domingo, 29 de marzo de 2020

#InspiradosEnCasa - Marcelo Lopez - 29/03/20

#InspiradosEnCasa
Escribe: Marcelo López
Pinta: Enrique Llorens
Tema: Hay alguien ahi?

Estabamos todos. Daniel, Augusto, Gonzalo, la “Rubia”, el “Negro”, Castro, el “Riojano”, Jose Luis, Alfredo y yo. Marcamos la cancha, iba a ser desde la vereda de Giorgi, angosta, de mosaicos rojos pero con un muy solido jacaranda que hacia espectacularmente de poste externo del arco que formaba con la pared de la casa hasta el otro arco dispuesto entre el siempre verde y la pared de la casa de Augusto. La cancha era larga, es cierto, también angosta (si la pelota caia a la calle se “iba”) y además contábamos con la contra de que parte de la cancha, la zona media para ser mas precisos era la vereda de Bornancini, buen hombre pero poco paciente en esto de sentir chicos que corrian por su vereda y pelotas que rebotaban en sus paredes. Tambien, mas cerca del final de la cancha, estaba la casa de “Doña Juana”, una viejita buenasa pero con una casa de esas chorizo que era una selva.
La pisamos con Alfredo (Alfredo era el primo de Jose Luis, no vivía en las cuadras donde nos nutríamos de jugadores por las tardes pero se caminaba unas 7 u 8 calles para jugar estos clásicos imposibles)
Augusto, Daniel, Castro, el Negro y yo nos quedamos del lado del arco que daba a la casa de Augusto (mas que nada por una cuestión estratégica, si hacíamos demasiado lio en la zona de su casa no iban a echarnos ni a retarnos demasiado porque teníamos un “local” en el equipo. Gonzalo, la Rubia, el Riojano, Alfredo y Jose Luis (el mejor sin dudas) estaban del otro lado defendiendo con uñas y dientes el arco formado por la pared y el árbol de Giorgi. Definimos que la pared valia (importantísimo al momento del autopase aunque también ayudaba en la marca) y empezamos a discutir quien sacaba. Augusto hizo que sacaramos nosotros, trajo a discusión la memoria de que en el ultimo partido habían sacado ellos y que por una cuestión de orden debíamos sacar nosotros, algo tirado de los pelos porque no había ni ellos ni nosotros y nadie recordaba el ultimo partido con tanta firmeza. No dije nada, me convenia escuchar la discusión con Alfredo que al final termino cediendo como pasaba casi siempre con Augusto. El tipo se ponía firme y tenias dos caminos, o le dabas el gusto o te perdias la tarde discutiendo. Eso era terriblemente cierto cuando jugábamos al TEG pero es parte de otra historia. La cuestión es que íbamos a sacar nosotros pero todavía faltaba definir en cada equipo quien iba al arco, asi que empezamos todos a los gritos de “ultimo”, “anteúltimo” y asi. En nuestro equipo Castro se “arremango” (literalmente) la camisa y el jean (la madre, una señora mayor lo vestia siempre asi) y se asigno el arco en primer lugar. No le importaba, no se le daba mucho el juego con los pies asi que preferia empezar atajando y cuando saliera al medio tener ya en la manga un par de yerros y malas jugadas nuestras para echarnos en cara ante cualquier critica inoportuna. Alcance a decir “ultimo” asi que me quede tranquilo. Hacia un tiempo que ya no me gustaba atajar, me acordaba de cuando mi sueño era ser arquero y tenia la camiseta naranja y los guantes haciendo juego. Se me había pasado. El que seguía firme en el arco era Mario, pero el era de otro grupo y solo nos cruzábamos cuando se generaban desafíos entre calles. En el equipo de enfrente le toco el arco al Riojano. (el riojano no vivía ahí en nuestra calle pero venia muy seguido a visitar a una tia y se había hecho amigo)
Empezamos el partido antes de que se cayera el sol. No había offside asi que lo mandamos a Daniel adelante como para que metiera los goles con los centros que pensábamos tirar nosotros. Estuvimos asi jugando, palo a palo, gol a gol, hasta que decidi irme un poco a la defensa. Castro seguía en el arco, no había querido salir al medio, estaba confiado que esa tarde nos daba la victoria con un par de intervenciones interesantes. Recibi el saque de el de mano, avance tres o cuatro metros, esquive uno de los arboles de Bornancini, me salio al cruce la Rubia y le amague a la izquierda pero me fui a la derecha, lo vi venir a Gonzalo a toda máquina, lo escuche al Negro que me gritaba enloquecido que estaba solo (pero yo no podía verlo, nunca se me dio mucho eso de “pelota al pie, cabeza arriba”) asi que elegi tirar un pase a la pared para aprovechar mi velocidad y dejarlo a Gonzalo parado. Eso hice, recibi de la pared, lo deje atrás y me salio ahí nomás José Luis, razone en un segundo que esa iba a ser difícil porque Jose Luis jugaba muy bien) así que opte por pegarle muy fuerte y abajo a la pelota que reboto