Esta vez el tema elegido por el público para que los artistas improvisaran fue: "Bolsa de Nylon", tema dificil, inesperado pero muy divertido. Como siempre el publico elige entre seis temas propuestos, completamente diferentes, para que el mas votado se convierta en la fuente de "inspiración" de todos.
Les dejamos los textos que se crearon y las obras que se pintaron.
sábado, 26 de enero de 2019
Improvisacion de Marcelo López - Parador Zebra Beach By Caras - 4 enero 2019
Inspirarte Zebra Beach
Marcelo Lopez
Mariana Gonzalez
Tema: Bolsa de Nylon
Sabes porque se llama así esto?
No, ni idea, podes dejarte de joder y seguir con lo tuyo?
Se dio vuelta y volvió a lo que estaba haciendo. Yo seguí con lo mío.
Lo íbamos recortando como podíamos, con lo que teníamos a mano, era todo un enchastre, horrible, pegajoso, anacrónico.
Luis…
Que? – Deje de hacer lo que estaba haciendo y lo mire.
Luis…
Que? – Le pregunté de nuevo.
No, te decía… sabes porque se llama así esto?
Carlos, mi vecino, el que me lo había recomendado a Cesar me había dicho que el tipo no tenia muchas luces pero era fiel, buen tipo, bah… obediente, que era lo que yo necesitaba… pero la verdad es que resultó ser un pesado.
Podes seguir en lo tuyo? Tenemos que terminar, tenemos que irnos a la mierda!
Me miro y casi me dio lastima… en otro contexto, en otro lugar…capaz que le preguntaba o mejor dicho le daba el gusto “a ver contame, porque se llama así”, pero ahora no daba, no había forma.
Seguí con lo mío, separando, trozando, poniendo en bolsas. Mire el reloj, eran las 2 apenas pasadas, las nubes habían dejado ver la luna enorme que se colgaba del cielo, bien arriba. Podia verla desde la ventana que había quedado abierta después de que forzaramos la celosia.
Como vas con eso? – Le pregunte.
No contesto.
Lo mire, no tenia sentido pero a lo mejor se había ido, que se yo… el tipo era bueno pero también era un pelotudo. Seguía ahí, como compenetrado, sin que le importara demasiado lo que le había encargado.
Eh!, como vas con eso? – repetí.
Bien!, bien… no te decía nada para no molestarte…
Me molestas cuando me queres contar algo que no tiene nada que ver, cuando me distraes, cuando me queres contar una boludez… - Otra vez me dio lastima como lo trate pero preferí no aflojarle, teníamos que terminar rápido, irnos, Salir.
Seguimos en silencio un ratito más. Unos segundos después lo escuche carraspear, así a propósito como si pidiera permiso. Baje los brazos, levante la cabeza.
No es una boludez.. y tiene que ver… - Dijo tímido.
Ah no! ¿Me estas cargando? Concentrate en lo tuyo por favor! ¡Tenemos que irnos de aca ya!
Volví a lo mío, ya me quedaba menos. Lo mire de reojo y el se puso a terminar lo suyo.
Afuera la luna seguía enorme y por momentos me parecía que estaba espiando.
Termine con lo mío, 9 bolsas.
Lo de esa noche había terminado mal, había empezado como un encargo simple, se había ido complicando y al final terminamos de la peor forma, esa que no me gustaba a mí. Violenta, terminal, eficiente, pero por sobre todo exigente. Exigente porque no podían quedar huellas, rastros, cabos sueltos, había que pensarlo todo. La forma que me gustaba hacer mi trabajo era la expeditiva, la simple, esa que trabaja más con la lógica que con el desprecio, pero bueno, uno siempre puede elegir lo que hace y menos como lo hace.
Lo mire de costado, iba lento, pero avanzaba. Miré el reloj, 2 y 32, capicúa, pensé. Un modesto capicúa de 3 números.
Martin? – lo llame por su nombre esta vez, quizás porque me había dado lastima antes como lo había tratado, apurado por el stress y la presión.
Se dio vuelta y me miro. Tenia las manos rojas y la frente también, se debía haber pasado la mano por la cara sin darse cuenta.
SI? – pregunto.
YA estás?
Ah… - dijo como sorprendido- pensé que me ibas a preguntar, que ahora si querías saber…
Me pare y camine hasta el que seguía ahí al lado de la mesada de la cocina. NO podía creerlo, este tipo era un pelotudo, no había otra.
Me estas jodiendo? – me miro, no entendía, era un pelotudo- Tenemos que irnos campeón! Tenemos que irnos a la mierda ya!
