-Me hablas en serio?
-Si, no se.
-Esta bien, no es que tengas
obligación de saberlo pero se supone…
-Supones vos!
-Bueno, esta bien… yo supongo que
tenes que saberlo…
-Si, si… pero no se.
Me di vuelta y me asome a la
ventana, afuera llovia, mucho. Llovia fuerte y parejo como si fuera una cortina
de agua, pero una cortina espesa que se pudiera abrir con las manos.
Podia ver detrás de esa masa de agua incesante que caia vertical por la ausencia de viento las dos islitas que cuando había sol se veian claras y cercanas. Ahora eran siluetas grises acechadas por la presión de un clima que se ponía cada vez mas intenso.
En estos climas tropicales las lluvias están tan presentes como el sol, van, vienen, aparecen y desaparecen sin que uno los espere y a lo mejor eso es parte de la magia del lugar, no saber nunca como seguirá el dia cuando amanece.
Segui mirando por la ventana. El mar estaba planchado, apagado y plano desde lejos pero si miraba la costa ahí donde moria la arena podía ver claramente como las olas ya no eran tan pequeñas, eran seguidas, intensas. Podia imaginarme el agua ahí ,mas adentro, en donde solíamos nadar, agujereada en microsegundos con cada gota que caia desde la inmensidad de un cielo borroso.
Me di vuelta para seguir la conversación aunque verdaderamente no tenia ganas. Si no continuaba con esta conversación inultil no iba a poder librarme del peso de esta cosa sin sentido.
-La verdad es que quizás en algún momento lo supe pero después me olvide.
- Te olvidaste? Como pudiste olvidarte?
- Que se yo.. me olvide o elegi olvidarme… la verdad no me importo demasiado…
-Nada, nunca, te importo demasiado
- Me causa gracia. No podes decirme a mi que nunca nada me importo demasiado… justo a mi…
Ella se levanto de la mesa y se acerco a la puerta que daba a la galería. Si no hubiéramos estado en medio de una discusión tan trascendente, tan importante, me hubiera tomado la licencia de pensar que estábamos jugando. Hablabamos, tirábamos dos frases y nos íbamos a la ventana o a la galería a buscar el aire fresco de la lluvia como cuando los boxeadores vuelven a la esquina. Me gusto la idea y se la dije, aun a riesgo de que todo empeorara, pero igual ya no me importaba.
-Sabes que?
Se dio vuelta mirándome desde la galería suponiendo que iba a decirle algo importante, algo que tuviera algún sentido con lo que estábamos hablando.
-Que?
-Parecemos dos boxeadores…
Se quedo mirándome, ya sabia que ese iba a ser el resultado.
- Sos pelotudo?
Me rei, no pude evitarlo.
-Y encima te reis? – me cuestiono nuevamente
-Es que si te fijas bien, tiramos dos frases, como si fueran trompadas y nos volvemos al “rincón” a la ventana, a la galería, mirando el mar…
-Definitivamente sos un pelotudo… yo te hablo de algo seria y vos me salis con eso?
Me volvi a la mesa, me sente de nuevo mientras la veía venir de la galería. Desde ahí podía verse el primero de los techos de la casa, de tejas rojas, ahora oscuras por la lluvia, mas abajo las plantas, el deck, el techo pequeño del quincho y un poco mas abajo la arena de la playa. Al fondo como siempre las islitas, apenas afuera, flotando, ahora en el gris que todo lo uniformaba.
- Podemos seguir con esto?
le dije que si con la cabeza y aunque no me miro, siguió hablando.
-Asi que no te diste cuenta? Bueno igual a mi no me molesta porque en definitiva fue culpa tuya.
- Mia? – La miré extrañado. Hubiera preferido levantarme de la mesa y salir a mirar el mar otra vez pero por educación me quede donde estaba,
- Si, tuya… fue idea tuya venir a vivir aca
-Pero no fue idea mia que empezaras a salir con Sergio.
Se quedo callada, ahí parecio que había pegado una buena piña, pero como toda mujer se levanto de la lona y busco la forma de devolverme el golpe.
- Hubieras hecho algo…
Ahí si, me levante de la mesa y me fui a la galería. Ahora el agua caia pero mas suave como si hubieran cerrado la canilla y estuviéramos recibiendo lo que quedaba en la cañería.
- Hubieras hecho algo – repitió mientras me iba.
