lunes, 20 de abril de 2020

#InspiradosEnCasa 2da Edicion - Marcelo López - !0 Abril de 2020


#InspiradosEnCasa
Tema:  La Copa Vacía
Escribe: Marcelo López
Pinta: Laura Castro

Una Copa Vacía
Hace mil años parece ahora, aunque por otro lado, en otros momentos, me parece que fue ayer.  Me pasa seguido eso de recordar eventos, vivencias, cosas que hice y sentirlas tan próximas que después, cuando tomo una distancia de ellas, de ese recuerdo, me doy cuenta de que sucedieron hace 20 o 30 años. No sé qué será eso… no sé cuál será el “fenómeno”. Pienso. ¿Quizás la atemporalidad sea una condición mental? ¿Quizás me quede “anclado” en alguna época de mi vida, me queda atado a un lugar especial? ¿O a lo mejor es como me siento… mucho más joven de lo que soy? En eso recuerdo a mi abuelo que me decía (cuando tenía más de 80) “A veces pienso la edad que tengo y no lo puedo creer”. Bueno, estamos en la misma.
Hace mil años o treinta, subimos la escalera del ACV siempre en sombras, llegamos al ingreso, a la izquierda la sala de Casin (llena de gente grande y humo de cigarrillo. Son los 80) Fuimos a la izquierda al restaurante que hacía de salón de reuniones a veces cuando la gente era mucha.  Ahí los vidrios que daban a la calle Lavallleja la mostraban en su eterna subida y los vidrios del otro lado te daban el reflejo del agua de la pileta. Veníamos de darle la vuelta a la ciudad en esa mañana de domingo, a mil, en el R 12 de Diego, el blanco,  tratando de hacer buenos tiempos mientras respondíamos preguntas entre un puesto y otro. En épocas de libros, enciclopedias y conocimiento propio. Siempre me gustaron esos desafíos al conocimiento, ¿será porque me tengo fe en ese terreno? Seguramente, pero también porque soy un curioso por naturaleza. Bueno la cuestión es que llegamos al salón y ya estaban casi todos los equipos que habían competido ese día. A algunos los conocíamos de otras carreras y a otros simplemente los ignorábamos, manteniendo cierto recelo y porque nunca nos sentimos amigos de nuestros rivales.  Esa carrera puntualmente había sido jodida, creo que llegamos tuvimos que ir hasta el Parque Sarmiento buscando una pista, con dudas del lugar y con dudas de que buscar, y después nos tuvimos que volver hasta la cancha de Instituto.  Íbamos en esa carrera con Diego al volante, Augusto y Fernando. Los cuatro nos tuvimos que levantar ese domingo pensando en acertijos y datos de historia y matemáticas.  Eran épocas donde no había internet así que todo tenía cierta pureza. Es como si estuviéramos evocando un duelo de caballeros que espalda con espalda a la voz de “ya” caminan sus pasos, giran y disparan. Hoy internet, google y los datos, serian como introducir un lanzamisiles en ese duelo de antaño. No queda nada de la competencia mano a mano, cerebro a cerebro.
Nos acercamos a la mesa de control, entregamos nuestros papeles y nos fuimos a una esquina a tomar una coca mientras esperábamos los resultados.  Del otro lado de los vidrios que daban a la pileta ya había gente bañándose. Me pareció verlo a José María (¿Estaría la hermana?), paso Gastón y también Manuel. No me vieron, los vidrios del otro lado son como un espejo, espejo que a la siesta puede dejarte ciego.
Nos tenemos fe. Sabemos que hicimos bien casi todas las preguntas, estamos un poquito más flojos en los tiempos, la ida al Parque Sarmiento, como ya dije, empezó con dudas y ahí nos demoramos un poco.  Nos quedamos parados en la Velez Sarsfield, apenas pasando la Facultad de Arquitectura, y cuando vimos pasar el R18 rojo del equipo de los Cravero ahí dejamos de tener dudas y le metimos al acelerador nosotros también. Pero claro, ya íbamos un poquito atrás. Igual siempre estaba la posibilidad de que los otros llegaran antes pero fueran más lentos en las respuestas.
Se acabó la coca justo en el momento que llamaron para dar las posiciones , Nos acercamos despacio y quedamos un poco atrás de todos.  Empezaron a leer de atrás para adelante. En esos momentos esperas que no te nombren nunca.  “La Maquina Loca  – 200 puntos, Santos De Votos 397 puntos…” y asi siguió el listado, con los nombres de fantasia de los equipos, hasta llegar al momento de marcar y anunciar los tres del podio.  Ya estábamos sonriendo, estábamos entre los tres primeros y seguíamos con mucha esperanza de ser los primeros. Batacazo sería. Casi debut, llevábamos 3 o 4 carreras nomas, y podio.