No, ya se…solamente…
Martin!, la puta madre! Acabamos de matar un tipo, lo estamos reduciendo, digamos, y vos me pedis que te pregunte o no se que carajo… me estas cargando?
No, no, no te calentes… ya, ya termino.
Me volví a donde estaba y empecé a subir las bolsas al auto, no sabia que o como íbamos a hacer después pero teníamos que irnos. Lo mire a Martin y estaba terminando ya. Estuve tentado, lo confieso, de dejarlo ahí, a pata, en medio del quilombo ese con la bolsa de nylon que le quedaba, con una mano creo que era. Estuve tentado pero siempre fui un buen tipo en el fondo, por mas que me dedicara a esto, a apretar gente, a pegarle a señoras o abuelos con bastón o pendejos facheros, siempre fui un sentimental.
Dale Martin! – le grité- veni, vamos, tenemos que irnos.
Se levanto con las dos bolsas que tenia al lado y camino rápido hasta mí, salimos. La luna estaba gigante, más aún de lo que se veía de adentro, fuimos hasta el auto y pusimos todo en el baúl. Me subí y encendí el auto, sin prender las luces. Martin no subía, mire hacia atrás y seguía parado al lado del baúl. Confirmado, el tipo era un pelotudo, importante.
Me bajé, el auto en marcha. Lo mire como preguntándole que esperaba. Me miró y no entendía. Le hice un gesto con la cabeza como si lo invitara a bailar en los años 50. Ahí le cayo la ficha y salió apurado al lado del acompañante y se metió en el auto como si fuera un chico de 5 años.
Arranque silencioso, despacio, el camino era de tierra y estaba hecho pedazos, fuimos silenciosos hasta la ruta, subimos al asfalto y prendí las luces. Seguimos callados, los dos.
Doble en un desvió a la derecha y desde ahí bajamos una pendiente enorme hasta llegar a una curva grande que balconeaba hacia un bosque de eucaliptos. Pare, apague las luces y esperamos unos segundos en silencio por las dudas viniera alguien.
Le hice señas a Martin y bajamos, abrí el baúl y empezamos a tirar, a desparramar, las bolsas de nylon con los restos del deudor ese que no quería pagar no se que cosa. Terminamos y subimos, todo en silencio.
Volví a la ruta, prendi las luces y avanzamos un rato mas camino a la ciudad.
Martin… - ya mas distendido me afloje y quise darle pie a que terminara eso que quería contarme, hacerlo sentir bien de alguna forma- contame, que significa…
Me miro fijo, pensé que iba a pegarme pero fue solo por la oscuridad, la luz de frente de un auto me mostro que me miraba con ojos extrañados, absortos.
Contame, dale?
se hizo silencio, tome una curva grande, después una recta larga.
Lo mire de reojo, como pude. Martin miraba la ruta. Se habría ofendido?, pensé.
Martin, contame…
Que cosa queres que te cuente?
Acelere a fondo, apreté el acelerador hasta que el auto pidió por favor.
No, ni idea, podes dejarte de joder y seguir con lo tuyo?
Se dio vuelta y volvió a lo que estaba haciendo. Yo seguí con lo mío.
Lo íbamos recortando como podíamos, con lo que teníamos a mano, era todo un enchastre, horrible, pegajoso, anacrónico.
Luis…
Que? – Deje de hacer lo que estaba haciendo y lo mire.
Luis…
Que? – Le pregunté de nuevo.
No, te decía… sabes porque se llama así esto?
Carlos, mi vecino, el que me lo había recomendado a Cesar me había dicho que el tipo no tenia muchas luces pero era fiel, buen tipo, bah… obediente, que era lo que yo necesitaba… pero la verdad es que resultó ser un pesado.
Podes seguir en lo tuyo? Tenemos que terminar, tenemos que irnos a la mierda!
Me miro y casi me dio lastima… en otro contexto, en otro lugar…capaz que le preguntaba o mejor dicho le daba el gusto “a ver contame, porque se llama así”, pero ahora no daba, no había forma.
Seguí con lo mío, separando, trozando, poniendo en bolsas. Mire el reloj, eran las 2 apenas pasadas, las nubes habían dejado ver la luna enorme que se colgaba del cielo, bien arriba. Podia verla desde la ventana que había quedado abierta después de que forzaramos la celosia.
Como vas con eso? – Le pregunte.
No contesto.
Lo mire, no tenia sentido pero a lo mejor se había ido, que se yo… el tipo era bueno pero también era un pelotudo. Seguía ahí, como compenetrado, sin que le importara demasiado lo que le había encargado.
Eh!, como vas con eso? – repetí.