en la pierna de él y se terminó por zambullir directamente entre las matas de la casa de doña Juana, bien al fondo. El partido se congelo. Todos nos quedamos mirando el cerco de alambre de la casa y el vacio de pelota que teníamos. Por las dudas le dije a Jose Luis que tenía que buscarla por qué le había rebotado en la pierna. Me respondió que no porque yo había pateado. Nos quedamos unos segundos en esa discusión hasta que todos decidieron que debía buscarla yo, Resignado me acerque a la puerta de ingreso, una puerta de hierros forjados, descascarada , que daba entrada a ese patio enorme y selvático. Aplaudí fuerte con la esperanza que me escuchara alguien adentro y me evitara el salto y la adrenalina de meterme en la casa. Nada. Aplaudí de nuevo, espere un minuto y nada. Alfredo empezó a apurarme. Si no la buscas ahora nos vamos a tener que ir adentro y se acaba el partido, me dijo. Daniel me recordó que la pelota era suya y era la ultima que teníamos, la anterior, la de Jose Luis, se había caído en el techo de los “Evangelistas” y nunca había vuelto ni nadie se había animado a buscarla. Aplaudi una vez mas buscando el milagro. Nada. Le hice señas a Augusto y Gonzalo para que me hicieran pie, me ayudaron, salte el alambrado y cai entre medio de los yuyos. Me di vuelta y los mire a todos del otro lado del alambre como si fueran a despedirme. Alguien vio donde cayo, pregunte? Al fondo dijo segurísimo el Negro(otro que tampoco vivía por ahí pero estaba casi toda la semana en casa de unos tios que vivian a la vuelta). Resignado, una vez mas, camine por entre los yuyos intentando no hacer ruido, no era bueno esto de meterse en las casas de los vecinos. Después se enojaban e iban a las casas de nuestros padres a acusarnos y por mas que no nos pusieran penitencias ni nada, nos ligábamos un buen reto. Segui caminando sin encontrar nada, la pelota no aparecia. Mire hacia atrás y ya no veía a los chicos ni al alambrado. De repente sentí un ruido a la derecha, un tintineo y un rasgido o algo parecido. Quede petrificado. Hay alguien ahí, pensé. Me anime y con la poca voz que tenia pregunte absurdamente ¿Hay alguien ahí? Nada. No hubo respuesta. Me quede quieto y en silencio. Podia escuchar los autos pasando por la calle, nada mas. Avance unos paso mas hasta un árbol de naranjas que estaba lleno de azahares e inundaba el aire de ese olor azucarado tan carecteristico. Vi la pelota, acomodada, suave, como si estuviera descansando en lo que había sido alguna vez el cantero del árbol. La tome entre las manos y me di vuelta con el corazón en la boca. Camine un par de pasos y se me ocurrio patear la pelota para que llegara a la calle y me dejara las manos libres en caso de que tuviera que escapar rápidamente. Asi lo hice. Le pegue fuerte y abajo, volo lejos pero no fue suficiente, la escuche caer en otra parte del patio. Pero ahor amas cerca de la vereda, me dije. Otra vez el ruido, el tintineo, el rasgido y ahora el movimiento indiscutible de plantas y yuyos. Casi se me sale el corazón, corri rápido hasta el alambrado, doña Juana no tenia perro pero no quería quedarme a comprobarlo. Llegue despavorido al alambre y lo salte casi de una vez. Cai en la vereda agitado pero sano. Sonrei pero inmediatamente vi la cara de mis amigos. La pelota seguía adentro.
Me quería morir. Castro me miro enojado, como nunca, me cuestiono mi valentía y me dijo claramente que era un boludo. No pude objetarlo pero les conté de los ruidos, de que había alguien ahí que no era la viejita. No quisieron creerme. Estábamos discutiendo eso pero nadie decía nada de ofrecerse de voluntario y entrar de nuevo. De pronto apareció doña Juana, venia despacito con la bolsa de las compras que había hecho con sachets de leche vacíos, se acercó a la puerta, nos saludó y Alfredo le dijo que se nos había caído la pelota, si podías dárnosla. Sonrió y nos dijo que por supuesto e invito al que quisiera a entrar a buscarla. Todas las miradas cayeron en mí. No pude esquivarle a la obligación y entre al patio mientras ella mantenía la puerta abierta. Camine hasta donde debía estar la pelota, ahí estaba, la tome en mis manos y contra todas mis ganas de correr despavorido, salí caminando como un verdadero guerrero. Pase la puerta, ella cerro y deje caer la pelota al suelo- José luis la tomo para hacer el saque lateral. Eso sí que no!, lo detuve y le quite la pelota. Te pego a vos en el pie antes de salir!

No hay comentarios:

Publicar un comentario

#InspiradosEnCasa 2da Edición - Daniela Kaplan - 10 de Abril 2020

#InspiradosEnCasa Tema: Una Copa Vacía Escribe: Daniela Kaplan Pinta: Carlos Vidal Aguirrebengoa UNA COPA VACÍA Estaba desesperado del ...