El flaco Ariente siguió leyendo.  “Los Sabios del bajo – 655 puntos”, esos eran los terceros, ahora iba a anunciar los segundos lo cual significaba que estábamos al 50% de ganar esa carrera. EL otro equipo, “La enciclopedia al volante” el equipo de los Cravero era el otro posible ganador. Lo mire al gordo Cravero, el me miro también. No le sonreí. No era parte del código permitido.  Ariente levanto el papel e intento hacerse el gracioso con algo asi como los segundos serán los primeros y una boludez semejante.  “La enciclopedia al volante”, dijo. Eso significo automáticamente que explotaramos de alegría, habíamos ganado. No esperamos que dijera el nombre de nuestro equipo, no hacia falta que nos nombrara, fuimos en avalancha hacia adelante empujando a todos para llegar a buscar el premio, pero mientras íbamos llegando el flaco lo dijo igual “… el ganador de esta carrera es… La Carroza Blanca”.  Llegamos adelante, lo abrazamos al flaco y a los otros organizadores. Paulita, Sabala y el petizo Nani. Fernando agarro el premio asi de una sin esperar que nos entregaran nada. Ariente intento detenerlo para no perder la formalidad pero Diego le tomo los brazos y lo dio vuelta como para que quedara mirando a otro lado. EN eso veo de reojo que algo a la derecha se mueve rápido. Miro y es el mas grande de los Cravero que se lanza como en una de Bruce Lee para intentar pegarme, al grito de “!nos siguieron, nos siguieron!”. Hago un paso para atrás mirándolo sin poder creerlo y le digo a todos como si le dijera a uno solo “ ¿de que habla este idiota?” Ahí es cuando veo que a Augusto le sacuden una cachetada desde atrás. La mujer de Cravero chico. Se da vuelta sorprendido y le cae de atrás el mas grande de los Cravero, que al no poder pegarme paso de largo.  Se abre un poco el grupo de los demás participantes y lo veo a Fernando revolear el trofeo para sacudírselo en la cabeza a Cravero chico. “!Noooooo!” grito desesperado. La vez que ganamos y el trofeo va a quedar hecho pedazos. Diego nada, ahí parado no puede creerlo. EL flaco Ariente se escandaliza y empieza a tratar de detener ese desastre. Busca una silla del restaurante y se para arriba a los gritos. Ahora si siente que alguien me pega con algo en la espalda, me doy vueltas y es Cravero chico, de nuevo, le pego, no me queda otra. Ahora todo se convirtió en un caos. El petizo Nani, ya está peleando con uno de un equipo que ni conozco, no tienen por qué pegarse, pero el enano le pega. Jodido ese petizo me habían dicho antes. EL flaco Ariente implora desde la silla. Diego lo mira, me mira mientras  le pego de nuevo a Cravero chico y como si fuera una travesura le patea la silla. Ariente cae al suelo de una, pega en el piso y rebota. Instantaneamente se le vienen encima a Diego, Sabala y Paulita, a proteger a su compañero de equipo.  Una patada en la canilla de Sabala lo deja inmóvil pero a Paulita le perdona la vida y la mina avanza hasta pegarle con el trofeo del tercer puesto en el pecho. Diego cae al piso. A un costado Augusto se defiende como puede de la mujer de Cravero Grande y del mismo Cravero Grande que esta endiablado y sigue gritando que lo seguimos.  Me retiro unos pasos en medio del caos, como si estuvira en el ojo del huracán y nada pasara en mi alrededor. Me acerco a la barra del bar buscando un espacio. Lo veo a Fernado que sigue revoleando el trofeo, del que ya solo quedan plásticos y pedazos de lata sin forma, el ultimo mandoble le da a Ariente (pobre flaco lo que cobro…) en la boca. Me apoyo en la barra como si fueran las cuerdas y lo veo venir a Cravero grande corriendo hacia mi. Me doy vuelta y veo una copa vacia, de esas grandes, enormes. La agarro de la base y cuando el gordo viene gritando “nos siguieron, nos siguieron” se le pego en la frente al grito de “!Si pelotudo, si… te seguimos y no esta prohibido!!!”. Cravero grande cae al piso, todos me miran. Fernando se me acerca. “Me parece que te fuiste a la mierda”, me dice.  Diego y Augusto se suman y estamos los cuatros contra la barra. Miramos la salida y sin decirnos nada empezamos a correr. Bajamos las escaleras a mil, llegamos a la vereda y nos vamos para el Boulevard Las Heras, atrás el resto de los competidores corriéndonos.  Cuando vamos llegando a la esquina, me paro en seco y buscando a Cravero Grande entre la multitud que nos persigue le grito haciéndole burla “Nos siguen… nos siguen”.  Me doy vuelta y corro. Los otros ya giraron la esquina y se perdieron por el rio.

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