Bien!, bien… no te decía nada para no molestarte…
Me molestas cuando me queres contar algo que no tiene nada que ver, cuando me distraes, cuando me queres contar una boludez… - Otra vez me dio lastima como lo trate pero preferí no aflojarle, teníamos que terminar rápido, irnos, Salir.
Seguimos en silencio un ratito más. Unos segundos después lo escuche carraspear, así a propósito como si pidiera permiso. Baje los brazos, levante la cabeza.
No es una boludez.. y tiene que ver… - Dijo tímido.
Ah no! ¿Me estas cargando? Concentrate en lo tuyo por favor! ¡Tenemos que irnos de aca ya!
Volví a lo mío, ya me quedaba menos. Lo mire de reojo y el se puso a terminar lo suyo.
Afuera la luna seguía enorme y por momentos me parecía que estaba espiando.
Termine con lo mío, 9 bolsas.
Lo de esa noche había terminado mal, había empezado como un encargo simple, se había ido complicando y al final terminamos de la peor forma, esa que no me gustaba a mí. Violenta, terminal, eficiente, pero por sobre todo exigente. Exigente porque no podían quedar huellas, rastros, cabos sueltos, había que pensarlo todo. La forma que me gustaba hacer mi trabajo era la expeditiva, la simple, esa que trabaja más con la lógica que con el desprecio, pero bueno, uno siempre puede elegir lo que hace y menos como lo hace.
Lo mire de costado, iba lento, pero avanzaba. Miré el reloj, 2 y 32, capicúa, pensé. Un modesto capicúa de 3 números.
Martin? – lo llame por su nombre esta vez, quizás porque me había dado lastima antes como lo había tratado, apurado por el stress y la presión.
Se dio vuelta y me miro. Tenia las manos rojas y la frente también, se debía haber pasado la mano por la cara sin darse cuenta.
SI? – pregunto.
YA estás?
Ah… - dijo como sorprendido- pensé que me ibas a preguntar, que ahora si querías saber…
Me pare y camine hasta el que seguía ahí al lado de la mesada de la cocina. NO podía creerlo, este tipo era un pelotudo, no había otra.
Me estas jodiendo? – me miro, no entendía, era un pelotudo- Tenemos que irnos campeón! Tenemos que irnos a la mierda ya!
No, ya se…solamente…
Martin!, la puta madre! Acabamos de matar un tipo, lo estamos reduciendo, digamos, y vos me pedis que te pregunte o no se que carajo… me estas cargando?
No, no, no te calentes… ya, ya termino.
Me volví a donde estaba y empecé a subir las bolsas al auto, no sabia que o como íbamos a hacer después pero teníamos que irnos. Lo mire a Martin y estaba terminando ya. Estuve tentado, lo confieso, de dejarlo ahí, a pata, en medio del quilombo ese con la bolsa de nylon que le quedaba, con una mano creo que era. Estuve tentado pero siempre fui un buen tipo en el fondo, por mas que me dedicara a esto, a apretar gente, a pegarle a señoras o abuelos con bastón o pendejos facheros, siempre fui un sentimental.
Dale Martin! – le grité- veni, vamos, tenemos que irnos.
Se levanto con las dos bolsas que tenia al lado y camino rápido hasta mí, salimos. La luna estaba gigante, más aún de lo que se veía de adentro, fuimos hasta el auto y pusimos todo en el baúl. Me subí y encendí el auto, sin prender las luces. Martin no subía, mire hacia atrás y seguía parado al lado del baúl. Confirmado, el tipo era un pelotudo, importante.
Me bajé, el auto en marcha. Lo mire como preguntándole que esperaba. Me miró y no entendía. Le hice un gesto con la cabeza como si lo invitara a bailar en los años 50. Ahí le cayo la ficha y salió apurado al lado del acompañante y se metió en el auto como si fuera un chico de 5 años.
Arranque silencioso, despacio, el camino era de tierra y estaba hecho pedazos, fuimos silenciosos hasta la ruta, subimos al asfalto y prendí las luces. Seguimos callados, los dos.
Doble en un desvió a la derecha y desde ahí bajamos una pendiente enorme hasta llegar a una curva grande que balconeaba hacia un bosque de eucaliptos. Pare, apague las luces y esperamos unos segundos en silencio por las dudas viniera alguien.
Le hice señas a Martin y bajamos, abrí el baúl y empezamos a tirar, a desparramar, las bolsas de nylon con los restos del deudor ese que no quería pagar no se que cosa. Terminamos y subimos, todo en silencio.
Volví a la ruta, prendi las luces y avanzamos un rato mas camino a la ciudad.
