Sin
consecuencia, sin herida, sin consuelo.
Sin sentido, con desprecio, indiferente a todo.
Asi pensaba que era la expresión de mis sentimientos, de mis ideas, de mis pareceres, de esas cosas que uno cree que son convicciones pero no son más que temporarios segmentos de opiniones deformadas con el tiempo, las experiencias mas o menos ciertas, mas o menos reales, que nos vamos atropellando por ahí.
Sin sentido, con desprecio, indiferente a todo.
Asi pensaba que era la expresión de mis sentimientos, de mis ideas, de mis pareceres, de esas cosas que uno cree que son convicciones pero no son más que temporarios segmentos de opiniones deformadas con el tiempo, las experiencias mas o menos ciertas, mas o menos reales, que nos vamos atropellando por ahí.
Sin dolor,
perfectas, quirúrgicas, profesionales y expertas, serian al final solo
palabras, nada mas que palabras, como si vivir sin filtro fuera valioso. Solo que finalmente todo en este mundo, en
esta vida, en este recorrido sinuoso a un destino que se mueve como si fuera un
blanco imposible, tiene la consecuencia marcada en la frente.
Yo creía que no había mejor, que no había consecuencia o que si la había solo se trataba de un valor perfecto, que superaba el dolor y la angustia, el mal momento y la tristeza, la decepcion y el enojo, Sin embargo aprendí viendo el resultado, el daño realizado, la sangre corriendo, que mis palabras, mis sentimientos, mis ideas, expresadas sin cuidado podían ser navajas echadas a volar en el aire espeso de una conversación, cortando la atmosfera, rompiendo tejidos, cortando huesos, sacando sangre destruyendo lazos.
Me quede así pensando, en que decir, en que hacer, en definitiva si decir lo que pensaba era un defecto, una virtud o una maldición difícil de conjurar. Decidi, o podría decir preferí creer que todo eso era nada mas que una maldición, un poder difícil de contener. Preferi callarme, preferí mentirme sabiendo que nada de lo que pudiera omitir tendría la minima consecuencia en lo que pudiera hacer.
Yo creía que no había mejor, que no había consecuencia o que si la había solo se trataba de un valor perfecto, que superaba el dolor y la angustia, el mal momento y la tristeza, la decepcion y el enojo, Sin embargo aprendí viendo el resultado, el daño realizado, la sangre corriendo, que mis palabras, mis sentimientos, mis ideas, expresadas sin cuidado podían ser navajas echadas a volar en el aire espeso de una conversación, cortando la atmosfera, rompiendo tejidos, cortando huesos, sacando sangre destruyendo lazos.
Me quede así pensando, en que decir, en que hacer, en definitiva si decir lo que pensaba era un defecto, una virtud o una maldición difícil de conjurar. Decidi, o podría decir preferí creer que todo eso era nada mas que una maldición, un poder difícil de contener. Preferi callarme, preferí mentirme sabiendo que nada de lo que pudiera omitir tendría la minima consecuencia en lo que pudiera hacer.
¿Te acordas?
Fue ahí… caminábamos por la rambla, mirando el río, fue ahí… unos metros mas
alla del puesto ese que vendía flores donde deje de decirte lo que pensaba. No
de mentirte porque nunca lo hice y aun sostengo que hay una diferencia, aunque
lo niegues, aunque no lo creas, aunque pienses que diciendo eso, inclusive, te
miento.
Ella me miro desde atrás del vapor de la taza de café. Me estudiaba como a la mariposa que están por clavarla en el telgopor, viendo si el alfiler le va a romper el ala, si se va a quedar quieta, si es mejor matarla primero. Ella se acordaba, pero no me lo decía, no quería decirme lo que yo ya sabia.
Se que puede parecer absurdo o hasta extraño pero pasamos por el puestito de las flores, había sol y el aire estaba fresco, esa dicotomía extraña que tienen los medios tiempos, que no me gustan, que no me cierran. Caminábamos por ahí hablando de algo que no recuerdo.
Ella me miro desde atrás del vapor de la taza de café. Me estudiaba como a la mariposa que están por clavarla en el telgopor, viendo si el alfiler le va a romper el ala, si se va a quedar quieta, si es mejor matarla primero. Ella se acordaba, pero no me lo decía, no quería decirme lo que yo ya sabia.
Se que puede parecer absurdo o hasta extraño pero pasamos por el puestito de las flores, había sol y el aire estaba fresco, esa dicotomía extraña que tienen los medios tiempos, que no me gustan, que no me cierran. Caminábamos por ahí hablando de algo que no recuerdo.
El café se
había enfriado. No me hacía falta tocar la taza, ni ponerle encima los labios,
podía verlo en el humo que había desaparecido. Ella seguía mirándome, ahora
estaba seguro de que pensaba para que había llegado hasta ahí, para que había
aceptado la invitación, la propuesta de hablar de algo tan antiguo e inútil que
solo alguien como yo podía recordar. La mire mirarme y sentí el mismo frio que
se había apoderado de la taza.
Hablábamos de nosotros. Me dijo en un tono apenas audible, como quien le pega un empujoncito mínimo al juguete a cuerda que se trabo por viejo y herrumbrado esperando que siga caminando.
Hablábamos de nosotros. Me dijo en un tono apenas audible, como quien le pega un empujoncito mínimo al juguete a cuerda que se trabo por viejo y herrumbrado esperando que siga caminando.
Reaccionaste
tan fría, fuiste tan cruda… - segui diciendo- que me di cuenta, de una vez por
todas que no podía mas seguir diciendo lo que pensaba, lo que sentía… ¿Te
acordas?
Me miró, se acordaba.
Te dije
apenas pasamos las flores que ya no podía dejar de quererte…
Me miró de
nuevo como me había mirado esa vez pero ahora había algo mas ahí atrás. Podía
jurar, si creyera en algo, que había un recuerdo, un arrepentimiento, una duda.
Si me dijiste eso… - respondió sin que le preguntara- pero parece que al final…
pudiste dejar de quererme, dejarme, olvidarme.
Nos quedamos
callados.
Desearía haber podido, desearía haber podido
decirle lo que pensaba, como era yo, antes, cuando decía lo que pensaba pero ya
no podía… no podía dejar de quererla, no podía volver a decírselo.
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