setenta, me genera una empatía inmediata hacia sus letras. Con todas ellas. Conozco algo de su historia y sé que es consecuente con las cosas que escribe. Defensor de la savia vital, del amor, de la libertad, de la amistad por encima de todo.
A partir de fragmentos de una canción escrita por él, encontré sentido a muchas cosas que tenía girando en mi cabeza. Logré acomodar ideas, perfilar sentimientos y disfrutar lo que la vida me estaba entregando. “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”, dice en una de sus bellísimas creaciones. Como dije antes, yo prescindo de la música, me quedo con la luna de su letra.
Esa frase es tan profunda en lo que enuncia, como en el universo que deja abierto para que los sentidos bailen. Aunque suene simplista, ella me ayudó a eclipsar muchos miedos que vagaban por mi mente y encontrar una vía de escape donde la libertad y el amor iban de la mano. Tomando la veracidad por encima de las excusas, de los titubeos, de las dudas, aprendí a ser libre de la cabeza, viviendo con intensidad mis secretos y perdonando los errores sin memoria.
Me ayudó a encontrar al amor de mi vida, hurgando entre los recuerdos, luchando para que el remedio que clama esa verdad me permitiese redescubrir a esa persona de la que, por el devenir caótico y desordenado de la vida, me había alejado. Superando las distancias de las diferencias y con la franqueza como estandarte, pude derribar muros y achicar los espacios que me separaban. Esa parte de una canción, esa frase minimalista fue un estímulo para que la imaginación hiciera el resto. Encontré el amor para siempre y por fin me sentí libre, de libertad absoluta.
A veces la realidad puede ser más simple de lo que uno imagina. La simplicidad puede estar agazapada tras la letra de una melodía. Basta encontrar el disparador que active su ritmo y, con música o sin ella, las cosas se acomodan. Como los melones en el carro.

Escrito en la edición de “Inspirarte” / 04/02/19 / Espacio Cultural Encuentro de Colectividades Alta Gracia / Artista plástica: Mariana González




No hay comentarios:

Publicar un comentario

#InspiradosEnCasa 2da Edición - Daniela Kaplan - 10 de Abril 2020

#InspiradosEnCasa Tema: Una Copa Vacía Escribe: Daniela Kaplan Pinta: Carlos Vidal Aguirrebengoa UNA COPA VACÍA Estaba desesperado del ...