Martin… - ya mas distendido me afloje y quise darle pie a que terminara eso que quería contarme, hacerlo sentir bien de alguna forma- contame, que significa…
Me miro fijo, pensé que iba a pegarme pero fue solo por la oscuridad, la luz de frente de un auto me mostro que me miraba con ojos extrañados, absortos.
Contame, dale?
se hizo silencio, tome una curva grande, después una recta larga.
Lo mire de reojo, como pude. Martin miraba la ruta. Se habría ofendido?, pensé.
Martin, contame…
Que cosa queres que te cuente?
Acelere a fondo, apreté el acelerador hasta que el auto pidió por favor.
El tipo era un pelotudo…
N del A: Nylon – New York – London.
Improvisacion de Luis Carranza Torres - Parador Zebra Beach by Caras 4 enero 2019
Una
bolsa de Nylon para no dejar rastros
Escritor: Luis Carranza Torres
Artista: Carlos Vidal Aguirrebengoa
Artista: Carlos Vidal Aguirrebengoa
Parpadea,
un par de veces, hasta finalmente ajustar la mirada. Sin volver a la total
conciencia, cae en la cuenta que ya está en el ese tiempo en que pelean la
noche y el día, a fin de dirimir predominios. Son las primeras horas de luz de
una mañana en una primavera que se resiste a concluir, perfectamente a tono con
lo animado de su espíritu horas antes, cuando no había sol.
Le
cuesta despertar, salir de su letargo. Supone que por el alcohol que todavía
permanece en él. El lado alegre de la bebida ha pasado, pero los pesares que se
acarrean luego, hijos del exceso, permanecen firmemente intactos.
A
la primera luz del día, la realidad circundante toma forma. Por el ventanal de
cortinas entreabiertas, más allá de donde se halla acostado, se cuela,
triunfante, casi exhausta por la lid contra las sombras, la primera luz de la
mañana.
Se
sienta en la cama, con la cabeza martillándole y un gusto muy ácido en la boca.
A un lado suyo, contra la luz que entra cada vez más firme desde el muro hecho
en vidrio, se recorta contra el amanecer, la figura de una mujer desnuda, duerme,
pétrea, de lado y espaldas. Con el cabello entre cobrizo y color fuego,
bajándole, despeinados, en largos
tirabuzones como una cascada. Un contorno de cuerpo y espíritu que se le antoja
conocido. Un territorio de ansia y un ardor que reposa finalmente, exhausto,
luego de haberlo dado y obtenido todo.
En
derredor de la cama, a lo largo y ancho de todo el departamento, cuyas formas
sin cada vez más claras, se hallan desparramados los restos de los elementos
que integraron el contexto de esa dicha nocturna. Una variada colección de
ropa, botellas, envases de comida, bebida, perfumes, velas e inciensos.
Como
puede, se levanta. Sin el paso demasiado firme, saca del cajón de la mesa de
luz donde la ha dejado a resguardo, la bolsa de nylon del súper que siempre
trae consigo en este tipo de acontecimientos nocturnos. Y comienza a juntar,
una a una, los restos de esa noche.
Desde
la gran ventana comienzan a llegarle los ruidos de una ciudad que trata, espasmódicamente
como él, de terminar de despertarse y comenzar el día.
Para
cuando la despierte a ella y le diga que tienen que irse, todos los restos de
la diversión nocturna estarán dentro de esa bolsa. Pulcro y metódico, pese al
dolor de cabeza y la acidez que no mengua, nada revela ahora lo que han llevado
a cabo de a dos, en la noche profunda que ya es un recuerdo.
Todo
en el departamento vuelve a ser como antes que entraran allí.
El
último paso, antes de ocuparse de ella, es tirar la bolsa por el montante de
residuos. Ahora no quedan restos de nada. Como si nunca hubieran estado ahí. Y
la Colo va a quedarse, otra vez, con su pregunta de siempre sin respuesta
alguna, sin saber por qué es que él siempre viene a esos encuentros con una
bolsa de nylon.
No
va a contestársela, tampoco esta vez. Son explicaciones que necesariamente
conducen a tener que dar otras que no quiere.
Aunque
nunca vaya a decírselo, uno debe borrar por entero, irrevocable y
completamente, las pruebas de su felicidad en ese sitio.
Sobre
todo si quiere volver a poder tenerla allí.
Más
aun si es el departamento de la hermana que usa sin que la susodicha tenga
noticia alguna. Y, peor todavía, si la Colo piensa que es suyo.
Por
eso, el por qué siempre anda o tiene una bolsa de nylon seguirá siendo, respecto
de ambas, Colo y hermana, el más cuidado de sus secretos.
