viernes, 31 de mayo de 2019

Lemon Pie - Improvisación de Luis Carranza Torres Domingo 20 de Abril



Demasiado perfecto, como un Lemon pie, para ser real


Esa noche pintaba para ser una de aquellas. Te bailaste todo, en aquel sábado nocturno en Fly City. One Way or Another y Maria de Blondie; Cambodie de Kim Wilde o ese temazo de Zombie de Cranberries. Para no decir cómo te pegó Candy con Iggy Pop cantando a duo con Kate Pierson, prestada al efecto desde la banda The B-52's.
Temazos que los quisiste solo para vos. Sola, y no porque te faltaran ofrecimientos de compañía. Pero nada cuajó. Con Marcelo, que te llevó en el Renault 12, te peleaste porque no te entiende. El flaco no te tiene paciencia, se lo dijiste a todas, Daniela y Mirta incluidas, en la usual reunión de amigas en el baño de mujeres. Luciano te quiso sacar a bailar porque te tiene puesto el ojo desde hace rato. Pero no te termina de convencer. Muy formal, demasiado caballero para lo que tenés rondándote por la cabeza. Aparte no te gustan los tipos con el pelo más largo que vos. Le das salida, con la mejor excusa que podés inventar. Víctor, el siguiente, te entusiasma, pero quiere que la cosa vaya rápido, fluya y a vos eso no te va. Si alguien quiere estar con vos, que la reme. Por algo valés lo que pensás que vales, conforme a tu propia escala de autoestima.
Es que la vida, a fin de cuentas, es como el Lemon pie. Crocante por una parte, pegajoso por la otra. También, ácido, dulce y empalagoso. Sucesivamente o todo a la vez. Lo filosofas de ese modo, mientras te bajás el segundo fernet con cola.
Quizás por eso, lo hagas como lo hagas, te digan lo que te digan sobre lo que les parece tu Lemon pie a quienes se lo comen, nunca has quedado conforme con como lo cocinás. Como tampoco te conforma esa noche, en el boliche, ninguno de los prospectos masculinos disponibles.
Al final, promediando la madrugada, salís a la Yrigoyen embolada, preguntándote qué es lo que les pasa a los tipos. Diciéndote, para adentro, que no hay uno como la gente. Que, al final, es tal cual como dicen, son todos iguales.
Tratás de llevar el paso, por los tragos que te has echado encima. No la tenés mi clara lo que pasó después. Como llegaste a lo que llegaste. A encontrarlo por el camino. Un adonis a la medida de tus deseos y necesidades. El Lemon pie perfecto, con forma de tipo. De cierta facha, pero no un carilindo. Un poco más alto que vos, pero no demasiado. Ponerse en puntas de pie para besar no es negocio y vos ya sos medio bajita. Con ojos lindos, no azules, sino mejor todavía, verdes. Pelo corto, pero con jopo. Que fuera atento y afectuoso, pero sin asfixiar. Que no te quiera dirigir la vida pero esté ahí cuando lo necesitas.
En suma, te cruzaste, en el momento más inesperado, con quien era tu hombre ideal. Un perfecto Lemon pie. Y con ese, no sabés como, te fuiste a tu casa esa noche.  
Claro que era demasiado bueno para durar y a la mañana siguiente, pasado el mediodía cuando te despertás, con la cabeza con un bombo, ácido en la garganta y fuego en las tripas, no lo ubicas por ningún lado. Tratás de espabilarte, observando esa cama desarreglada donde parece que estuvieron dos. 
Tardas en comprender. Pero, finalmente, le sacás la ficha a la situación. Era algo destinado a pasar. Se trataba de emociones que llevaban la muerte en su naturaleza. Por ambicionarlo todo. El dolor por la pérdida no es enteramente dolor. Se trata de la angustia de tus fracasos, de los errores de mujer que cometiste antes de meterte con él y los que tendrás después. Porque sos, con ellos, a la hora de elegirlos, tan estricta como con vos misma en tu vida diaria. Como cuando tratás de cocinar un Lemon pie.
Buscás, seguís yendo y viniendo por tu casa y no lo hallás en ninguna parte. Era como si hubiera desparecido para ser uno más de sus recuerdos. Una gota de lluvia que se escurre, se evapora, se la traga una tierra de sentimientos sedienta, por demás, de ella.
Con todas las culpas por lo que has hecho, por cómo te ilusionaste con nada, por la forma que te vendiste un buzón a vos misma,  no terminas de arrepentirte de aquello que hiciste. Él era solo una mezcla de lo que sos y de lo que querés sentír. Tan fría como actuás frente a todos y tan sentimental como no te conoce nadie.
Acabás por aceptar lo que pasó realmente, lo que obligadamente tiene que ocurrir, cuando elegís intimar con un sueño, con un hombre que no existe en la realidad. Algo que te inventaste a vos misma. Quizás, tal como el Lemon pie perfecto, pertenezca solo al reino de lo irreal.
Por eso él está, a pesar de no existir, con esa persistencia, desafiando toda lógica y toda racionalidad, tan presente en todos tus sueños y tan ausente de tu vida real. Tal como tu obstinación por llegar a hacer, alguna vez, un Lemon pie que te conforme.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

#InspiradosEnCasa 2da Edición - Daniela Kaplan - 10 de Abril 2020

#InspiradosEnCasa Tema: Una Copa Vacía Escribe: Daniela Kaplan Pinta: Carlos Vidal Aguirrebengoa UNA COPA VACÍA Estaba desesperado del ...