martes, 23 de abril de 2019

Un poquito a la sombra, un poquito al sol - Improvisacion de Fernando Medeot - Jueves 18


LUCES Y SOMBRAS.

Creo en el sol. Creo en este planeta generado a partir de luces cayendo desde el espacio infinito.
Creo en mi sombra, parida por la luz que recibe. Soy dueño de ella, la estiro, la achico, la piso, la llevo a todos lados. Es fiel, me responde.
Creo en todo lo que tenga luz y sombra, porque sintetizan nuestra propia existencia. El yin y yang sumergidos en la oscura eternidad, recorriendo milenios como postas. Creo en la verdad de los que menos tienen, en la fugacidad de sus sonrisas, en el sol interior que los guía para sobrevivir en medio de la desesperanza.
Creo en el equilibrio que produce la muerte, porque llega a todos por igual, ricos y pobres, sanos y enfermos, implacablemente fría y certera. Sin concesiones, primero sol, luego sombra.
Creo en la naturaleza y sus leyes, las que nos empeñamos en torcer, ocultando el sol todas las veces que podemos. Por eso, también creo en sus defectos, en la carpa de tres ojos que pescaron en el Lago San Roque y en el chupacabras de las sierras. Creo en el abatido tigre de Malasia, de los cuales quedan solo 600, en la ballena jorobada del Atlántico y sus 450 sobrevivientes.
Creo en la soledad de los changuitos del Híper Libertad, clamando en medio de la siesta, abandonados en una playa de estacionamiento sin dueño. Creo en la inutilidad del faro de Córdoba, en su llanto ante la falta de mar y en la sombra larga que genera.
Creo en mis amigos. Son luz y son sombra. Me pertenecen, los llevo en mi vida. Me iluminan y me ensombrecen, me dan su sangre a través de un abrazo. Creo en los abrazos, en su capacidad de materializar emociones, en su virtud de dejar una marca que no se ve, pero no se va.
Creo en la diversión de las almas, en el exterminio de las tristezas, en la perfidia de los cazadores, en la indulgencia de los cazados. Creo en la ametralladora a repetición de Diego Maradona, capaz de poblar el mundo, en las piernas cortas de Messi escapando de la guadaña de sus verdugos. Creo en el arte que derrama una pantalla de cine, el escenario de una obra de teatro y el lienzo virgen de un pintor primerizo. Creo en el cruce de piernas de Sharon Stone para demostrarle a la policía dónde reside el poder de la humanidad.
Creo en la justicia de lo inevitable y en la ley de las compensaciones, en las seguras carencias sexuales de Christine Lagarde, opuestas a la intensidad de su búsqueda de asfixiantes metas financieras. Creo en el terror del marido de Angela Merkel, cada vez que ella se desviste para ir a la cama. Creo en la tenacidad de Greta Thunberg, la adolescente sueca que se plantó en el Parlamento Europeo y les dijo que, si siguen tapando la luz y la sombra, en el 2040 solo quedarán la mitad de las especies vivas de nuestro planeta. Creo en las luchas individuales y colectivas, en el valor de los eternos perdedores, en las causas perdidas y en las ganadas.
Creo en las circunstancias que nos igualan. Creo en la cara fruncida de Mauricio sentado en el inodoro, totalmente constipado, rogando porque llegue una lluvia de inversiones intestinales, mientras detrás de la puerta Juliana agita el desodorante de ambientes. Creo en la perversidad del humor cuando dispara hacia todos lados, en la verdad como superación, en la mentira como negación.
Creo en la felicidad de las mujeres que me dijeron sí y en lo que se perdieron las que me dijeron no. Creo en la duda del que debe apretar el gatillo en el pelotón de fusilamiento, en las lágrimas de los crisantemos, en el paisaje helado de los cementerios.
Creo en la necesidad de disfrutar los cumpleaños, en la belleza de un gato persiguiendo a un ratón, en el olor a nafta de las estaciones de servicio y en la patética metáfora de la vida. Creo en la fragilidad de los cuerpos, en el dolor de cabeza, en la muerte instantánea de las emociones, en la inagotable capacidad de la fantasía para hacernos creer que somos felices.
Creo, creo, creo siempre, aún a riesgo de ser ingenuo. Porque si no lo hiciera, el poquito de sombra que me acecha, ya le habría ganado su partida al poquito de luz que me ilumina.





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