Improvisacion de Fernando Medeot - Parador Zebra Beach By Caras 4 enero 2019
Parador
Zebra Beach
Fernando
Medeot
Cecilia
Testa
----------------------------------------
EL
SUEÑO Y LA BOLSA
Esa
mañana, Mariana se levantó con un ligero malestar. No había podido dormir bien,
a pesar de que había tomado su dosis habitual de Rivotril. Algo había alterado
su sueño, provocando una ruptura en el silencio tan sepulcral que caracteriza
ese momento de la vida. Muchas sombras revoloteaban dispersas, formas difusas
que al despertarse no logró identificar.
Despaciosamente,
se acercó a la cocina para preparar su frugal desayuno de cada mañana. Un
saquito de té verde, dos galletas de agua, un chorro de agua hirviendo en el
pocillo que la acompañaba desde cuando estudiaba Bellas Artes en la Figueroa
Alcorta. Lo hacía con la misma pereza con la que el sol asomaba tras la ventana
del patio.
Un
ligero mareo le daba vueltas la cabeza, no lo dejaba pensar con la frescura que
solía tener durante sus mañanas. La muestra de pintura que debía presentar en
el Buen Pastor estaba cada vez más próxima y la inspiración tardaba en llegar,
pero en ese momento no era su principal preocupación. Solo quería recordar el
mal sueño, esas formas tan anacrónicas que le costaba recordar.
Entonces
hizo lo que siempre solía hacer en casos similares, donde las dudas superaban a
las certezas: buscó su ajada bolsa de nailon que tenía en el atelier y la llevó
consigo hasta el desayunador. La abrazaba de la misma manera que un niño se
pega a su muñeco de peluche o como si fuese una mascota que emitiría algún sonido
amistoso.
Esa
bolsa tenía una larga historia. Había sido de su madre y vino con la herencia,
en el listado de cosas superfluas que siguen al momento del reparto. Ella, su
madre, tenía la costumbre de guardar allí objetos que tardaban en salir, o
directamente nunca aparecían. La bolsa contenía misterios que nadie se animaba
a develar, secretos de familia, pasiones cruzadas, tensiones acumuladas,
cuestiones personales.
Mariana
se recostó en el viejo sillón del living, sosteniendo con más vigor la bolsa de
nailon. Vaya a saber por qué designio la bolsa se mantenía intacta, siendo de
un material tan frágil. Tal vez eso mismo formaba parte del misterio de su
contenido. Ella introdujo su mano suavemente y comenzó a palpar las cosas que
estaban en su interior. No quería mirar hacia adentro, no lo había hecho nunca,
no sabía que elementos estaban allí dentro. Esta vez tampoco miró, pero cuando
alcanzó ese objeto, comprendió todo.
No
es éste el momento para develar qué había descubierto. Solo Mariana lo
identificó porque estaba ligado con su infancia, cuando ella se escondía bajo
la pollera de su madre, cuando sus miedos afloraban y le modificaban sus
hábitos de niña. Ese objeto le generaba un temor inexplicable, un miedo que la
había perseguido durante toda su vida. Por algo su madre nunca lo mostraba.
Mariana
deconstruyó su sueño y encontró en él, ese objeto bailoteando en medio de
aquellas formas temerosas. Había vuelto el terror. Y ella sabía que su mañana
no había comenzado de la mejor manera.
Inspirarte en Parador Zebra Beach Carlos Paz - 4 Enero 2019
En una tarde con todos los climas, del calor extremo a la lluvia torrencial hicimos realidad el tercer encuentro de InspirARTE, el clima de diversión, improvisación y compañerismo hizo que adentro no nos afectara nada mas que la buena onda. Gracias a todos por acompañar como siempre, gracias a la gente del Parador Zebra Beach by Caras por poner todo y mas a nuestra disposición. Gracias a los artistas que suman y aceptan el desafio:
Veronica FerroMariana Gonzalez
Cecilia Testa
Carlos Vidal Aguirrebengoa
Luis Carranza Torres
Fernando Medeot

domingo, 13 de enero de 2019
InspirARTE Derqui 44 en accion
Un pequeño video de lo que fue la edición del 4 de enero en Derqui 44, llena de vida, llena de improvisacion y repleta de gente. Un encuentro espectacular entre los artistas (Daniela Kaplan, Marcelo Lopez, Graciela Ramos, Fernanda Perez, Cecilia Testa, Laura Sosa Loyola, Mariana Gonzalez y Laura Brizzo) y todo el público que nos acompaño.
El tema elegido por el PUBLICO "Algo así como flotar" fue el puntapie inicial para soñar y crear.
Te invitamos a verlo aqui:
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