- Hice, hice…
La sentía mirarme desde atrás, desde la mesa. Ahora las islitas se iban poniendo mas definidas, en hd como dirían los chicos. Respire hondo. Es tan placentero el aire húmedo, el aire que flota después de la lluvia. Ella seguía atrás mirándome dura esperando que le dijera que había hecho.
- Que hiciste? Decime… a ver, que hiciste?
- Primero que nada me hice bien el boludo… - y no pude evitar reirme de nuevo.
- Siempre te salio tan bien…
- ves! Siempre me encontraste meritos en algún lado!
Ahora ella se levantó de la mesa y se acercó a la galería, los dos nos quedamos mirando las islitas, que se veian hermosas en el medio de ese aire ahora tan limpio, el mar se había calmado tanto que parecía un pedazo de tela soplado desde lejos, el sol se asomaba entre las nubes que se iban rindiendo. Las plantas estaban lustrosas, la arena peinada como por la mano de un gigante.
- Fue idea tuya – repitió ella mirando el mar, sin mirarme a mi.
- Es que no podes negarme que esto es en definitiva lo que hace los ojos brillar…
Me quede mirando el infinito azul, las dos islitas, el sol timido saliendo.
Se quedó muda.
- En eso tenes razón…
Me sorprendio, en un acto que no esperaba me dio la razón en algo. Casi me enternecio, me hizo olvidar lo que estábamos discutiendo, aunque verdaderamente discutíamos porque ella quería, porque ella buscaba en esta discusión una razón que la dejara tranquila, que la dejara contenta, que de alguna forma justificara que se iba con Sergio. Para mi no había nada que discutir, no había nada que justificar, pero como no podía con mi genio tenia que darle apoyo, una vez mas, aunque mas no fuera para que se sintiera bien al dejarme.
Se dio vuelta, salio a la escalera de piedra que llevaba a la calle. La escuche encender el auto, hacer marcha atrás, voltear un par de conos de plástico y salir despacio. Me quede mirando las islitas, el mar, el sol, la arena que me llamaba desde ahí abajo. Estaba convencido de que había hecho todo lo que había podido, que probablemente fuera poco, para quedarme con ella, para que no se fuera con Sergio. Quizas había hecho mas por venir a vivir aca… pero no pude evitarlo, puesto a elegir, hacia rato que me había dado cuenta que ese lugar, ese paisaje, ese sol pintando colores eran lo que hacia mis ojos brillar y ya se sabe, aunque no se ejercite, eso ¿es lo único que merece un esfuerzo en esta vida.
Podia ver detrás de esa masa de agua incesante que caia vertical por la ausencia de viento las dos islitas que cuando había sol se veian claras y cercanas. Ahora eran siluetas grises acechadas por la presión de un clima que se ponía cada vez mas intenso.
En estos climas tropicales las lluvias están tan presentes como el sol, van, vienen, aparecen y desaparecen sin que uno los espere y a lo mejor eso es parte de la magia del lugar, no saber nunca como seguirá el dia cuando amanece.
Segui mirando por la ventana. El mar estaba planchado, apagado y plano desde lejos pero si miraba la costa ahí donde moria la arena podía ver claramente como las olas ya no eran tan pequeñas, eran seguidas, intensas. Podia imaginarme el agua ahí ,mas adentro, en donde solíamos nadar, agujereada en microsegundos con cada gota que caia desde la inmensidad de un cielo borroso.
Me di vuelta para seguir la conversación aunque verdaderamente no tenia ganas. Si no continuaba con esta conversación inultil no iba a poder librarme del peso de esta cosa sin sentido.
-La verdad es que quizás en algún momento lo supe pero después me olvide.
- Te olvidaste? Como pudiste olvidarte?
- Que se yo.. me olvide o elegi olvidarme… la verdad no me importo demasiado…
-Nada, nunca, te importo demasiado
- Me causa gracia. No podes decirme a mi que nunca nada me importo demasiado… justo a mi…
Ella se levanto de la mesa y se acerco a la puerta que daba a la galería. Si no hubiéramos estado en medio de una discusión tan trascendente, tan importante, me hubiera tomado la licencia de pensar que estábamos jugando. Hablabamos, tirábamos dos frases y nos íbamos a la ventana o a la galería a buscar el aire fresco de la lluvia como cuando los boxeadores vuelven a la esquina. Me gusto la idea y se la dije, aun a riesgo de que todo empeorara, pero igual ya no me importaba.
-Sabes que?
Se dio vuelta mirándome desde la galería suponiendo que iba a decirle algo importante, algo que tuviera algún sentido con lo que estábamos hablando.
-Que?
-Parecemos dos boxeadores…
Se quedo mirándome, ya sabia que ese iba a ser el resultado.
- Sos pelotudo?
Me rei, no pude evitarlo.
-Y encima te reis? – me cuestiono nuevamente
-Es que si te fijas bien, tiramos dos frases, como si fueran trompadas y nos volvemos al “rincón” a la ventana, a la galería, mirando el mar…
-Definitivamente sos un pelotudo… yo te hablo de algo seria y vos me salis con eso?
Me volvi a la mesa, me sente de nuevo mientras la veía venir de la galería. Desde ahí podía verse el primero de los techos de la casa, de tejas rojas, ahora oscuras por la lluvia, mas abajo las plantas, el deck, el techo pequeño del quincho y un poco mas abajo la arena de la playa. Al fondo como siempre las islitas, apenas afuera, flotando, ahora en el gris que todo lo uniformaba.
- Podemos seguir con esto?
le dije que si con la cabeza y aunque no me miro, siguió hablando.
-Asi que no te diste cuenta? Bueno igual a mi no me molesta porque en definitiva fue culpa tuya.
- Mia? – La miré extrañado. Hubiera preferido levantarme de la mesa y salir a mirar el mar otra vez pero por educación me quede donde estaba,
- Si, tuya… fue idea tuya venir a vivir aca
-Pero no fue idea mia que empezaras a salir con Sergio.
Se quedo callada, ahí parecio que había pegado una buena piña, pero como toda mujer se levanto de la lona y busco la forma de devolverme el golpe.
- Hubieras hecho algo…
Ahí si, me levante de la mesa y me fui a la galería. Ahora el agua caia pero mas suave como si hubieran cerrado la canilla y estuviéramos recibiendo lo que quedaba en la cañería.
- Hubieras hecho algo – repitió mientras me iba.
- Hice, hice…
La sentía mirarme desde atrás, desde la mesa. Ahora las islitas se iban poniendo mas definidas, en hd como dirían los chicos. Respire hondo. Es tan placentero el aire húmedo, el aire que flota después de la lluvia. Ella seguía atrás mirándome dura esperando que le dijera que había hecho.
- Que hiciste? Decime… a ver, que hiciste?
- Primero que nada me hice bien el boludo… - y no pude evitar reirme de nuevo.
- Siempre te salio tan bien…
- ves! Siempre me encontraste meritos en algún lado!
Ahora ella se levantó de la mesa y se acercó a la galería, los dos nos quedamos mirando las islitas, que se veian hermosas en el medio de ese aire ahora tan limpio, el mar se había calmado tanto que parecía un pedazo de tela soplado desde lejos, el sol se asomaba entre las nubes que se iban rindiendo. Las plantas estaban lustrosas, la arena peinada como por la mano de un gigante.
- Fue idea tuya – repitió ella mirando el mar, sin mirarme a mi.
- Es que no podes negarme que esto es en definitiva lo que hace los ojos brillar…
Me quede mirando el infinito azul, las dos islitas, el sol timido saliendo.
Se quedó muda.
- En eso tenes razón…
Me sorprendio, en un acto que no esperaba me dio la razón en algo. Casi me enternecio, me hizo olvidar lo que estábamos discutiendo, aunque verdaderamente discutíamos porque ella quería, porque ella buscaba en esta discusión una razón que la dejara tranquila, que la dejara contenta, que de alguna forma justificara que se iba con Sergio. Para mi no había nada que discutir, no había nada que justificar, pero como no podía con mi genio tenia que darle apoyo, una vez mas, aunque mas no fuera para que se sintiera bien al dejarme.
Se dio vuelta, salio a la escalera de piedra que llevaba a la calle. La escuche encender el auto, hacer marcha atrás, voltear un par de conos de plástico y salir despacio. Me quede mirando las islitas, el mar, el sol, la arena que me llamaba desde ahí abajo. Estaba convencido de que había hecho todo lo que había podido, que probablemente fuera poco, para quedarme con ella, para que no se fuera con Sergio. Quizas había hecho mas por venir a vivir aca… pero no pude evitarlo, puesto a elegir, hacia rato que me había dado cuenta que ese lugar, ese paisaje, ese sol pintando colores eran lo que hacia mis ojos brillar y ya se sabe, aunque no se ejercite, eso ¿es lo único que merece un esfuerzo en esta vida.
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